MARTES
13Le envían algunos de los fariseos y de los herodianos,
para cazarlo con una pregunta. 14Se acercaron y le dijeron: Maestro,
sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en
apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es
lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
15Adivinando su hipocresía, les replicó: ¿Por qué me
tentáis? Traedme un denario, que lo vea. 16Se lo trajeron. Y él les
preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del
César.
17Jesús les replicó: Dad al César lo que es del César y
a Dios lo que es de Dios. Y se quedaron admirados.
COMENTARIO
13Le envían algunos de los fariseos y de los herodianos,
para cazarlo con una pregunta.
Los dirigentes se sirven de un grupo compuesto por
-
fariseos, observantes de la Ley, son
antirromanos
- - partidarios de
Herodes, aceptan un tetrarca/rey aliado de Roma, son colaboracionistas.
Llevan el encargo de proponer a Jesús una pregunta
que, responda lo que responda, lo pondrá en una situación difícil. Aunque hace
tiempo que ambos grupos habían decidido acabar con Jesús (3,6), ahora simulan
un desacuerdo.
14Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres
veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino
que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto
al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Para preparar el terreno, empiezan adulando a Jesús.
No sólo lo llaman respetuosamente Maestro,
sino que alaban su independencia y su sinceridad, que expone fielmente el
camino de Dios sin dejarse intimidar por la posición social de las personas, no te
preocupa lo que digan. Pretenden que un maestro tan insigne y tan
valiente les dé una respuesta inequívoca que dirima el desacuerdo entre ambos
grupos.
Le proponen entonces una pregunta doble, comprometedora, presentada
como un deseo de fidelidad a la Ley divina:
-
1º. ¿Es conforme a la Ley el pago del tributo? ¿Está
permitido?
-
2º. Presentan un problema de conciencia que les
afecta personalmente: ¿pagamos o no pagamos? y sobre cuya solución no están de
acuerdo.
La cuestión gira, por tanto, en torno a la fidelidad a Dios, formulada
así en el primer mandamiento: El Señor
nuestro Dios es el único Señor (Dt 6,4).
Pagar el tributo significaba:
-
Reconocer como Señor al César. La pregunta que hacen
implica la siguiente: Los israelitas ¿no somos infieles a Dios si reconocemos
por señor al César pagándole el tributo?
-
Implicaba al mismo tiempo la renuncia a la propia
independencia y libertad nacional. Precisamente, cuando Roma nombró el primer
gobernador en Judea e impuso el tributo, se originó, en nombre de la fidelidad
a Dios, la rebelión armada de Judas Galileo (año 6 d.C.).
Si Jesús diera una respuesta afirmativa, de acatamiento al César, se
identificaba con la posición de los herodianos, se acarrearía el descrédito
ante el pueblo, contrario al régimen romano. Si la respuesta fuera negativa,
sería considerado como una declaración de rebeldía, ideología farisea y zelota,
sería detenido por la autoridad romana. De un modo o de otro, estaría acabado.
15Adivinando su hipocresía, les replicó: ¿Por qué me
tentáis? Traedme un denario, que lo vea.
Jesús sabe que el escrúpulo que fingen es una hipocresía: aparentan una fidelidad a Dios que no corresponde a
la realidad de su vida, pues los dirigentes que envían a estos emisarios son
explotadores del pueblo, que no han hecho caso del mensaje de Juan Bautista.
Los acusa de querer tentarlo
(Satanás tiene muchas formas y maneras de hacerse presente, y no con rabo
largo, tridente y cuernos). De hecho le están insinuando que, si quiere
conservar su prestigio ante el pueblo, tiene que dar una respuesta negativa,
dispuesto a acaudillar un movimiento antirromano e identificarse con el
movimiento fariseo.
Les pide un denario. Como la
moneda del tributo era la acuñada por el emperador pagano, no la llevan
consigo, pues sería incurrir en impureza, tienen que ir a buscarla a un
cambista.
16Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta
imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del César.
Jesús la examina y les pregunta. Ellos tienen que
admitir que tanto la imagen como la leyenda indican que la moneda pertenece al
César: el dominio político está basado en la dependencia económica. Aceptar el
dinero del César significa reconocer su soberanía.
17Jesús les replicó: Dad al César lo que es del César y
a Dios lo que es de Dios.
Respuesta de Jesús: ellos han hablado de pagar (v. 14), como si ese dinero fuese
suyo. Jesús los corrige y habla de devolver,
indicándoles que el dinero no es suyo, sino del César, lo que es del Cesar/el dinero, fuente del sistema, para el Cesar. Ellos, bajo pretexto de
fidelidad a Dios, dicen querer rechazar el dominio del César, pero quedándose
con su dinero. Pero, mientras usen ese dinero, símbolo e instrumento del poder
del César, estarán mostrando su sumisión a Roma; sólo renunciando a él dejarán
de reconocer al César como señor.
En cuanto a la fidelidad a Dios que decían preocuparles, si quieren
serle fieles de verdad tienen que devolverle el pueblo del que se han
apoderado, y lo que es de Dios,
¡devolvédselo a Dios!, y renunciar a
explotarlo en beneficio propio .
El objetivo de los dirigentes es su propia ambición:
-
Pretenden rebelarse contra el dominio del César
despojándolo de su dinero, se aprovechan del César, protestando de su dominio.
-
Yroban a Dios, alardeando de fidelidad a él, pero se
aprovechan del pueblo.
Y se quedaron admirados.
Sorpresa ante la respuesta. Jesús ha renovado la denuncia de infidelidad
a Dios que había hecho con la parábola anterior. Es una ilusión independizarse
del César si no hacen caso a Dios. Al fin y al cabo, lo que hacen los romanos
con la nación judía no es diferente de lo que hacen ellos, los dirigentes
judíos, con el pueblo. Pero por su amor al dinero siguen siendo infieles a Dios
y siguen sometidos al César.
El problema era la elección
que se debe hacer entre la lógica del amor y de la libertad y la lógica de la
servidumbre y del poder. Esa elección es la que en último término nos coloca de
parte de Jesús y nos saca de la situación del adversario o, peor aún, del
espectador indiferente.
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