lunes, 3 de agosto de 2015

SEMANA XVIII
MIÉRCOLES

Mateo 15, 21-28

TEXTO
21Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22Entonces una mujer cananea, saliendo de  uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. 23El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. 24El les contestó: Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. 25Ella se acercó y se postró ante él diciendo: Señor, ayúdame. 26Él le contestó: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. 27Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.28Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

COMENTARIO
El texto queda perfectamente enmarcado por la mención de la mujer y la hija al principio y al final y en el centro tiene lugar un diálogo entre ambos que dibuja perfectamente el proceso de la cananea:

·         Saliendo (corriendo, desosiego) gritando, diciendo una ideología falsa: Señor, Hijo de David = el enviado solo para Israel, el Mesías exclusivo, solo compasivo con determinado pueblo. Jesús ante estos presupuestos no responde ni palabra. “Yo no soy ese.
Este espectáculo tan molesto hace intervenir a los discípulos: ven la necesidad de la mujer, saben del poder de Jesús, quieren acabar con una situación que les resulta muy violenta, es decir, por un montón de circunstancias, aunque son contrarios a la universalización y apertura, han acabado saliendo fuera con su seguimiento de Jesús y ahora acaban pidiendo su intervención, lo cual equivale a reconocer que el Mesías no es solo para Israel.

Jesús les contesta con sus presupuestos, con su manera tradicional de pensar, para que se den cuenta que con esa mentalidad no se pude caminar por el mundo, pues uno no puede ir por la vida con gritos constantes de cananea y siendo insensibles a las necesidades de los demás, sean o no sean del pueblo.

A la intervención de los discípulos que implica una apertura, Jesús les contesta con su teoría de siempre sobre el Mesías exclusivo. Todo queda ahí como un paréntesis; es la única aparición de los discípulos, ya tienen materia para meditar entre sus teorías exclusivistas, la doctrina que ha dado Jesús  anteriormente y lo que ellos se encuentra en la práctica de la vida por los caminos de Tiro y Sidón. Los discípulos también están en el proceso de purificación de su fe como la cananea.

·         Con este inciso, la cananea ha tenido tiempo para alcanzar a Jesús. Al Mesías se le alcanza cuando sus discípulos se vuelven inmediatamente aperturistas, cuando amplían un poco el horizonte, cuando sacan a Dios de las estrechas casillas donde le habían metido.
La mujer percibe el cambio, empieza a intuir que tiene derecho. Este cambio se manifiesta de muchos modos:
o   se postra ante él: ya no va detrás, comprende que todos para Dios estamos  a la misma altura, todos tenemos acceso directo y personal;
o   Ya no grita, habla. Ha comprendido que Dios escucha a todos, no hace falta elevar la voz, solo hay que cambiar la mentalidad que tenía de Dios;
o   Le dice señor de todos, suprime el calificativo exclusivista: Hijo de David.
o   socórreme: no dice que su hija está endemoniada, la ha sustituido por sí misma, la hija es ella misma, su carne y su sangre.
Socórreme es igual a ayúdame a liberarme de esta idea endemoniada de que Dios es el Dios de Israel. Cúrame de esto. Y por eso apenas la madre se cura, apenas la madre evoluciona en este aspecto, la hija se cura también. Apenas la representante del paganismo se cura, se cura el paganismo, su hija.
Jesús no solo sale para curar a sus discípulos del falso mesianismo, sino también para curar a los gentiles y que lleguen a ser discípulos.
Esta mujer siempre le llama señor título que los discípulos le dan a Jesús;  es y quiere ser una aspirante a discípulo. Después de su proceso y purificación de su fe, Jesús acaba llamándola mujer, calificativo que da el esposo, es decir, eres una auténtica discípula, estás desposada conmigo. La frontera para ser discípulo o no lo pone la raza, ser judío o gentil, sino la fe auténtica, universal.

Jesús le responde, pero de un modo brusco, para forzar a que ese proceso de fe que ella ha iniciado, dé el salto definitivo. Le contesta como les acaba de contestar a sus discípulos, no son sus propias palabras, sino las de la tradición judía. Si, te has abierto como los discípulos hace un poco, pero enfrento tu apertura a las ideas de siempre, a ver como evolucionas (Ella va a resolver su dilema, su noche oscura, y va a ser modelo de lo que deberían hacer los discípulos)

·         También los perros comen las migas que caen de la mesa, es decir, tengo el mismo derecho a participar del mismo pan y a la vez. Jesús le responde con el mejor piropo: grande es tu fe, tienes todo el derecho del mundo a participar con la máxima dignidad, eres auténticamente discípula/hija/esposa (mujer). Y superada la noche oscura de la prueba dura de la fe (v. 26) vienen la luz, la salvación, ser auténticamente discípulo.

A los discípulos los hemos dejado en el v. 24 meditando todo lo que sucede, viendo el ejemplo de esta mujer y debatiéndose con sus teorías de siempre ¿sabrán seguir los pasos de la cananea?

Este texto es uno de esos textos que leído en sentido literal e independientemente desligado del contexto catequético de Mt resulta difícilmente comprensible, pero cuando se desentraña mínimamente tiene una riqueza muy grande, y dice lo contrario de lo que aparentemente quiere decir: las respuestas chocantes de Jesús a los discípulos (v. 24) y a la cananea (v. 26) no expresan la mentalidad de Jesús sino la mentalidad de sus interlocutores. Están puestas en boca de Jesús para indicar el dilema interno que se da en una persona cuando por un lado quiere universalizar-se, pasar a la otra orilla y, por otro, sigue resonando en su mente las teorías tradicionales de siempre.
Que el texto narra una evolución de la mujer en sus obras y palabras es incuestionable, así como la presentación de Jesús provocando una evolución que va desde el no contestar ni palabra hasta  declararse esposo,  “mujer”, merced a la fe grande de la cananea.

Los discípulos, ¿serán capaces de admitir y digerir la teoría contraria al exclusivismo (15,1-20); la practica experimentada en este relato en el que el Mesías que ellos creen exclusivista se declara esposo de los paganos? La cananea se ha des-endemoniado, ¿serán capaces ellos de hacer lo mismo con esa mentalidad que les endemonia?

(Los demonios en los evangelios no son físicos, sino las mentalidades que uno debe cambiar ayudado y secundado por Dios, pero uno mismo. No es Dios propiamente el que hace los milagros, Dios es el que secunda un proceso para que el milagro lo realice el ser humano).

Lo que estorba la fe tanto a los paganos como a los discípulos es la creencia de que Dios hace distinciones entre pueblo y pueblo, entre hombre y hombre, entre cristiano y otros, y que uno tiene más derecho que otros.
En el fondo todo es una enseñanza práctica para aquellos discípulos y para nosotros, receptores de esta catequesis de Mt para que descubramos como es Dios, como actúa Dios y como quiere que seamos nosotros de mente y obras universales, abiertos y sin prejuicios.

En la medida  que el texto ha sido interpretado literalmente, los comentaristas se ha fijado sobre todo en:
·         La iglesia antigua y los exegetas católicos después de la reforma protestante, sobre todo, en la humildad de la mujer y en el poder intercesor de los santos a ejemplo de los discípulos.
·         Los protestantes se han centrado en la fe inquebrantable de la mujer que es lo único que salva. No hablan del poder intercesor de los santos, pues traducen el verbo “apoluson” como lo que realmente significa: échalos, despídelos. Aquí no se habla para nada de intercesión.

Ambos tienen razón en la humildad y la fe, pero quedarse en eso es empobrecer muchísimo un texto infinitamente más rico.

Respecto a la intercesión ni unos ni otros se fijan en lo auténticamente esencial del texto. Lo esencial no es la humildad, ni la fe; lo esencial es la necesidad de salir corriendo a otro territorio, de cruzar a la otra orilla, de no encerrar a Dios en las estrechas tradiciones mezquinas y exclusivas en las que lo solemos encerrar.   



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