sábado, 27 de junio de 2015

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(MAS MATERIALES EN MI LIBRO "CREYENTES Y DISCÍPULOS")


1.    TEXTO
Marcos 5,21-43

21Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. 22Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva. 24Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

25Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. 26Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. 27Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, 28pensando: Con solo tocarle el manto curaré. 29Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. 30Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: ¿Quién me ha tocado el manto? 31Los discípulos le contestaban: Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?". 32Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 33La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 34Él le dice: Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad.

35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? 36Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. 37No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos 39y después de entrar les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida. 40Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, 41la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: Contigo hablo, niña, levántate). 42La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. 43Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

2.    COMENTARIO
Jesús vuelve del país de los gerasenos, de la otra orilla. Ahora, se encuentra con una multitud procedente del judaísmo. Se le acerca el jefe de la sinagoga que lo busca desesperadamente.
Llama la atención que: 
-          un jefe de la sinagoga vaya al encuentro de Jesús cuando esta institución ha expulsado a Jesús (Marcos 3,2);
-          se llame Jairo, “luz de Dios”, y sea jefe de la sinagoga (administrador, sacristán). ¿Querrá decir esto que la sinagoga ya no es luz de Dios para el pueblo?; 
-          al ver a Jesús se echó a sus pies, gesto que implica un reconocimiento de la superioridad de Jesús.
-          El motivo es urgente, mi niña está en las últimas. Jairo no ha encontrado solución dentro del sistema legal y va a buscarla en Jesús. Además, ruega con insistencia tres cosas a Jesús:
o   Que toque a su hija. Aquello significaba la transmisión de una fuerza personal.
o   para que se salve. Que salga de esta situación previa a la muerte.
o   y viva. Se trata de que su hija se salve, salga de la muerte para entrar en la vida.
Aquí se interrumpe el relato sobre Jairo y Jesús. Aparece la mujer con flujos de sangre… Nosotros seguimos con el relato de Jairo.

Jesús no hace caso de las malas noticias de los emisarios de la muerte, tu hija ha muerto. Dirigiéndose a Jairo le dice que no tenga miedo y que continúe en su actitud de confianza. Es todo un proceso de fe. Jesús sólo deja que le acompañe Pedro, Santiago y Juan, que son los más reticentes a descubrir a Jesús como la Buena Noticia universal de Dios y la ruptura que implica con la vieja institución judía[1].
Llegan a la casa del duelo, del fracaso de la vida por la muerte definitiva, sin solución alguna. Jesús entra en la casa/institución y reprocha el alboroto, la desesperanza, es decir, la falta de fe. E inmediatamente les propone su alternativa, la niña no está muerta, está dormida. Jesús quita el carácter definitivo de la muerte. Lo antiguo tenía que morir.
Jesús fue donde estaba la niña. El término que aparece no es el que entendemos hoy por niña, aunque tenía 12 años, sino de “muchacha casadera”, apta para engendrar. Lo que se nos describe, de manera simbólica y figurada, son los desposorios de la Nueva Alianza: Jesús es el esposo y la muchacha la esposa.

Jesús, como le había pedido el padre se acerca a la muchacha/novia. La toca, la coge de la mano y le habla: Talitha qumi (que significa: Contigo hablo niña, levántate). Cuando Marcos pone en boca de Jesús palabras en arameo quiere decir que el personaje al que se refiere pertenece al pueblo judío. Es la Palabra de Jesús la que libera, la que da vida. La respuesta a la palabra es la fe. La muchacha/el pueblo se levanta, dando fe a las palabras de Jesús.

La reacción de los presentes fue llenos de estupor, fuera de sí. No podían imaginar la posibilidad de vida fuera de la institución o que Dios fuera así, capaz de hacer brotar vida de lo antiguo.
La nueva vida de la niña/pueblo no viene de los padres ni mucho menos de la sinagoga, sino de Jesús.

La mujer con hemorragias (vv.26-34)
Aparece una mujer sin nombre, representativa de todas las mujeres marginadas por la religión a causa de su impureza (concepto religioso).
-          Desde hacía doce años. Los mismos años que tenía la hija de Jairo. Es una alusión al Israel que margina a los impuros, impidiendo toda relación con Dios.
-          Esta enfermedad conlleva la prohibición de relaciones sexuales. La mujer/pueblo quedaba condenada a la esterilidad. El pueblo va perdiendo la vida sin posibilidades de futuro.
-          Ha luchado por salir de esta situación. Se lo ha gastado todo. Es manifiesto el fracaso de los médicos que son los que prometían la salvación, Solo se aprovechan de los necesitados.

Pero las noticias que le han llegado de Jesús le abren la esperanza de cambio. Cree que de Jesús sólo puede salir vida. Se acerca y le tocó el manto. En la simbología judía, el manto significa la persona misma. Ha de hacerlo por detrás. Según la ley, aquel que tocase a una persona impura, él mismo quedaba impuro. Ahora, tocar a Jesús una persona impura no va a ser fuente de impureza sino fuente de vida. Llama la atención la certeza de la mujer: con solo tocarle me salvaré. Es lo que después Jesús llamará tu fe.

La eficacia del gesto de la mujer es inmediata. El desentenderse de la ley y tocar a Jesús han sido uno. Se ha eliminado la causa de su mal, se secó la fuente. La fe en Jesús la ha liberado de la mentalidad que marginaba. Jesús también ha tenido su experiencia de sanación, que es preciso hacer pública. La fuerza que había salido de Él, es la fuerza de vida de Dios mismo, de su Espíritu comunicado a Jesús en su Bautismo que lo tiene en plenitud. 

La incomprensión de los discípulos es evidente. No distinguen entre acercarse a Jesús físicamente y creer en Él.
La mujer, asustada y temblorosa por lo que ha sucedido, teme la reacción de Jesús. Sigue en ella la categoría del miedo del judaísmo. Se echó a los pies, como Jairo, reconociendo a Jesús como fuente de vida, atributo solo de Dios y le confesó toda la verdad.



[1] De hecho, los sobrenombres que Jesús les ha dado nos explican bastante de su actitud: a Pedro le llama piedra por su obstinación, cabezonería; a Santiago y Juan, hijos del trueno, por la imagen del dios terrible de la tradición. Jesús quiere mostrar que seguirle a Él conlleva la ruptura con el pasado. No es posible la continuidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario