martes, 2 de junio de 2015

SEMANA IX
MARTES

MARTES: Marcos 12,13-17
13Le envían algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta. 14Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
15Adivinando su hipocresía, les replicó: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea. 16Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del César.
17Jesús les replicó: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y se quedaron admirados.

COMENTARIO
13Le envían algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Los dirigentes se sirven de un grupo compuesto por 
-           fariseos, obser­vantes de la Ley, son antirromanos
-         -             partidarios de Herodes, aceptan un tetrarca/rey aliado de Roma, son colaboracionistas.
Llevan el encargo de proponer a Jesús una pregunta que, responda lo que responda, lo pondrá en una situación difícil. Aunque hace tiempo que ambos grupos habían decidido acabar con Jesús (3,6), ahora simulan un desacuerdo.

14Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Para preparar el terreno, empiezan adulando a Jesús. No sólo lo lla­man respetuosamente Maestro, sino que alaban su independencia y su sinceridad, que expone fielmente el camino de Dios sin dejarse intimidar por la posición social de las personas, no te preocupa lo que digan. Pre­tenden que un maestro tan insigne y tan valiente les dé una respuesta inequívoca que dirima el desacuerdo entre ambos grupos.
Le proponen entonces una pregunta doble, comprometedora, presentada como un deseo de fidelidad a la Ley divina:
-          1º. ¿Es conforme a la Ley el pago del tributo? ¿Está permi­tido?
-          2º. Presentan un problema de conciencia que les afecta personalmente: ¿pagamos o no pagamos? y sobre cuya solución no están de acuerdo.
La cuestión gira, por tanto, en torno a la fidelidad a Dios, formulada así en el primer mandamiento: El Señor nuestro Dios es el único Señor (Dt 6,4).
Pagar el tributo significaba:
-          Reconocer como Señor al César. La pregunta que hacen implica la siguiente: Los israelitas ¿no somos infieles a Dios si reconocemos por señor al César pagándole el tri­buto?
-          Implicaba al mismo tiempo la renuncia a la propia independencia y libertad nacional. Precisamente, cuando Roma nom­bró el primer gobernador en Judea e impuso el tributo, se originó, en nombre de la fidelidad a Dios, la rebelión armada de Judas Galileo (año 6 d.C.).
Si Jesús diera una respuesta afirmativa, de acatamiento al César, se identificaba con la posición de los herodianos, se acarrearía el descrédito ante el pueblo, contra­rio al régimen romano. Si la respuesta fuera negativa, sería considerado como una declaración de rebeldía, ideología farisea y zelota, sería detenido por la autoridad romana. De un modo o de otro, estaría acabado.

15Adivinando su hipocresía, les replicó: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.
Jesús sabe que el escrúpulo que fingen es una hipocresía: aparentan una fidelidad a Dios que no corresponde a la realidad de su vida, pues los dirigentes que envían a estos emisarios son explotadores del pueblo, que no han hecho caso del mensaje de Juan Bautista.
Los acusa de querer tentarlo (Satanás tiene muchas formas y maneras de hacerse presente, y no con rabo largo, tridente y cuernos). De hecho le están insinuando que, si quiere conservar su prestigio ante el pueblo, tiene que dar una respuesta negativa, dispuesto a acaudillar un movimiento antirro­mano e identificarse con el movimiento fariseo.
Les pide un denario. Como la moneda del tributo era la acuñada por el emperador pagano, no la llevan consigo, pues sería incurrir en impureza, tienen que ir a buscarla a un cambista.

16Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del César.
Jesús la examina y les pregunta. Ellos tienen que admitir que tanto la imagen como la leyenda indican que la moneda pertenece al César: el dominio político está basado en la dependencia económica. Aceptar el dinero del César significa reconocer su soberanía.

17Jesús les replicó: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Respuesta de Jesús: ellos han hablado de pagar (v. 14), como si ese dinero fuese suyo. Jesús los corrige y habla de devolver, indicándoles que el dinero no es suyo, sino del César, lo que es del Cesar/el dinero, fuente del sistema, para el Cesar. Ellos, bajo pretexto de fidelidad a Dios, dicen querer recha­zar el dominio del César, pero quedándose con su dinero. Pero, mientras usen ese dinero, símbolo e instrumento del poder del César, estarán mostrando su sumisión a Roma; sólo renunciando a él dejarán de reco­nocer al César como señor.
En cuanto a la fidelidad a Dios que decían preocuparles, si quieren serle fieles de verdad tienen que devolverle el pueblo del que se han apoderado, y lo que es de Dios, ¡devolvédselo a Dios!,  y renunciar a explo­tarlo en beneficio propio .

El objetivo de los dirigentes es su propia ambición:
-          Pretenden rebelarse contra el dominio del César despojándolo de su dinero, se aprovechan del César, protestando de su dominio.
-          Yroban a Dios, alardeando de fidelidad a él, pero se aprovechan del pueblo.

Y se quedaron admirados.
Sorpresa ante la respuesta. Jesús ha renovado la denuncia de infideli­dad a Dios que había hecho con la parábola anterior. Es una ilusión independizarse del César si no hacen caso a Dios. Al fin y al cabo, lo que hacen los romanos con la nación judía no es diferente de lo que hacen ellos, los dirigentes judíos, con el pueblo. Pero por su amor al dinero siguen siendo infieles a Dios y siguen sometidos al César.


El problema era la elección que se debe hacer entre la lógica del amor y de la libertad y la lógica de la servidumbre y del poder. Esa elección es la que en último término nos coloca de parte de Jesús y nos saca de la situación del adversario o, peor aún, del espectador indiferente.  

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