domingo, 24 de mayo de 2015

SEMANA VIII TIEMPO ORDINARIO
SÁBADO

Marcos 11,27-33

27Volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28y le decían: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?
29Jesús les replicó: Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. 30El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme.
31Se pusieron a deliberar: Si decimos que es del cielo, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?". ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres? (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta). 32Y respondieron a Jesús: No sabemos.
Jesús les replicó: Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

COMENTARIO
La expulsión de los mercaderes del Templo se convierte en un desafío directo para las autoridades del mismo Templo de Jerusalén. Aunque los jefes conocían las tradiciones proféticas que hacían del Templo una casa de oración abierta a todas las naciones, sin embargo, para ellos eran más importantes los controles y limitaciones que les daban poder.

27Volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28y le decían: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?
Jesús y sus discípulos vuelven a Jerusalén desde Betania, donde se prevén reacciones a la denuncia del templo hecha el día antes por Jesús. Aunque los dirigentes traman su muerte, Jesús se pasea solo por el templo, sin que se mencionen sus discípulos. Mientras que los dirigentes tienen miedo de él, él no lo tiene de ellos.
Se le acercan los tres grupos que componían el Sanedrín o Gran Con­sejo, exponentes de los tres poderes:
·         Religioso-político: los sumos sacerdotes, aristocracia sacerdotal.
·         Intelectual: los letrados, teólo­gos y juristas.
·         Económico: los senadores, aristocracia civil.
La presen­cia de los tres grupos, el Consejo en pleno, indica la gravedad de la situación.

28y le decían: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?
Le hacen dos preguntas:
·         La primera: quieren saber, ¿qué clase de autori­dad se atribuye Jesús para hacer lo que hace? A su entrada en Jerusalén Jesús ha sido aclamado como Mesías, y la expulsión de los mercaderes era fácil de interpretar como un gesto mesiánico.
·         La segunda: ¿quién se la ha dado?
Los dirigentes no consideran por un momento si la actuación de Jesús estaba justificada, si su denuncia correspondía a un abuso real. Pero, como representantes y custodios de la institución, afirman tener autoridad legítima, procedente en último término de Dios, y tienen dere­cho a saber de qué títulos ostenta que justifiquen su actuación. Intentan llevarlo al terreno jurídico.

29Jesús les replicó: Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. 30El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme.
Jesús quiere desenmascarar la mala voluntad de los dirigentes, que impide toda posibilidad de diálogo. Hace su pregunta, aunque prevé que no van a contestarla (contestádmela y os diré), porque cualquier res­puesta los comprometería. Los dirigentes quieren juzgar sobre la proce­dencia del mesianismo de Jesús, pero no pueden hacerlo sin definirse antes sobre la procedencia del bautismo de Juan, precursor de Jesús. Les pide una opinión sobre la actividad de Juan Bautista, que tampoco tenía credenciales jurídicas. La pregunta que les hace: ¿era cosa de Dios o cosa humana?, es la misma que puede hacerse sobre su pretensión mesiánica. Y está claro que ellos, los administradores de la «cueva de bandidos», no han hecho caso de la exhortación de Juan a la enmienda.

31Se pusieron a deliberar: Si decimos que es del cielo, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?". ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres? (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta).
Los dirigentes se muestran inseguros, ponderando los pros y los contras de cada alternativa. Querrían decir que el bautismo de Juan era cosa humana, pero no se atreven, tienen miedo al pueblo si contradicen una persuasión arraigada, que había sido un profeta. En cualquier caso ven amenazado su poder.

32Y respondieron a Jesús: No sabemos.
Jesús les replicó: Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.
Optan por no pronunciarse, mostrando su mala fe. Sus motivaciones nada tienen que ver con Dios, cuya invitación han rechazado en la perso­na de Juan: buscan conservar su poder y salvaguardar sus intereses. Para ello, lo más conveniente es mantener una postura ambigua que no los comprometa. Con ello, sin embargo, no podrán condenar el mesianismo de Jesús ni desautorizarlo. Tendrán que tolerar su enseñanza y, más tarde, prenderlo a traición.

Jesús no responde a la mala fe.

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