SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
31Los
judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los
cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a
Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. 32Fueron
los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían
crucificado con él; 33pero al llegar a Jesús, viendo que ya había
muerto, no le quebraron las piernas, 34sino que uno de los soldados,
con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El tema de esta escena se centra en cómo las autoridades siguen preocupados
por la pureza legal.
La expresión los cuerpos indica
la solidaridad de Jesús con los que están crucificados con él. El cuerpo de
Jesús, que lo iguala a los hombres, es el santuario de Dios. Se creía que los
cuerpos ejecutados, si no recibían sepultura, profanaban el sábado o la fiesta.
Por eso van los dirigentes a Pilato con peticiones concretas para acelerar su
muerte, que les quiebren las piernas y
los quiten de la cruz.
El evangelista nos narra tres detalles, expresión del mensaje que quiere transmitir:
·
Lanza. Como antes el vinagre, representa el odio. La acción del soldado era
innecesaria, pero la hostilidad sigue. Del odio va a brotar sangre y agua.
·
Brota sangre. Símbolo de la muerte de Jesús, de la
manifestación de su amor hasta el fin. De su costado fluye el amor, la vida.
·
Brota agua. Representa al Espíritu, el principio de vida
que Jesús comunica a la humanidad.
35El
que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad,
para que también vosotros creáis. 36Esto ocurrió para que se
cumpliera la Escritura: No le quebrarán un hueso (Ex 12,46); 37y en otro lugar la Escritura dice:
Mirarán al que traspasaron (Zac 12,10).
El testimonio que da el evangelista es el más solemne del Evangelio. Por
primera vez se dirige a sus lectores. La experiencia del amor de Jesús es el
fundamento de la fe.
Jesús, en la cruz, es la gran señal en la que convergen todas las que se
han narrado en el evangelio. Es una señal paradójica: un hombre condenado y
asesinado en una cruz muestra la realidad de Dios y el amor del Padre por su Hijo
y por la humanidad.
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