martes, 2 de junio de 2015

SEMANA IX
VIERNES

MIÉRCOLES: Marcos 12,18-27
18Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan: 19Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano". 20Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; 21el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; 22y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. 23Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella. 24Jesús les respondió: ¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? 25Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo. 26Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob"? 27No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

COMENTARIO
18Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan:
Al partido saduceo pertenecían dos grupos del Sanedrín o Consejo: los senadores (seglares) y los sumos sacerdotes. Desde el punto de vista político eran partidarios del orden establecido, en el que tenían un papel hegemónico, y colaboracionistas con los romanos, con los que mantenían un difícil equilibrio de poder. Rechazaban la llamada tradición oral, a la que los fariseos atribuían autoridad divina.  Eran abiertos res­pecto a la cultura helenística.
No veían en la Escritura la noción de una vida después de la muerte, SU horizonte era esta vida, y en ella procuraban mantener su posición de poder y de privilegio. Su pecado era el materialismo. Sus objetivos en la vida eran el dinero y el poder, anejos a la posición social que ocu­paban.

19Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano". 20Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; 21el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; 22y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. 23Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Se acercan a Jesús y lo llaman Maestro, pues van a pedirle que resuel­va un caso teórico que, sin duda, refleja una larga controversia con los fariseos. Ellos, los saduceos, sostienen que todo acaba con la muerte, y el caso que proponen demostraría lo absurdo de la creencia en la resurrec­ción, sostenida por los fariseos, quienes concebían la vida futura como una continuación de la vida mortal.
Mencionan la ley del levirato, instituida por Moisés, y, a continua­ción, proponen el caso, que haría ridícula la doctrina farisea.

24Jesús les respondió: ¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios?
La respuesta de Jesús es dura: los dirigentes del templo y de la nación están en el error, por dos razones:
-          porque ignoran la Escritura, lo que Dios ha dicho. 
-          y porque no conocen la fuerza de Dios, lo que Dios hace, el dador de vida. No tienen experiencia de la acción de Dios.
La denuncia es tremenda: las autoridades religiosas supremas, los que se llaman representantes de Dios, administran el tem­plo y ejercen el culto, no conocen a Dios ni en su palabra ni en su acción.

25Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.
Corrige Jesús la doctrina farisea en dos aspectos:
-          Precisa que el estado futuro del hombre no es una prolongación de su estado presente; no hay matrimonio ni procreación, porque la vida inmortal no se transmite por generación humana, se recibe directamente de Dios (ángeles son los hijos de Dios); ser como ánge­les indica el estado propio de los que están en la esfera divina, el cielo.
-          Habla sobre el "cuándo" de la resurrección: mientras los saduceos, ateniéndose a la doctrina farisea, hablaban de ella en futuro, en la resurrección, ¿de cuál de ellos va a ser mujer?, Jesús habla en presente, cuando resucitan, son como ángeles. La resurrección no es un acontecimiento lejano, es simplemente la vida que continúa después de la muer­te, y se está verificando ya desde ahora. Ahí está la fuerza de Dios que ellos no conocen.

26Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob"? 27No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

Va a mostrarles ahora que tampoco conocen la Escritura y, para pro­bar la vida después de la muerte, les cita una declaración de Dios mismo: Yo soy el Dios de Abrahan...  (Ex 3,6.15s). Cuando Dios habló a Moisés, los patriarcas seguían vivos o, en otras palabras, estaban ya resucitados. El Dios fiel no deja que perezcan los que él ha amado. El Dios de Jesús es el Dios de la vida, porque su fuerza es fuerza de vida. El dios del sistema es el dios de la muerte.

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