domingo, 24 de mayo de 2015

SEMANA VIII 
VIERNES

Marcos 11,11-26
11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.

12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. 13Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. 14Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie frutos de ti. Los discípulos lo oyeron.
15Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. 16Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. 17Y los instruía diciendo: ¿No está escrito: "Mi casa será casa de oración para todos los pueblos"? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos.

18Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.
19Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

20A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. 21Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. 22Jesús contestó: Tened fe en Dios. 23En verdad os digo que si uno dice a este monte: "Quítate y arrójate al mar", y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. 24Por eso os digo: "Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis. 25Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas".

COMENTARIO
11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.
Jerusalén, que incluía y dominaba la aldea, incluye y domina también el templo: no solo el pueblo está manipulado por los dirigentes, también Dios lo está. En contra de la expectativa de los que lo aclamaban como Mesías descendiente de David, entrada en Jerusalén, esperando de él un acto inmediato de fuerza contra los dirigentes del templo y un discurso revolucionario, Jesús no pasa a la acción, solamente inspecciona el templo; éste va a ser escenario de su actividad en los días sucesivos, pero quiere que esa actividad quede desvinculada del entusiasmo popular y la esperanza de restauración que han rodeado su llegada.
Pero, como el templo ya no es la casa de su Padre, no pasa la noche allísin que se va a Betania, pueblo dominadopor la mentalidad ela aldea.

12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. 13Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. 14Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie frutos de ti. Los discípulos lo oyeron.
Solo Jesus siente hambre y de forma repentina. No se trata de hambre física, es un hambre en consonancia ocnla higuera y sus frutos. Es simbolo de un deseo ardiante porque cambiel amantalidad judía.
La higuera es figura del templo. Su apariencia es frondosa, una higuera con hojas. El templo/institución va a desaparecer y Jesús quiere salvar lo salvable, a ver si encontraba algo en ella, pero la apariencia es engañosa y oculta la esterilidad. Es un esplendor sin fruto. Jesús habría deseado encontrar algo, hambre, pero no hay nada.
La estación/el tiempo no había sido de higos, es decir, no ha dado fruto mientras ha podido darlo; el tiempo de la antigua alianza ha sido estéril. Ahora ya no habrá más ocasión, Se ha cumplido el plazo/tiempo (Mc 1,15). La fase preparatoria a la llegada del Mesías ha terminado sin haber producido nada útil. Hay una alusión a Jer 8,5-13, donde el profeta, después de constatar la corrupción de Jerusalén, que, a pesar de todo, se gloría de la Ley, termina descorazonado: Si intento cosecharlos, oráculo del Señor, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera.

14Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie frutos de ti. Los discípulos lo oyeron.
Jesús confirma para siempre la esterilidad de la institución: ha termi­nado su papel histórico. Jesús se dirige a la higuera como si fuera una persona. No es ninguna maldición. Es la expresión de un deseo: que nadie se alimente de lo que tu produces, que nadie recurra a ti para alimentarse con tus ideas, que todos repudien tu doctrina y ejemplo.

15Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.
El templo se ha trasformado en instrumento de explotación económica del pueblo: lo que allí resalta es el comercio. Marcos no especifica lo que se compraba y vendía, y Jesús no expulsa sólo a los vendedores, sino tam­bién a los compradores: es el comercio mismo el que profana el templo. Hay una alusión a Zac 14,21: Ya no habrá mercaderes en el templo del Señor... aquel día. Cambiar la moneda pagana por las acuñadas por el templo era obligatorio para pagar el tributo religioso y las ofrendas y hacer los donativos al tesoro.

Marcos menciona en particular el comercio de palomas, animales que tenían que comprar los pobres para los sacrificios expiatorios (Lv 5,7). El templo explota también a los pobres. El culto mismo es una injusticia.
El mensaje que quiere transmitir Jesús es que Dios no pude ser pretexto para organizar negocios ni ofrece superdón o favor a cambio de ovejas o dinero. Esta enseñenaza es infinatamente más peligrosa que vocal f´scamente lasmesas.

16Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
A pesar del carácter sagrado que se le atribuía, el templo se usaba como lugar de tránsito de una calle a otra, para transportar cualquier cosa, sin respeto alguno por el pretendido recinto sacro. En los dirigentes, corrupción; en el pueblo, irreverencia. El templo está profanado, convertido en vía pública.

17Y los instruía diciendo: ¿No está escrito: "Mi casa será casa de oración para todos los pueblos"? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos.
La acción de Jesús no era un intento de reforma del templo ni pretendía desbancar a las autoridades religiosas. De hecho, va seguida de una enseñanza que explica su comportamiento. Menciona en primer lugar el designio de Dios sobre el templo: ser casa de oración para todos los pueblos (Is 56,7); pero Israel, por culpa de sus dirigentes, ha traicionado su misión universal; este pueblo debía haber constituido una sociedad justa que hubiese atraído a los paganos al conocimiento del verdadero Dios, pero, como lo demuestra el templo mismo, es una sociedad explotadora.
La cueva de bandidos es el lugar donde almacenan el botín de las depredaciones, alusión al tesoro); la expresión está tomada de Jer 7,11, parte de una imprecación en la que el profeta denuncia el culto hipócrita y anuncia la futura destrucción del templo.

18Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.
La acción de Jesús llega a oídos de los dirigentes, representados aquí por dos grupos del Sanedrín: los sumos sacerdotes (aristocracia sacerdotal) y los letrados (doctores de la Ley). Lo primero que se les ocurre es buscar el modo de eliminar a Jesús. No pretenden dialogar con él. Su intención, sin embargo, no puede llevarse a efecto. Tienen miedo de la multitud, impresionada por la enseñanza de Jesús, que le ha hecho ver la explotación de que es objeto. Como los dirigentes piensan en categorías de poder, temen que Jesús, que los ha denunciado abiertamente, arrastre a la multitud contra ellos.

19Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
Jesús pasa el día en el templo, cuando atardeció, sin miedo a los dirigentes, cuya reacción podía preverse, pero no pernocta en la ciudad. Sale de ella con los discípulos, que han sido testigos mudos de la escena.

20A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz.
De nuevo camino del templo, los discípulos acompañan a Jesús. Encuentran la higuera completamente muerta, seca de raíz, sin esperanza de reverdecer. Esta totalmente seca y de un modo permanete. No hay retorno posible. Lo que no cumple su finalidad no tiene razón de existir.

21Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Pedro recuerda a Jesús lo sucedido el día anterior y pone en conexión la muerte de la higuera con sus palabras. Deja ver su actitud llamando a Jesús por segunda vez Rabbi (cí. 9,5; Judas en 14,45), es decir, Maestro que se atiene a la tradición del judaísmo. Pedro ha vuelto a su antigua postura:
·         Hace notar a Jesús el poder de su palabra, insinuando que podría aniquilar a sus enemigos sin necesidad de afrontar la muerte.
·         Quiere ver en Jesús un Mesías de poder: nueva tentación.
La ruina de la higuera/institución no se deberá a la sola palabra de Jesús, sino a su denuncia y ruptura, que le acarrearán la muerte (ll,17s).

22Jesús contestó: Tened fe en Dios. 23En verdad os digo que si uno dice a este monte: "Quítate y arrójate al mar", y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.
Jesús reacciona y habla a todos, señal de que Pedro ha interpretado el sentir del grupo. Los exhorta a adoptar su misma actitud, con una confianza plena, tened fe en Dios, que elimina el miedo. Pedro no ha asociado con el templo el hecho de la higuera; no comprende que éste significa el fin de todas sus esperanzas de un Mesías triunfante.
Por eso, les dice Jesús que también ellos deben romper radicalmente con la institución, el monte del templo, símbolo de un sistema presuntamente legitimado por la presencia divina, y desear su desaparición, quítate de ahí y tírate al mar.
Su ruptura será eficaz si el miedo no los hace vacilar, como en el caso de Jesús, la institución se propondrá suprimir a los que rompen con ella. La fe abre cauce a la fuerza de Dios, que se manifestará a través del que cree, y lo obtendrá, derribando todo aquello que impide la realización del hombre. El plazo del cumplimiento no se señala, pero no por eso es menor la certeza.

24Por eso os digo: "Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis.
La oración expresa un deseo en la línea del plan de Dios. Fe, confianza y oración son inseparables. La orden al monte suponía la certeza de que Dios está con el discípulo; la oración ha de basarse en la misma certeza, creyendo que es seguro. La fuerza de Dios está a disposición del discípulo para que afronte las consecuencias de su ruptura.
El objeto de la petición, todo cuanto pidáis, no es arbitrario, se refiere a todo lo que va en la línea de la instauración del Reino.

25Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas".
Hay una condición para que la oración sea eficaz, no sentir hostilidad contra los hombres: la ruptura no se hace por odio a los opresores, sino por amor a los oprimidos, para evitar que continúe la opresión. El que dentro de sí alberga el odio se cierra al amor de Dios y no puede recibir su perdón. Jesús excluye todo espíritu de violencia. El nombre de Padre significa que Dios es amor y vida; esto funda la fe-confianza del discípulo. Pero no se está en sintonía con el Padre sin una actitud de amor hacia los demás.


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