(comparto un texto/ejercicio por si vale de ayuda......)
Revisión
de conciencia.
Jesús resume su
enseñanza en la primera de las bienaventuranzas: "Bienaventurados (es decir, felices) vosotros los pobres: vuestro
es el reino de los cielos". Felices
vosotros que conocéis vuestro vacío y os dejáis a merced de la misericordia de
Dios. Lo opuesto se describe en el Evangelio de Lucas: "Pobres de vosotros, los ricos: estáis teniendo vuestra consolación
aquí". Rico no se refiere sólo a las posesiones materiales, sino más
bien a aquellas actitudes de la mente y el corazón que encuentran su seguridad
última en cualquier cosa que no sea Dios...
Al final
del día, especialmente antes de irse a dormir, la mente sin ningún esfuerzo por
nuestra parte, tiende a recrear algunos acontecimientos del día tan vivamente
que si ha habido algún acontecimiento muy particular se nos hace difícil poder
dormir. Podemos encontramos recreando una discusión, pensando en las cosas
inteligentes que podíamos haber dicho si hubiéramos sido más rápidos, etc. La
revisión de la conciencia está basada en esta tendencia natural de la mente.
Como
antes de empezar una oración, conviene pasar unos segundos recordándonos
a nosotros mismos lo que a continuación vamos a hacer, después le pediremos a
Dios que todo nuestro ser se oriente a alabarle y esté a su servicio.
Después de haber hecho oración, deja que tu
mente recorra los acontecimientos del
día, sin juzgarlos, sin aprobarlos ni rechazarlos, parándote y recreándote
sólo en aquellos momentos a los que le estás agradecido. Incluso los peores días
tienen algunos buenos momentos si nos tomamos la molestia de buscarlos.
Cuando
se intenta este ejercicio, generalmente nos sorprendemos del número y la
variedad de buenos momentos del día, que si de una manera deliberada no los
hubiéramos recordado, rápidamente se habrían olvidado, oscurecidos incluso por
cualquier experiencia dolorosa. Esta revisión diaria es un ejercicio de "alabanza, reverencia y servicio a Dios".
Después
de haber recordado los acontecimientos a los que estás agradecido, da gracias y
alaba a Dios por ellos. El siguiente
paso es volver a recordar tus sentimientos y estados de ánimo, señalando, si es
posible, quién los ocasionó, pero una vez más sin emitir ningún juicio.
Estáte con Cristo a medida que te vas haciendo consciente de ellos y pídele que te enseñe las actitudes que los subrayan.
Por tu parte, no intentes analizarlos: simplemente vuelve a vivir, en la presencia de Cristo, con los acontecimientos que los motivaron. Algunas veces esto puede ser muy doloroso, porque si contemplamos la escena y no emitimos ningún juicio, los hechos pueden empezar a juzgamos y veremos con claridad nuestras negativas a entender, escuchar, tener compasión y tratar al otro con amor. Veremos que los rechazamos porque en nuestro reino de valores ellos no nos han alabado, ni reverenciado ni han servido a nuestras ideas.
Estáte con Cristo a medida que te vas haciendo consciente de ellos y pídele que te enseñe las actitudes que los subrayan.
Por tu parte, no intentes analizarlos: simplemente vuelve a vivir, en la presencia de Cristo, con los acontecimientos que los motivaron. Algunas veces esto puede ser muy doloroso, porque si contemplamos la escena y no emitimos ningún juicio, los hechos pueden empezar a juzgamos y veremos con claridad nuestras negativas a entender, escuchar, tener compasión y tratar al otro con amor. Veremos que los rechazamos porque en nuestro reino de valores ellos no nos han alabado, ni reverenciado ni han servido a nuestras ideas.
Lo importante es no analizar nuestra experiencia, sino contemplarla en la presencia de Cristo y dejarle que nos enseñe cuál es su lugar en nosotros y dónde no le hemos dejado estar. Dale gracias por las veces que has dejado pasar "su gloria a través de nosotros" y pídele su perdón por aquellas otras veces que le has negado su entrada. El nunca deja de perdonar. Conoce nuestra debilidad mucho mejor que nosotros. Lo único que tenemos que hacer es mostrársela y él cambiará la debilidad en fortaleza.
Por último, mira
al día siguiente y pídele que esté contigo en cada momento.
Todo el
ejercicio no debe durar más de quince minutos, pero son quince minutos muy
valiosos; si los practicamos diariamente, llegaremos a ser cada vez más sensibles
a su acción en nuestras vidas, no sólo durante el tiempo que dura el ejercicio,
sino también en medio de nuestras actividades.
No esperemos
milagros en la primera semana, ni riqueza en el primer mes, pero sí esperemos
ver los efectos. Nos daremos cuenta de que nos está haciendo más capaces de
amar, experimentaremos una alegría que brotará de manera inesperada en
nosotros. Dejaremos de estar tan agitados y seremos más pacíficos, tendremos
menos prisa y estaremos más contentos de esperar, menos suspicaces y más
edificados, seremos capaces de interesamos por las personas que nos ponían
nerviosos, tendremos menos miedo a lo que los demás puedan pensar de nosotros y
seremos más libres para ser nosotros mismos.
ORACIÓN
Oh Dios, te doy gracias por este rato de oración
En el que soy consciente de tu presencia,
mientras te presento mis deseos,
mis esperanzas, mi gratitud,
mis dudas, mis fracasos...
Esta conciencia,
esta profunda certeza de tu Presencia es mi mayor bendición.
Mi vida estaría vacía si no la tuviera,
si te hubiera perdido en el laberinto de este mundo, sino me volviera
a ti,
de cuando en cuando,
para unirme a ti
y sentir la certeza de tu existencia y de tu amor.
Es bueno que estés conmigo en todas mis dificultades y tribulaciones,
y que yo tenga en Ti un amigo cuya ayuda es segura
y cuyo amor nunca me falla.
(De una plegaria judía)
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