sábado, 30 de mayo de 2015

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Mateo 28,16-20

16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

COMENTARIO
16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Falta Judas, representante del Israel histórico, que no ha reconocido al Mesías. El Israel mesiánico se forma sin integrar al antiguo pueblo como tal, aunque sí con miembros de ese pueblo.

Mateo indica los once, quiere decir todos, pues la frase excluye la existencia de otros discípulos. El número simbólico, once/doce quiere decir todos, sea cual sea el número.

Los discípulos obedecen el recado que Jesús les había dado a las mujeres (v. 9-10, Jesús les dijo: No tengáis miedo; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán). Si van a la región, Galilea, y al lugar, monte, que Jesús les ha dicho en el encuentro con el Resucitado, inexorablemente tienen experiencia de él. El camino para experimentarlo vivo y recibir la misión pasa por ir a Galilea y subir a un monte. Pero, ¿qué significa Galilea? ¿Qué monte es ese?

·         Galilea es lugar simbólico. Es el punto de arranque. Del mismo modo que aquí comenzó Jesús con los discípulos, aquí, también, comienza la misión con los demás. Se trata de recordar los principios, los orígenes, los primeros encuentros con Jesús para que sepan re-comenzar la propia historia con él. Revive los caminos con él y lo encontrarás.
Para Mateo el centro ya no es Jerusalén. El camino de Jesús es un camino nuevo, abierto, libre de todo judaísmo. Hay que desaprender todo lo que he aprendido de Dios, el rostro de Dios es Jesús y el camino con él. Es una novedad en el límite, en la frontera con los paganos, como lo era Galilea. Es la apertura a todos superando todo nacionalismo, judaísmo, representado por Jerusalén.
La misión hacia dentro es la de Jesús que ha culminado en Jerusalén, los discípulos son seguidores, representan y encarnan la misión hacia fuera, que, partiendo de Galilea, llega a los confines del mundo. Prácticamente toda la enseñanza y todo el ministerio público de Jesús se realiza en Galilea, a Judea solo sube a morir. Volver a Galilea significa volver a sus enseñanzas, a sus obras, a sus caminos, a las experiencias con él. Este es la alforja, la mochila necesaria para la misión. 

·         El monte. También es simbólico. Jesús no les había citado en ningún monte. Es un monte simbólico y muy concreto, es el monte donde los convocó y les dio los nuevos mandamientos, palabras, revelaciones, es el monte de las Bienaventuranzas, el del comienzo del evangelio[1]. El monte simboliza la esfera de lo divino, la esfera del Espíritu.
Citar a uno en un monte es citarlo con lo divino, ponerse en la esfera del Espíritu, escuchar la nueva ley, los nuevos mandamientos/bienaventuranzas, todo ello en ambiente de Galilea, es decir, teniendo presente sus enseñanzas, sus palabras, sus obras. Cuando sumamos Galilea y el monte que sabes, y cuando uno descubre lo que estos dos lugares simbolizan, se concluye que siempre que en la propia vida hagas Galilea y subas al monte vas a experimentar a Jesús.

Los discípulos cumplen estos dos requisitos y lo ven, lo experimentan, no se aparece, está y se les descubre en este sitio y de esta manera.

17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron
Los discípulos creen en él pero, al mismo tiempo, dudaban/vacilaban. Esto no significa que no creyeran en él, sería contradictorio con se postraron/le adoraron. Las dudas y las vacilaciones son acerca de sí mismos, no tienen fe suficiente para asumir el destino de Jesús.

El término dudar/vacilar aparece aquí y en Mateo 14, 31, Jesús le tendió la mano (a Pedro), lo agarró y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?, donde delataba la falta de fe de Pedro que comenzó a hundirse, quería seguir el camino de Jesús por el mar pero por su falta de fe comenzó a hundirse. Aquí sucede lo mismo, ante la visión del Resucitado y el camino que ha tenido que seguir para llegar a la plenitud, dudan y vacilan si serán capaces o se hundirán como Pedro la otra vez. Es la primera vez que tienen experiencia del Resucitado, del vencedor de la muerte, y saben que para llegar a ser como él hay que afrontar la muerte. No se sienten capaces de realizar en sí mismos la condición divina de Jesús.

Al igual que en el encuentro con las mujeres, unas y otros se postran/adoran ante el Resucitado, pero difieren en que, mientras las mujeres lo abrazan, se desposan, quieren seguir sus pasos, estos vacilan y dudan. Las dos cosas son complementarias, los seguidores de Jesús anhelan los desposorios, su condición divina y resucitada, pero a la vez dudan, se sienten incapaces.


19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.
Jesús se acerca para infundirles ánimos y decirles que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra y que él lo transmite, Id. Hasta ahora, Jesús como Hijo del Hombre había tenido potestad en la tierra (9,6), después de su resurrección, se extiende al cielo y a la tierra. En virtud de esa autoridad, les envía a hacer discípulos a todas las gentes. La promesa hecha a Abraham (Gen14, 4ss; 22,18) se cumple, toda la humanidad es llamada.

Id y haced discípulos. ¿Cómo se hacen discípulos?
·         Primero, el bautismo.  ¿Qué bautismo? Evidentemente el de Jesús. En el evangelio han aparecido dos bautismos: al principio del evangelio el de Juan Bautista, que era con agua; al final del evangelio, al pie de la cruz, aparece el bautismo del Espíritu, que también lo anunció Juan. El bautismo de agua era solo un signo de arrepentimiento y enmienda. El bautismo que realmente vincula con el Padre y con Jesús es el del Espíritu, porque ese sí que es la transmisión de la fuerza del mismo Dios que nos posibilita para realizar y vivir en la plenitud que nos ha mostrado Jesús.

Haced discípulos no consiste solo en echar agua por la cabeza, sino en dejarse penetrar por el Espíritu y dejar que transforme la vida y nos lleve a plenitud/entrega. Se pude estar sin recibir el Bautismo físico de agua y ser auténtico discípulo si se está abierto al Espíritu de Dios y le deja actuar a él; se puede recibir el Bautismo físico y ser solo discípulo de nombre, nominal, de estadística, de partida de bautismo, lo cual no es ser discípulo. Uno solo se convierte por el Bautismo de Jesús, el del Espíritu.

Haced discípulos significa vivir vinculados al Padre, al Hijo y al Espíritu. Esta vinculación no se consigue por el agua, que es un elemento creado y separado de Dios. La vinculación, unión, con Dios solo se pude hacer a través de Dios, es decir, solo es posible a través del Bautismo de Espíritu. Este Espíritu nos pone en la línea de Jesús, el Hombre pleno, y nos posibilita el llegar a la plenitud que no es otra que ser Hijo de Dios, hermano suyo, participar de su destino.

·         Segundo: enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado, es decir, la enseñanza puesta en práctica. Esta es la segunda manera de hacer y convertirse en discípulo. Guardar no significa depositar, conservar, sino hacer vida, vivir. No se trata solo de un primer acercamiento a Jesús por la escucha de un mensaje, sino de la práctica de ese mensaje.
La manera de hacer discípulos no es enseñar una doctrina, sino practicar todo cuanto os he dicho. No hay mejor enseñanza que la que está hecha vida en la práctica. Las cosas entran por los sentidos no solo por el oído. Lo que convence en este mundo no es el testigo que repite una divina y preciosa doctrina, sino el que la lleva incorporada a su vida.

¿Qué es todo lo que debemos poner por obra? Todo lo que os he mandado. ¿A qué se refiere? La respuesta podemos encontrarla en Mateo 5, 19 el que se salte uno de estos mandatos míos….todos hasta una jota o acento. ¿Y cuáles son esos mandatos nuevos? Las Bienaventuranzas. Estos son los mandamientos nuevos de Jesús que sustituyen la antigua alianza. La manera de hacer discípulos es mostrando la vida que llevamos, la práctica del espíritu de las Bienaventuranzas explicitado en el sermón del monte (Mateo 5-7), discurso fundacional y constitución por la que se rige el discípulo de Cristo.
Los que van a enseñar todo esto a las naciones han de practicarlo. No se puede enseñar lo que no se practica. Solo arrastra quien enseña lo que practica y vive. Es la comunidad con su modo de obrar y la fidelidad al mensaje de Jesús la escuela de iniciación de nuevos discípulos.

Y sabed que yo estoy en con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Esta frase es una promesa que hace referencia a la misión encomendada. En esta misión, los discípulos/comunidad no van a estar solos. Él acompaña hasta el final. No tenéis que dudar; podréis con todo, siempre que estéis bien encaminados para descubrir al resucitado.

El evangelio de Mateo, que se iniciaba con el anuncio del nacimiento de Jesús, llamado Dios-con-nosotros (Emmanuel), acaba de recordarnos que hace honor a su nombre. Recordad que yo- estoy–con-vosotros = Emmanuel.  Él les dará fuerza para que beban el vino de la entrega total (26,29). No hay que dudar, vacilar como al principio (v.17).El Resucitado está hasta el fin de esta edad, hasta el fin del mundo, durante todo el reinado del Hijo del Hombre. Después quedará el reinado del Padre que es la fase definitiva del reino de Dios, por eso nosotros decimos que el Reino de Dios ha llegado y,a la vez, pedimos en el Padre nuestro venga tu reino, no entramos en contradicción. El reino del Hijo del Hombre ya está, ha sido inaugurado por Jesús; el reino del Padre, que es lo que pedimos en el Padre nuestro, no ha llegado, es la fase definitiva del reino, cuando el Reino del Hijo del Hombre llegue al final, es decir, hasta el final de la historia, hasta el final del mundo.

Las últimas palabras de Mateo están en boca de Jesús y constituyen la conclusión y culminación del evangelio. Son el mensaje del Resucitado y constituyen la clave para entender toda la obra, pues aquí culmina la presentación de Jesús como:
-         El Hijo del Hombre glorioso que recibe de Dios todo el poder, me ha sido dado todo el poder.
-         Señor glorioso recibe la adoración de los suyos, Al verle le adoraron.
-         Hijo de Dios en cuyo nombre hay que bautizar… en el nombre del Hijo.
-         Emmanuel, es decir, presencia permanente con los suyos, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin.

Y todo ello se confiesa desde el Jesús terrestre/humano, Jesús se acercó a ellos y les habló así…. Desde estos presupuestos, Jesús los envía a la misión. La misión de Jesús comenzó en Galilea (4,12ss) por eso Mateo les hace subir a Galilea. Ahora, la misión es universal. Por cuatro[2] veces se dice todo:
-         v.18: todo poder,
-         v. 9: todas las gentes,
-         v.20: todo lo que os he mandado,
-         20b: todos los días.

La misión viene enunciada través de expresiones en la forma imperativa de los verbos, haced discípulos: bautizándolos…enseñándoles. Ahora es el turno de los discípulos convertidos en apóstoles, enviados. Su misión es enseñar todo lo aprendido. Ahora que han aprendido en la práctica, están capacitados para enseñar.


[1] Hay 5 montes en Mateo: Bienaventuranzas, Tentaciones, Transfiguración, Calvario, monte final;
[2] Cuatro, 4, en el evangelio significa universalidad, todos, haciendo referencia a los 4 puntos cardinales, Norte, Sur, Este y Oeste. 

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