MARTES
Marcos 10,28-31
28Pedro
se puso a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
29Jesús dijo: En verdad os digo que quien deje casa, o hermanos o
hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio,
30recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y
hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura,
vida eterna. 31Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos
primeros.
COMENTARIO
28Pedro
se puso a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Pedro se
hace portavoz del grupo. No se conforma con el principio enunciado por Jesús.
Quiere saber qué les va a tocar a ellos. Atribuye al grupo dos méritos: haberlo dejado todo (Mc 1,18.20) y haber seguido siempre a Jesús. Esta
último mérito no responde del todo a la verdad. Los discípulos han acompañado a
Jesús materialmente, pero las actitudes del grupo están muy lejos de las de él
(Mc 8,32; 9,10.32.34; 10,13).
29Jesús dijo: En verdad os digo
que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras,
por mí y por el Evangelio, 30recibirá ahora, en este tiempo, cien
veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con
persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. 31Muchos primeros
serán últimos, y muchos últimos primeros.
La respuesta de Jesús no se
refiere en particular al grupo de discípulos (seguidores procedentes del
judaísmo), sino a cualquier seguidor que lo abandone todo para manifestar su
adhesión a él y dedicarse a la propagación del mensaje. En el Reino o sociedad
nueva no habrá miseria, sino afecto y abundancia para todos, pero sin
desigualdad ni dominio. Comparando las dos enumeraciones que hace Jesús, quien deje con recibirá, se advierte que en la segunda se omite la mención del
padre, figura de la autoridad. Como se trata de la etapa terrena del Reino,
todo eso se verificará en medio de la hostilidad de la sociedad, entre
persecuciones. Y esos seguidores,
por supuesto, heredarán la vida
futura/eterna. Y no precisamente por los méritos. La vida eterna no se gana, se hereda. Es decir, la disfrutamos por
ser hijos, por eso se hereda.
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