JUEVES
20No
solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de
ellos, 21para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado. 22Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean
uno, como nosotros somos uno; 23yo en ellos, y tú en mí, para que
sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que
los has amado a ellos como me has amado a mí. 24Padre, este es mi
deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi
gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. 25Padre
justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido
que tú me enviaste.26Les he dado a conocer y les daré a conocer tu
nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos.
COMENTARIO
20No
solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de
ellos, 21para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado.
Jesús ensancha el
horizonte de su comunidad a épocas sucesivas. Está seguro de que su
obra continuará. El mensaje del Padre (6.7) y el de Jesús (14,23), lo es también de los discípulos, por la palabra de ellos. Es decir, el mensaje no ha de
ser para ellos una doctrina aprendida ni han de proponerlo como por encargo de
otro; ha de comunicarse como experiencia y convicción propias. Al ser difundido
por los discípulos, ha de producir la adhesión a Jesús, punto de referencia
para todos los tiempos.
La petición de Jesús para
su comunidad de toda época es la unidad,
expresión y prueba del amor, presencia de la gloria. El modelo de esta unidad,
que la eleva a la calidad de ideal, es la que existe entre el Padre y Jesús,
basada en la comunidad de Espíritu, en el mutuo amor. Jesús señala de nuevo el
distintivo de su comunidad y la novedad que representa en medio del mundo.
La unión entre los
miembros de la comunidad es condición para la unión con el Padre y Jesús. Sólo
el verdadero amor permite el contacto con ellos, cuyo ser es el amor fiel. Se establece así la comunidad de los hombres con Dios que también sean
uno en nosotros.
La
prueba de su misión es la unión de amor entre los discípulos, al modo de Jesús,
no una doctrina o una ideología.
22Yo
les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos
uno; 23yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de
modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como
me has amado a mí.
La gloria/amor del Padre
(el Espíritu) que Jesús ha recibido constituye al Hijo uno con el Padre. La
comunicación de esa gloria a los discípulos produce su unión con Jesús, a través
del cual obtienen la unión con el Padre. La comunidad es así el
nuevo santuario, donde brilla la gloria-amor de Dios.
De esa unidad, fruto del
amor incondicional, dependen dos hechos:
·
El
primero, que atañe a los individuos y a la comunidad, es la realización del
proyecto divino en ellos, es decir, su desarrollo hacia la plenitud.
·
El
segundo, que se refiere a la misión, es la fe de la humanidad en la misión
divina de Jesús. La unidad de los discípulos se manifiesta en la comunión de
ideales, en la amistad y en la dedicación a un proyecto común.
Este es el testimonio
válido ante los hombres, el único argumento capaz de convencerlos. Lo antes
dicho sobre la gloria lo expresa ahora
Jesús en términos de amor, mostrando
la equivalencia de ambas realidades. En efecto, la gloria que el Padre le ha
dado y que él da a sus discípulos es la demostración del amor del Padre a él y
a ellos.
24Padre,
este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y
contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación
del mundo. 25Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he
conocido, y estos han conocido que tú me enviaste.26Les he dado a
conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en
ellos, y yo en ellos.
Estos versículos constituyen
la conclusión de la oración de Jesús.
El término deseo muestra la libertad del Hijo.
Expresa su designio, que es el mismo del Padre.
Estar con él/ que estén conmigo, indica la condición de hijos, correspondiente a la suya.
Este designio de Jesús
abarca tanto al grupo allí presente como a la comunidad del futuro.
Contemplar mi gloria equivale a experimentar su amor y
responder a él. Jesús recibió la plenitud de la gloria/amor porque el Padre lo
amaba antes que existiera el mundo. En él se ha hecho realidad el proyecto
creador, que el Padre había concebido como expresión total de su amor, y cuya
realización en
Jesús preveía desde el principio.
En sus últimas palabras
resume Jesús el contenido de su oración. Expone al Padre la diferencia entre el
mundo que lo rechaza y él y los suyos, para que el Padre justo los honre. Alude a su actividad pasada con los
discípulos, les he dado a conocer tu nombre, y afirma su propósito para
el futuro, y les daré: manifestar el
ser del Padre, dando vida. La cruz, ya cercana, será la revelación plena y
definitiva de la persona del Padre. En ella se manifestará todo el alcance de
su amor.
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