DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(MAS MATERIALES EN MI LIBRO "CREYENTES Y DISCÍPULOS")
1. TEXTO
Marcos 5,21-43
21Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le
reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. 22Se
acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus
pies, 23 rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas;
ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva. 24Se fue
con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe
de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al
maestro? 36Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de
la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. 37No permitió que lo
acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Llegan
a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se
lamentaban a gritos 39y después de entrar les dijo: ¿Qué estrépito y
qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida. 40Se
reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la
niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, 41la cogió de
la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: Contigo hablo, niña,
levántate). 42La niña se levantó inmediatamente y echó a andar;
tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. 43Les
insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
2. COMENTARIO
Jesús vuelve del país de los gerasenos, de la otra orilla. Ahora, se encuentra
con una multitud procedente del judaísmo. Se le acerca el jefe de la sinagoga
que lo busca desesperadamente.
Llama
la atención que:
-
un jefe de la
sinagoga
vaya al encuentro de Jesús cuando esta institución ha expulsado a Jesús (Marcos
3,2);
-
se
llame Jairo, “luz de Dios”, y sea
jefe de la sinagoga (administrador, sacristán). ¿Querrá decir esto que la
sinagoga ya no es luz de Dios para el pueblo?;
-
al
ver a Jesús se echó a sus pies, gesto
que implica un reconocimiento de la superioridad de Jesús.
-
El
motivo es urgente, mi niña está en las
últimas. Jairo no ha encontrado solución dentro del sistema legal y va a
buscarla en Jesús. Además, ruega con insistencia tres cosas a Jesús:
o
Que toque a su hija. Aquello significaba
la transmisión de una fuerza personal.
o
para
que se salve. Que salga de esta
situación previa a la muerte.
o
y viva. Se trata de que su
hija se salve, salga de la muerte
para entrar en la vida.
Aquí se interrumpe el relato sobre Jairo y
Jesús. Aparece la mujer con flujos de
sangre… Nosotros seguimos con el relato de Jairo.
Jesús
no hace caso de las malas noticias de los emisarios de la muerte, tu hija ha muerto. Dirigiéndose a Jairo
le dice que no tenga miedo y que
continúe en su actitud de confianza. Es todo un proceso de fe. Jesús sólo deja
que le acompañe Pedro, Santiago y Juan,
que son los más reticentes a descubrir a Jesús como la Buena Noticia universal
de Dios y la ruptura que implica con la vieja institución judía[1].
Llegan
a la casa del duelo, del fracaso de la vida por la muerte definitiva, sin
solución alguna. Jesús entra en la casa/institución y reprocha el alboroto, la
desesperanza, es decir, la falta de fe. E inmediatamente les propone su
alternativa, la niña no está muerta, está
dormida. Jesús quita el carácter definitivo de la muerte. Lo antiguo tenía
que morir.
Jesús fue donde
estaba la niña.
El término que aparece no es el que entendemos hoy por niña, aunque tenía 12
años, sino de “muchacha casadera”, apta para engendrar. Lo que se nos describe,
de manera simbólica y figurada, son los desposorios de la Nueva Alianza: Jesús
es el esposo y la muchacha la esposa.
Jesús,
como le había pedido el padre se acerca a la muchacha/novia. La toca, la coge
de la mano y le habla: Talitha qumi (que
significa: Contigo hablo niña, levántate). Cuando Marcos pone en boca de
Jesús palabras en arameo quiere decir que el personaje al que se refiere
pertenece al pueblo judío. Es la Palabra de Jesús la que libera, la que da
vida. La respuesta a la palabra es la fe. La muchacha/el pueblo se levanta,
dando fe a las palabras de Jesús.
La
reacción de los presentes fue llenos de
estupor, fuera de sí. No podían imaginar la posibilidad de vida fuera de la
institución o que Dios fuera así, capaz de hacer brotar vida de lo antiguo.
La nueva vida de la niña/pueblo no viene de
los padres ni mucho menos de la sinagoga, sino de Jesús.
La
mujer con hemorragias (vv.26-34)
Aparece
una mujer sin nombre, representativa
de todas las mujeres marginadas por la religión a causa de su impureza
(concepto religioso).
-
Desde
hacía doce años. Los mismos años que
tenía la hija de Jairo. Es una alusión al Israel que margina a los impuros,
impidiendo toda relación con Dios.
-
Esta
enfermedad conlleva la prohibición de relaciones sexuales. La mujer/pueblo
quedaba condenada a la esterilidad. El pueblo va perdiendo la vida sin
posibilidades de futuro.
-
Ha
luchado por salir de esta situación. Se lo ha gastado todo. Es manifiesto el
fracaso de los médicos que son los
que prometían la salvación, Solo se aprovechan de los necesitados.
Pero
las noticias que le han llegado de Jesús le abren la esperanza de cambio. Cree
que de Jesús sólo puede salir vida. Se acerca y le tocó el manto. En la simbología judía, el manto significa la
persona misma. Ha de hacerlo por detrás.
Según la ley, aquel que tocase a una persona impura, él mismo quedaba impuro.
Ahora, tocar a Jesús una persona impura no va a ser fuente de impureza sino
fuente de vida. Llama la atención la certeza de la mujer: con solo tocarle me salvaré. Es
lo que después Jesús llamará tu fe.
La
eficacia del gesto de la mujer es inmediata. El desentenderse de la ley y tocar
a Jesús han sido uno. Se ha eliminado la causa de su mal, se secó la fuente. La fe en Jesús la ha liberado de la mentalidad
que marginaba. Jesús también ha tenido su experiencia de sanación, que es
preciso hacer pública. La fuerza que
había salido de Él, es la fuerza de vida de Dios mismo, de su Espíritu
comunicado a Jesús en su Bautismo que lo tiene en plenitud.
La
incomprensión de los discípulos es
evidente. No distinguen entre acercarse a Jesús físicamente y creer en Él.
La
mujer, asustada y temblorosa por lo
que ha sucedido, teme la reacción de Jesús. Sigue en ella la categoría del
miedo del judaísmo. Se echó a los pies,
como Jairo, reconociendo a Jesús como fuente de vida, atributo solo de Dios y le confesó toda la verdad.
[1] De hecho, los
sobrenombres que Jesús les ha dado nos explican bastante de su actitud: a Pedro
le llama piedra por su obstinación,
cabezonería; a Santiago y Juan, hijos del
trueno, por la imagen del dios terrible de la tradición. Jesús quiere
mostrar que seguirle a Él conlleva la ruptura con el pasado. No es posible la
continuidad.
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