jueves, 3 de diciembre de 2015

SEMANA II DE ADVIENTO
DOMINGO
(CICLO C)
(EXTRACTO DE MI CUADERNO... 



Lucas 3,1-6
1En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, 4como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Una voz grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
5 los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
6Y toda carne verá la salvación de Dios.

1.    COMENTARIO
No debería resultarnos extraño encontrar un anuncio de libera­ción cada vez que abramos el evangelio pues éste es el proyecto de Dios para la humanidad: la propuesta de un mundo de hombres y mujeres que, en libertad, se quieren y, amándose, son felices.

Los primeros versículos del evangelio de hoy al decirnos exactamente cuándo empezó Juan Bautista a preparar a la gente para recibir a Jesús, está indicando que la intervención de Dios se realiza en unas circunstancias concretas de la historia de la humanidad. El evangelista presenta los tres grupos que en ese momento se reparten el poder en Palestina y que son los mismos que al final del evangelio llevarán a Jesús a la muerte:
·         Primero, el imperio, el poder romano, que usurpaba la soberanía de Israel, representado por el emperador Tiberio y su gobernador en Judea, Poncio Pilato, el que pronunciará contra Jesús la sentencia de muerte.
·         Después los sucesores de Herodes el Grande, reyezuelos que explotaban doblemente al pueblo, una vez en su propio bene­ficio y otra para pagar el tributo de vasallaje al emperador.

·         Y los dirigentes religiosos, representados por Anás y Caifás, que además de usar la religión en beneficio propio, la habían puesto a los pies de los romanos, adormeciendo con ella la conciencia del pueblo. De ellos será la iniciativa de llevar a Jesús a la muerte.
Todos ellos son los respon­sables de que la tierra que el Señor regaló a Israel se haya convertido en tierra de opresión para el pueblo que Dios había liberado repetidamente: de la esclavitud de Egipto y del destierro de Babilonia.

En el punto de la historia universal marcado por la coexisten­cia de todos estos poderosos, el año quince, Dios envía un mensaje a Juan, el hijo de Zacarías, es decir, el heredero de toda la tradición religiosa de su padre, en el desierto, pues ha roto con su tierra,  para que proclame un nuevo éxodo, la liberación de la esclavitud

Para explicar cuál es la misión de Juan, Lucas utiliza las mismas palabras con las que en el libro de Isaías 40,3-5 se anuncia el final del destierro de Babilonia. Y puesto que la tarea de Juan es preparar la misión de Jesús, nos da la clave fundamental para entender el resto del evangelio: la misión de Jesús consiste en realizar un nuevo éxodo, en comenzar un nuevo proceso de liberación que ya no es sólo para un pueblo, sino para toda la humanidad.

Desde el desierto, llama Juan a la gente para que empiece a dejarse transformar por el arrepentimiento, tomando la decisión de cambiar de vida y aceptando el perdón de Dios. Los que estén dispuestos a correr el riesgo de buscar la libertad deberán someterse a un proceso de cambio perso­nal, rompiendo con cualquier clase de responsabilidad o de complicidad con el sistema opresor, del que hay que salir para ponerse del lado de Dios. Esa ruptura la expresan los oyentes de Juan acercándose a recibir el bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados, que proclama Juan en la comarca lindante con el Jordán.
Hay que descender a las entrañas de uno mismo para descubrir la Presencia siempre callada del Dios de los padres.

2.    ORACIÓN
Una voz grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor...
Señor, si no sabemos a dónde vas,
¿cómo vamos a conocer el camino? (Juan 14,5).
Señor, ya no sabemos si vas o vienes,
nos sentimos perdidos, sin rumbo,
y lo que es peor, sin dirección. 
¿Cómo vamos a conocer el camino
que nos lleva a nosotros mismos
para encontraros contigo?
No sabemos si buscarlo dentro o fuera de nosotros,
en las cosas, en las modas, en lo que se lleva,
en lo que toca ahora,
en lo superficial o en lo profundo,
en lo íntimo o en lo público,
en la fe o en la indiferencia,
en la institución o en el misterio...
O tal vez tampoco queramos buscarlo,
porque estamos cansados de tantas propuestas,
que nos dejan cada vez más vacíos...
O porque ya no sabemos despertar el deseo
de ponernos en marcha....
Yo soy el camino, la Verdad y la Vida

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