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viernes, 20 de marzo de 2020


VIA CRUCIS EN LA PANDEMIA
 (Por Angel Moreno, de Buenafuente)

1ª ESTACIÓN: JESÚS CONDENADO A MUERTE
Si eres una persona contagiada por el virus; si estás cerca de alguien de los tuyos que está infectado, Jesús fue condenado y tenido por leproso y blasfemo, mírale a Él.

2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ
Si tú has sido hospitalizado, o alguno de los tuyos lo está, y sientes el peso insoportable de la prueba, mira a quien cargó con nuestros sufrimientos.

3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE EN TIERRA, POR PRIMERA VEZ
Si en estos momentos te acosa la tentación de la desesperanza, de la angustia, y hasta de la depresión, mira a Jesús, que caído en tierra, se levanta.

4ª ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE EN EL CAMINO DE LA CRUZ
Si tienes algún familiar contaminado, y no puedes acercarte a verlo, si estás aislado en tu propia casa, sin poder demostrar tu cercanía, contempla el dolor de María ante su Hijo en la Vía Dolorosa, sin poderse acercar a Él.

5ª ESTACIÓN: EL CIRENEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ
Si eres profesional de la medicina, si perteneces a los destacados para poner tus manos en el dolor y en la enfermedad, en la soledad y el aislamiento, eres como el Cirineo. El papa Francisco te ha llamado el santo de la puerta de al lado. Gracias.

6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS Si eres uno de los voluntarios, que se ha ofrecido para enjugar el dolor del que sufre, siente el gozo de llevar en tus ojos el rostro que se imprimió en el velo de la Verónica. Gracias.

7ª ESTACIÓN: JESÚS CAE EN TIERRA POR SEGUNDA VEZ
Si te oprimen las noticias de los que especulan, de los que mienten, de los que se aprovechan del dolor ajeno, mira a Jesús, que no cede y se levanta, hazlo tú con gestos sinceros que animen y den esperanza.

8ª ESTACIÓN: JESÚS, CAMINO DEL CALVARIO, SE DIRIGE A LAS MUJERES DE JERUSALÉN A ti, madre, hermana, trabajadora, ama de casa, acoge la mirada de Jesús y convierte tu lamento en gestos solidarios, entrañables, amorosos, que tanto ayudan. Gracias.

9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ EN TIERRA
Si ves cómo se derrumba tu negocio, y se quiebra tu economía, si das por perdido todo tu esfuerzo, no deseo decirte palabra de compromiso, pero quizá sientas junto a ti una mano tendida. Mira a Jesús que vuelve a levantarse. No te hundas, espera, espera en el Señor.

10ª ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS
Si te sientes despojado, porque te ha alcanzado el virus, y estás desnudo y solo en una habitación, o estás en cuarentena, te invito a que mires a Quien desnudo y solo dio su vida por amor a todos.

11ª ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
Si estás en la UCI, o aislado; si estás sin poder salir de casa, sujeto, si te sientes clavado y solo, mira al Crucificado. No deseo oprimirte más, pero Él se trasfunde en nuestro dolor y lo transforma en redención.

12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Por ti, que nos has dejado, y ya has pasado el umbral de la muerte, rezo y a ti me encomiendo. Por ti, que has perdido un ser querido, y no te has podido acercarte a darle un beso, te acompaño en tu dolor, aunque nunca lo sepas. La muerte no es la última palabra. Jesús muere y convierte la muerte en vida.

13ª ESTACIÓN: JESÚS, MUERTO, EN BRAZOS DE SU MADRE
Si no has podido despedirte de un ser querido, si estás a distancia de quien deseas acompañar, mira a María, la Virgen de la Soledad, la Virgen de las Angustias, la Virgen de los Desamparados. Ella tiene el encargo de Jesús de consolarnos. Un beso.

14ª ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO
Si no has podido acompañar el entierro de tu ser querido, de tu amigo, si la losa del desgarro ha caído sobre tu corazón, te ofrezco mi silencio, y sobre todo el silencio de María, la mujer fuerte, que permaneció de pie junto a la Cruz, y no perdió la esperanza. ¡Ten ánimo! Tanto dolor no puede quedar sin sentido.

15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS Si ahora piensas que invocar la vida es recurso piadoso, te aseguro que es desde la resurrección de Cristo que cabe permanecer en esperanza. Cuenta con la oración de muchos. Nada es inútil. Algún día comprenderemos tanto dolor e impotencia, y se hará luz. Me atrevo de decirte: Espera, espera en el Señor, que volverás a alabarlo.

ORACIÓN: Señor Jesús, en este día en que recordamos tu Pasión y Muerte, ayúdanos a reconocer el inmenso amor que nos tienes. Tú, Señor, entregaste tu vida por nuestra salvación, y nos has señalado un sendero por recorrer: solo quien entrega, podrá recibir. Ayúdame a acoger el inmenso don de tu amor, y a seguirte en el camino de la cruz, que es paso para la resurrección. Amén

jueves, 18 de abril de 2019

VIERNES SANTO. 

VIA CRUCIS


Al acompañar a Jesús en el Vía Crucis, contemplamos el sufrimiento de aquellos que hoy recorren su particular camino de cruz. Queremos estar cerca del Señor, y junto a aquellos que sufren por cualquier motivo.

PRIMERA ESTACIÓN. JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS. (Marcos 14, 32-36)
Llegaron a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras yo hago oración”. Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad”. Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: “¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”.
Las «caídas» de Jesús nos hacen volver la mirada hoy a los enfermos. Ellos también están postrados. Acompañados o en soledad, con esperanza o sin ella... viven instalados en la fragilidad. Es la debilidad de la vida. Caídos en el camino de la vida. Ellos están especialmente unidos a la cruz del Señor. Él, con su cruz, los ayuda a portar la cruz. Señor, que pongamos nuestra mirada ante quienes están enfermos y a estar junto a ellos.


SEGUNDA ESTACIÓN. JESÚS, TRAICIONADO POR JUDAS, ES ARRESTADO (San Marcos. 14, 43. 45-46)
De pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “Rabbí”, y le dio un beso. Ellos le echaron mano y le prendieron.
En el camino de la vida hay muchas traiciones, muchos que sufren las consecuencias de la traición. Entre ellos encontramos a los inmigrantes y refugiados que son rechazados, marginados y excluidos una y otra vez... Algunos son traicionados, vendidos entre vallas y pateras, entre fronteras y papeles. Ellos buscan una vida digna. Reincorporarse a un camino humano de vida. Solo esa esperanza les da fuerzas para seguir adelante. Señor, tú fuiste extranjero y refugiado, haznos valientes para acogerlos.



TERCERA ESTACIÓN. JESÚS ES CONDENADO POR EL SANEDRÍN (Marcos. 14, 55. 60-62. 64
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban. Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios bendito?” Y dijo Jesús: “Sí, yo soy”. Todos juzgaron que era reo de muerte.
Muchas personas son condenadas hoy, sin juicio, sin un proceso, sin capacidad de defensa. Condenadas a sufrir sin más razón que la nación donde han nacido o el barrio en el que habitan. Marginadas por su cultura o su raza. Excluidas por su edad o su capacidad productiva. En ellos resuena la condena a Jesús: «Son reos de muerte». Señor, que reconozcamos los derechos y la dignidad de cada persona.


CUARTA ESTACIÓN. JESÚS ES NEGADO POR PEDRO (San Marcos 14, 72) 
Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: “Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres”. Y rompió a llorar.
Las traiciones son dolorosas... cada una más que la anterior. Es empujarnos a vivir arrastrados por la vida. Muchos ancianos, solos, intentan mantenerse en pie sin que caigan sus ilusiones, sus sentimientos y sus esperanzas. Al mirarlos vemos la riqueza de su experiencia de vida y, al mismo tiempo, la debilidad que les acompaña. Aunque muchos les nieguen la compañía, ellos, día a día, se levantan para vivir una nueva etapa en su vida. Señor, haz que seamos agradecidos con los mayores y sepamos cuidarles bien.

QUINTA ESTACIÓN. JESÚS ES JUZGADO POR PILATOS (San Marcos  15, 14-15)
Pero ellos gritaron con más fuerza: “¡Crucifícale! ». Pilatos, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
Las cruces del hambre y de la violencia son demasiado frecuentes, están lejos y cerca. Hambre y sed extendidas que condena a la pobreza. Violencia que solo genera odio y rencor. Lo sufren, especialmente, los más débiles y los más indefensos. Viven y mueren aplastados por una cruz injusta y evitable. Ellos cargan hoy la cruz, como Jesús. Señor, que trabajemos por la igualdad de derechos y oportunidades.

SEXTA ESTACIÓN. JESÚS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS. (San Marcos 15, 17-19)
Los soldados le vistieron de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron en la cabeza. Y se pusieron a saludarle: “¡Salve, Rey de los judíos!” Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Todos los días escuchamos las mismas noticias: corrupción, abusos, malos tratos, violencia, terrorismo, guerras, injusticias… Parece que solo existiera esto en nuestro mundo. Pero Jesús a través de su Pasión nos muestra que otro mundo es posible, que la bondad es más fuerte que el pecado, que es posible elegir perder a defenderse, vivir defendiendo a las víctimas que arrimarse siempre a los poderosos, que es posible vivir abajo en la honradez, en la humildad, en el respeto que pasarse la vida intentando trepar por encima de los demás. No todo vale, ni todo tiene un precio. La dignidad y el valor de las personas son inviolable. 

SÉPTIMA ESTACIÓN. JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ (San Marcos. 15, 20)
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y lo sacan fuera para crucificarle.
Son muchas las personas que están cerca de la cruz y al lado de las víctimas. Nosotros tampoco demos la espalda a quienes sufren. Las víctimas de nuestro mundo son los favoritos de Dios. Sentir el dolor del prójimo, no abandonar al que sufre, estar junto a los crucificados, vivir la misericordia... No los queremos abandonar ¡No los podemos abandonar! Señor, inspíranos la palabra y la acción oportuna para aliviar a quien sufre.


OCTAVA ESTACIÓN. JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO A LLEVAR LA CRUZ (San Marcos. 15, 21)
Entonces obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara la cruz.
No sabemos cuál era la voluntad de Simón... pero ayudó al Señor. Estar cerca de quien sufre es muy grande. Hay millones de Cireneos que ayudan a los demás con su tiempo, con su dinero, con su saber, con sus recursos... El mundo sería distinto con más Cireneos. Gracias Señor porque nos ayudas a ser más humanos. Señor, que siempre estemos cerca de los que sufren.


 NOVENA ESTACIÓN. JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN (San Lucas. 23, 27-28. 31)
Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?”.
Jesús consuela a las mujeres desconsoladas. Ellas lloraban por Jesús, pero también eran víctimas de un mundo que les daba la espalda y las consideraba como simples objetos o recursos. Hoy, en muchos lugares, las mujeres también sufren discriminación o violencia por el hecho de ser mujeres. Hoy también Jesús las consuela, las alienta y está cerca de ellas. Señor, que derribemos las barreras entre las personas por sexo, raza o religión.

DÉCIMA ESTACIÓN. JESÚS ES CRUCIFICADO (San Marcos. 15, 24)
Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.
 A Jesús le despojan de todo. Muchas personas son despojadas de sus viviendas, de su futuro y hasta del afecto. Sin recursos, sin vivienda y sin esperanza. Hay quienes no tienen ni siquiera un techo. Son nuestros vecinos, los que duermen en nuestro portal, en nuestras calles o en los parques, en los cajeros o en las chabolas. Despojados de todo, como Jesús. Señor, que no seamos indiferentes ante quienes están despojados de todo.

UNDÉCIMA ESTACIÓN. Jesús promete su Reino al buen ladrón (San Lucas 23, 39-43)
Uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!” Pero el otro le respondió diciendo: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Abrazados a la cruz... a imagen de Jesús. Millones de cristianos son perseguidos por su fe. Masacrados por el Evangelio y mártires por creer y vivir que Jesucristo es el Hijo de Dios. El martirio es semilla de nuevos cristianos, su fe nos fortalece, su ejemplo nos sorprende. Pero ellos también necesitan nuestro recuerdo, apoyo y oración. Que su vida y su confesión de fe nos ayude a dar testimonio de Jesucristo allá donde estemos. Señor, que tu entrega y amor mueva nuestra fe y nuestro compromiso con el Evangelio.

DUODÉCIMA ESTACIÓN.  JESÚS EN CRUZ, LA MADRE Y EL DISCÍPULO. (San Juan. 19, 26-27)
 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Ser discípulo y ser madre de Jesús es escuchar sus palabras. Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan mi palabra y viven de ella. La fe en Jesús implica estar al lado de los crucificados, para consolarlos, para desclavarlos y bajarlos de la cruz. Ser discípulo es llegar hasta el final, aunque el final este lleno de fracasos, de incomodidad, de desilusión. En medio  del túnel del Viernes Santo es preciso descubrir la luz que aparece a lo lejos. Es la luz de la Resurrección. La Cruz no termina en oscuridad, sino en luz. La muerte no acaba en la nada, sino en la nueva vida. 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN. JESÚS MUERE EN LA CRUZ. (San Marcos.15, 34. 36-37)
 A las tres de la tarde gritó Jesús con fuerte voz: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?” Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: “Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle”. Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.
La muerte de Jesucristo desgarra nuestra esperanza. El justo ajusticiado. El hombre que pasó haciendo el bien, crucificado. Jesús de Nazaret tratado como un malhechor, como el peor de los malhechores. La muerte nos rompe. La muerte de las víctimas y de los que sufren injustamente es el colmo del dolor. Jesús muere como los pobres, abandonado. Señor, tú que eres la vida, danos luz y esperanza en las situaciones de muerte.



DECIMOCUARTA ESTACIÓN. JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO (San Marcos 15, 46)
 José de Arimatea, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.
Hasta en las situaciones más duras hay quienes velan por la dignidad de las personas. Cuando todo parece haber acabado, cuando solo impera la muerte y la destrucción, cuando nada se espera... hay quienes dan valor a lo que parece inútil. Que la muerte no sea un espectáculo, que los pobres no sean objeto de burla, que quienes sufren mantengan su dignidad. Que nada ni nadie se mofe de las víctimas. Señor, que sepamos reconocerte en cada persona que sufre.
El sepulcro es el final. Todo ha concluido. Es un sepulcro nuevo, pero un sepulcro. Es un enterramiento digno y un ritual cuidado, pero es un enterramiento. En la tumba de Jesús quedan sus palabras y sus acciones, sus esperanzas y sus sueños. Allí también se encierran las expectativas de los suyos, la ilusión generada y también queda sepultado su grupo, el grupo de Jesús. Todo indica que es el final... Señor, danos fuerza para no perder nunca la esperanza.

DECIMOQUINTA ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS (Mc 16,1-6)
Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús… Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. Al tercer día, las mujeres escuchan un anuncio: ¡Ha resucitado!

Es el mensaje que el Evangelio nos dirige a todos. Jesús, el Nazareno, el hijo de Dios, está vivo. El Crucificado ha Resucitado. Él no está en el sepulcro, sino que lo van a volver a encontrar en el camino de la vida, en los caminos de la cruz, junto a los pobres y a los necesitados, al lado de quienes sufren y lo pasan mal. Jesucristo conoció bien la exclusión, la injusticia y el sufrimiento... Él no abandona a quienes padecen la precariedad, es más, nos envía a estar cerca de quienes hoy cargan con la cruz, para que seamos artesanos de resurrección y de vida.


ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, te necesitamos y necesitamos tu fuerza y tu Espíritu.
Nos hemos acercado a tu camino de cruz y hemos recordado las cruces que llevan muchas personas.
Ayúdanos a abrir los ojos al sufrimiento del prójimo y a estar cercanos a ellos, a no abandonarlos.
Danos tu fuerza para que, fijos los ojos en el buen Padre Dios, caminemos junto a los que sufren, junto a las víctimas, seamos solidarios con ellos y tendamos nuestra mano.
Que nuestra vida sea testimonio de amor y de misericordia.
Que nuestros actos muestren tu bondad y tu compasión.
Que nuestra voz clame contra la injusticia y la desigualdad.
Que no permanezcamos indiferentes ante el prójimo.
Que, puestos los ojos en ti, seamos artífices de vida y esperanza.
Confiamos en ti. ¡Danos vida!


jueves, 6 de abril de 2017

VIA CRUCIS--- LAS PASIVIDADES DE CRISTO

 1ª estación: Jesús es apresado
Intenta vivir en la no-violencia, intenta ser transparente, honesto, con tus fallos y debilidades, con tus cualidades y habilidades, y ya verás cómo te insultan, te ningunean, te atrapan.
Intenta vivir siendo consecuente con tu fe, aunque a veces vayas a contracorriente y verás cómo sufres.
Intenta vivir y seguir adelante con tus contradicciones, con la paciencia con la que te aguantas a ti mismo/a, con tu miedos, con tus dudas.
Sigue adelante a pesar de no ver cumplidos tus propósitos; con tu afectividad desordenada y caprichosa; con tu soledad a cuestas. Hay muchas maneras de padecer. A veces nos duele hasta nuestra forma de ser.
Hay sufrimientos que nos humanizan, nos hacen más sensibles, otros nos purifican, nos destruyen o nos hacen más solidarios...
Y ¿por qué hemos de pasar por esto? ¿Por nuestras limitaciones? ¿Es un misterio? Pregúntaselo a Cristo.

Estación 2: Jesús es acusado injustamente
¡Cuánto dolor supone soportar a los demás! Que difícil reconocer a los otros como prójimos, incluso como hermanos. Los otros se convierten en enemigos, en adversarios.
No es que Jesús o tú no aguantes, es que te abofetean, te empujan, abusan de ti. Te das cuenta pero no lo puedes cambiar. ¡Quien dijo que este mundo fuera justo! Toda la vida dedicada a los demás, a su servicio, y de repente nos encontramos con que a los demás no les interesa en absoluto lo que nosotros queremos o podemos darles.
Son los momentos construidos sobre la incomprensión, los malentendidos, las marginaciones y los prejuicios. Es el dolor hecho a base de miedo y de soledad. 

Estación 3: Pedro niega a Jesús
Es el dolor de sentirse discípulo y ver como a Aquel al que sigues no es como tú esperabas, su rostro se borra, las manos que tiendes hacia él se vuelven vacías, porqué creías más en ti que en él. Es el dolor de desdecirse, de negar a los otros y a sí mismo. Es le miedo a perder la vida, de apostarla por Él, mientras que los otros siguen sometidos al poder, te enseñan sus ganancias concretas, sus beneficios hechos realidad.
Negar o negarse es el tropiezo duro, seco. Cuando aparece que en la tierra no hay cielo, no hay esperanza, solo noche, no hay paz, parce que no hay Dios.

Estación 4: Las autoridades presentan a Jesús ante Pilatos.
Es el dolor de las quejas, de las rabietas, de las lamentaciones. Es el dolor del descontento o del escándalo porque el mundo, la familia el trabajo, la Iglesia... no son como yo querría que fueran. Es al protesta exagerada ante un mundo que queremos arreglar teóricamente, sin arreglarnos nosotros antes. Es exigir que los otros sean como deberían ser, pero sin que me afecte a mí.
¿Porque gritar por los otros, por el Otro? Posiblemente sea más sano llorar por nuestras inconsecuencias y exigencias, falsas o verdaderas, que culpabilizar a los otros. O reconocer nuestras faltas de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Estación 5: Pilatos, a pesar de la inocencia, no libera a Jesús.
Nos imaginamos que Pilatos no era un mal hombre. Ni siquiera quería el mal para Cristo. Pero se deja presionar y condicionar por los otros. Primero es su interés político o personal, después, la justicia o la verdad.
Es el dolor de la indiferencia, de la frivolidad, que muchas veces nos reduce al silencio. La gente se encuentra cómoda y satisfecha en la vida, al menos en apariencia, y no quieren inquietarse por el evangelio. No quieren profundizar, prefieren seguir viendo en la superficie del poder, del tener, del famoseo, de la moda. Están contentos con lo que son y cómo viven, mientras a su lado hay gente que lo está pasando mal. 

Estación 6: Las burlas de los soldados: la coronación de espinas.
Es el dolor que nos viene de fuera, de los demás. Propiamente esto lo podemos aplicar a todas las estaciones.
Es cuando sentimos que los otros nos invaden, nos estorban, nos condicionan, nos "obligan" a hacer algo que no queremos. Se meten en nuestra vida con críticas, como espinas. Me implican en problemas que no son los míos. Limitan nuestra vida, nuestros espacios y tiempos, con sus imposiciones, exigencias y necesidades. Con sus torpezas. Nos manipulan, nos engañan y nos desengañamos. Frustran nuestras ilusiones y nuestras capacidades. Y lo que más duele: ¡es que no lo podemos controlar!

Estación 7: Jesús condenado a muerte
Es el dolor de verte y vivir condenado al olvido. Hemos entregado nuestro tiempo, nuestro buen hacer, nuestra vida a otras personas y vemos que se olvidan, e incluso que se oponen a nosotros. A veces no hay mejor manera de no agradecer algo que "hacerse el enfadado". Nos condenan o condenamos al otro. Vemos que no contamos para nadie, nos vamos quedando atrás. Vienen otros más jóvenes y mejor preparados que nos sustituyen. Nos hemos dejado la vida, pero el tiempo borra el recuerdo, el agradecimiento, el trabajo y el servicio hecho.
Es el dolor del paso inexorable del tiempo, de las ilusiones muertas, de los deseos agonizantes, porque la realidad, la impotencia, se impone.

Estación 8: Jesús con la cruz a cuestas
Esta estación es muy personal porque se trata de construir la propia cruz:
-         Un palo vertical para tus espacios de dolor: ¿en casa, en la familia, en el trabajo o estar sin trabajo, en la iglesia, al estar solo o con los demás...?
-         Un palo horizontal para tus tiempos de dolor: son los tiempos de duda, de tristeza, de soledad, de aburrimiento o hastío...
Cruza los dos palos y sigue a Jesús, con tu vida clavada. Con tu vida pendiente cada día de esa cruz, la que no se ve ni se nota. La que no se desagarra en grandes dolores, pero pesa y sigue pesando sobre nuestros hombros.

Estación 9: Jesús llega al Gólgota
La palabra Gólgota traduce la palabra latina Calavera. Nosotros lo hemos traducido por Calvario. Posiblemente el nombre provenía de la forma de calavera que tenía del monte. 
Es el dolor de ver solo muerte, cuando de lo que realmente se trata es de la abundancia de la vida. Es el dolor de crucificar a los otros o que nos crucifiquen. Es el dolor de la injusticia, de la culpa o del victimismo, del pesimismo, de contemplar la vida como "un valle de lágrimas" o desde el miedo porque "podéis castigarme con las penas del infierno". Es el dolor de acostumbrarnos a la cruz como algo natural. E incluso poder llegar a decir que fue algo exigido por Dios para calmar la reparación producida por el pecado del hombre.
Es el dolor de no descubrir que el Crucificado es la abundancia de vida.

Estación 10: Jesús es calvado en la cruz
Es el dolor de la propia cruz. Nosotros hemos construido la nuestra, con nuestros espacios y tiempos de dolor. En esos palos está resumido el esfuerzo, el dolor que cuesta ser cristiano, ser persona, intentar vivir desde los valores del evangelio. Es el dolor de cada día, en la lucha por aceptar que las cosas son como son o luchar contra frivolidad o la falta de reconocimiento.
Para que la cruz sea cristina, es necesario poner a Cristo, sino será solo un peso que cansa y agobia. Es preciso poner a Cristo, será un dolor que transforma, que redime, que salva. Si no está Cristo será solo un mal rato, una mala suerte


Estación 11: Jesús, su madre y el discípulo
Es el dolor por ver sufrir a los que más quieres y verlos sufrir por tu causa. Es el dolor de nuestro alrededor, sin poder cambiar, sino mirar y callar en la impotencia.  Es el dolor propio y el ajeno. Es el misterio del dolor que Dios llena con su presencia. En la cruz, ¿dónde estaba Dios? Crucificado.
Es el dolor por perder el sentido, por vivir en la sensación del fracaso de la, de haber confiado en Dios, y en el momento de la verdad no está, no aparece, permanece callado. No era como lo habíamos imaginado. No era como nos enseñaron.
Es el dolor de permanecer al pie de la cruz sin poder cambiar las cosas. Solo cabe aceptarlas, son como son, y esperar que el Dios de la luz nos muestre el sentido de lo sucedido. 

Estación 12: Jesús muere asesinado en la cruz
Jesús no muere en la cama, ni por enfermedad... Muere asesinado, víctima de la injusticia de los humanos. Muere con los brazos abiertos en señal de que en él cabemos todos, y cabe todo. Muere en una cruz, anclada en la tierra pero que mira al cielo, uniendo lo humano y lo divino.
Jesús muere prefiriendo perder o entregar la vida antes que defenderse. Realmente la forma de ganar la vida es perderla, entregarla. Jesús muere, pero es una muerte preñada de vida.
35El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. 36Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrarán un hueso (Ex 12,46); 37y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron (Zac 12,10).


Estación: 13: Jesús ha resucitado
Si el grano de trigo no muere no da fruto, se queda el solo; pero si muere da mucho fruto.
Jesús es puesto en el sepulcro, pero ya HA RESUCITADO. Dios que había permanecido en silencio, ha hablado. Habrá que esperar a comprender, a creer, a encontrarse, a tener experiencia en la Eucaristía del Resucitado y poder exclamar: el Crucificado ha Resucitado...
Es el dolor oculto, escondido, desconocido, tan pequeño como un grano de trigo, como una pequeña semilla, pero que está dispuesta abrirse para dar fuertes y grandes espigas, que trituradas se conviertan en harina y junto con el agua puedan transformarse en pan, pan partido y compartido.    

Estación 14. Tu propio viacrucis
Has recorrido el camino de la Cruz con Jesús. Has hecho tu camino de la cruz, con tu vida cargada sobre los hombros. El camino de tu dolor de cada día, pequeño y desconocido. Tu dolor de querer ser cristiano, de querer ser como Jesús.
Un camino que recorres todos los días, muchas veces sin ganas, muchas veces en oscuridad. No importa. Tú sigue ahora a Jesús, aunque, entre el sudor y las lágrimas, se te nublen los ojos.
Ya llegará para ti el camino de Emaús y el Señor te explicará, también, el sentido de todo. El sentido de tu esfuerzo, el sentido de tu dolor y el sentido de tu esperanza. Pero para llegar a Emaús, para reconocer a Cristo cuando parta contigo su pan, tienes que pasar antes por el camino del Calvario.

No vas solo. Jesús se ha hecho para ti, y por ti, no solamente acompañante, sino camino: "Yo soy el Camino.

viernes, 17 de marzo de 2017

EJERCICIO DEL VIA CRUCIS

Introducción


Vamos a acompañar a Jesucristo en su camino de cruz. Es un ca­mino doloroso. Un camino interminable. ¡Cuántas son sus estaciones, Dios mío!

La cruz de Jesucristo es la cruz del hombre. De un modo miste­rioso Él estaba ya cargando con todos los pesos humanos. ¿Quién puede calcular esta carga? De un modo misterioso Él esta compartiendo todos los sufrimientos humanos.

Hoy queremos acercarnos a estos sufrimientos, los sufrimientos de Cristo, que son los sufrimientos de los hombres, y compartirlos. No basta compadecer a Cristo, es necesario padecer con Cristo. Padecer con los hermanos, que son también “Cristos en el camino de la vida”. Cada vez que aliviamos a un hermano que camina con la cruz, estamos aliviando a Jesús en su largo via-crucis. Él te lo agradece. Tu mismo, sin saber cómo, te sentirás aliviado.




1ª Estación:
Jesús en el huerto de Getsemaní  (Mt 26, 36-46)

         Getsemaní es la hora triste de Jesús, el poder de las tinieblas. Todo es oscuro para el Señor, todo es angustia y agonía.
         Jesús pide a Dios-Padre que aparte de él, si es posible, todo aquel sufrimiento, pero al mismo tiempo le pide que se cumpla su voluntad.
También nosotros, ante el dolor, la enfermedad, el hambre,.... debemos luchar con todas nuestras fuerzas y pedir a Dios que aparte todas estas cosas. 
         Pero, al final, también debemos ser humildes y aceptar siempre la voluntad de Dios, aunque muchas veces no la comprendamos.
         ¿Aceptamos la voluntad de Dios en nuestras vidas?
        
2ª Estación:
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado (Lc 22, 47-54)

         Judas no solo pertenecía al poder de las tinieblas, sino que era noche oscura. Cuando él actúa siempre es de noche. Por muchas antorchas y linternas que llevara, era de noche.
         Cuando fueron a prender a Jesús había espadas y palos, son armas de las tinieblas. Pero el arma más injusta  fue el beso traidor.
         Después vinieron los palos, las espadas, las cuerdas, el prendi­miento. Son también injusticias y ultrajes a la dignidad de las personas. ¡Tantos arrestos de inocentes, en los que Jesús sigue siendo arrestado! Casi 200 millones de niños son maltratados y tienen que trabajar en condiciones inhumanas para ganar un pedazo de pan.



3ª Estación:
Jesús es condenado por el Sanedrín (Mt 26, 57-68)

Es la más grande perversión de la religión y la justicia. Un tribunal religioso, en hombre de Dios, juzga al Hijo de Dios y se atreve a condenarlo. Es verdad que no lo sabían, pero el des­conocimiento, aunque aminore la culpa, no cambia la realidad.
         Te acusamos, Señor, porque existes de verdad, porque has venido a nosotros, porque te presentas pobre y humilde.      
         Te acusamos porque enseñas una doctrina revolucionaria, porque bendices y prefieres a los pobres, porque enseñas a los niños, porque ayudas a los pecadores,...
         Y Jesús callaba. Y Dios sigue callando ante tanta ceguera, tanta injusticia, tanta hipocresía, tanto fanatismo o fundamentalismo reli­gioso. En nombre de Dios se sigue condenando y matando a los hijos de Dios. Y se mata a los que defienden a los hijos de Dios. Dios sigue ca­llando, pero, por favor, nosotros no debemos callar. Tenemos que de­fender a los hijos de Dios, que siguen siendo condenados.




4ª Estación:
Jesús es negado por Pedro (Lc 22, 54-62)

         Pedro tenía un defecto, que se creía el mejor y ambicionaba ser el primero, que se sentía autosuficiente y se apoyaba en sus fuerzas, que era atrevido y confiado, que era imprudente. Al final terminaría siendo cobarde.
         Necesitaba Pedro una cura de humildad. Él se creía mejor que ninguno, y negó a Jesús hasta tres veces. El discípulo preferido se avergonzaría de su maestro. El que mas le conocía (cf. Mat 16, 16) juró que no le conocía. El que estaba dispuesto a defenderle, incluso hasta dar la vida (cf. Lc 22, 33) ahora le reniega para salvar su vida. Pero al negar a Jesús, Pedro se negaba a sí mismo, porque el Señor era su ra­zón de ser.



5ª Estación:
Jesús es juzgado por Pilato (Mt 27, 11-26)

         Pilato no condeno a Jesús. Hizo lo posible por salvarle. El pecado es dejar hacer, abandonar a Jesús a su suerte, lavarse las manos. La gran irresponsabilidad. La gran omisión. 
         Fue una sentencia popular. Y el pueblo eligió la vida para el ase­sino, la muerte para el que daba la vida. ¿Quien ha dicho que las sen­tencias y decisiones democráticas son siempre justas y verdaderas?
         Y mientras haya sumos sacerdotes y políticos que compren las conciencias, mientras haya jueces como Pilato, lavándose las manos, siempre habrá algún justo que sufra las consecuencias. Mientras nosotros estemos de brazos cruzados o nos dejemos arrastras y manipular contra las víctimas inocentes, siempre habrá personas que sufran.
         ¿Soy yo de los que se lavan las manos y se desentienden ante los problemas y necesidades de los demás?



6ª Estación:
Jesús es flagelado y coronado de espinas (Jn 19, 1-5)

         El tormento de la flagelación era una costumbre romana. Allí esta Jesús recibiendo treinta y nueve golpes, o los que fueran. Todos los azotes que se dan a cualquier desgraciado del mundo, terminan cayendo sobre las espaldas de Jesús. ¿No le has dado tú alguno?
         La coronación de espinas fue un capricho de los soldados, una burla, pero sangrienta. Tenemos un rey de dolor y de sangre. Su cabeza era fuego. Su rostro ensangrentado y desfigurado. Le llovían los saliva­zos y los golpes. Pero lo que más le dolía a Jesús, ¿sabes que era?. El corazón duro y frío de los que le rodeaban.
         ¿Tienes tú un corazón compasivo ante el dolor de los demás, o también el tuyo es duro y frío?
        




7ª Estación:
Jesús carga con la cruz  (Jn 19, 16-17)

         Ya estaba todo decidido. Ahora es cuestión de ejecutar. Un poco de rutina. Manos acostumbradas pusieron la cruz sobre los hombros de Cristo. Era una cruz muy grande, era la cruz del mundo.
         Me imagino a Cristo besando la cruz. No era el leño de madera el que besaba, era el sufrimiento humano. Desde entonces besamos noso­tros la cruz. ¿Cuántas veces la besamos?   
         Sin embargo, también hoy seguimos poniendo la cruz, el sufrimiento, sobre los hombros de tantos “cristos”, de tantos hermanos nuestros que sufren dolor y desprecio: refugiados, drogadictos, ancianos,… ¿Soy yo de los que echan la cruz sobre los hombros de los demás?






Estación:
Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz (Mc 15, 21 )

         Simón de Cirene, ¡bendito sea! Es una buena noticia en toda esta dura y dramática secuencia. De la manera que mejor pudo, procuró ayudar a Cristo con su cruz.
         A pesar de tanto dolor, también hay personas que piensan en los demás. A veces en las situaciones más desesperadas, puede surgir la mano amiga, el hombro solidario, la palabra animosa, el gesto comprensivo. Con Simón de Cirene hay lugar a la esperanza.
         Cuando veas a alguien con la cruz a cues­tas, por el camino de la vida, procura acercarte, procura echar una mano, ser solidario. Ayudando al que sufre, estás ayudando a Cristo a llevar su cruz.





9ª Estación:
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén (Lc 23, 28)

         Estas mujeres, represen­tan a lo mejor de aquel pueblo. Ellas no se dejaron comprar ni seducir por las autoridades. Ellas no sabían de cuestiones teológicas o políticas. Ellas se dejaron llevar por su corazón.
         Estas mujeres pusieron la misericordia sobre la justicia. No im­portan las causas de la condena. Lo que importa era que Jesús era bueno, que Jesús hizo el bien y que ahora está sufriendo espantosamente.
         Mientras haya mujeres compasivas, mientras haya personas con corazón, podemos abrirnos a la esperanza. Hay ocasiones en que no se puede hacer otra cosa más que llorar. No son posibles acciones libera­doras. No valen para nada las palabras. Solo el silencio, la cercanía, la oración y las lágrimas. Aunque esas lagrimas, como las de las piadosas mujeres, son ya oración.


         10ª Estación:
Jesús es crucificado (Lc 23, 33-34; Mc 15, 22-28)

         En el monte Calvario Jesús fue crucificado, es decir, fue despo­jado de todo, de sus vestidos y de su dignidad, y fue clavado a la cruz. Es puro dolor. Todo su cuerpo es dolor. Toda su alma es dolor.
         El dolor de las espinas, de los azotes, de los clavos. El dolor de los vestidos despojados, de la vergüenza, de la burla. El dolor de los insultos, de las risas, de los comentarios. El dolor del fracaso, del abandono, de la impotencia. El dolor de la inmovilidad esperando allí la muerte.
         Lleva nuestros dolores: los de todos los crucificados y masacra­dos, los dolores de los despojados, torturados, y calumniados. Los dolores de los secuestrados, violados y esclavizados,… Los dolores de todos los seres humanos.



11ª Estación:
Jesús promete su reino al buen ladrón (Lc 23, 40-43)

         Este ladrón arrepentido fue el primer fruto visible de la Redención. El estar cerca de Jesús fue para él una suerte, la ocasión de su vida, una bendición y una gracia. El otro ladrón parecía ciego y sordo.
         Algo se conmovió en el ladrón. Y le suplicó con humildad: «Acuérdate de mi cuando vayas a tu Reino.» Alguien puso la primera rosa en la cruz del Señor.
         Jesús le promete algo más que un recuerdo, le promete una pronta presencia: «Hoy estarás conmigo en el paraíso.» Vivías en el in­fierno, pero ya se acabo para ti. Vivías en la violencia y en el odio, hoy empezaras a vivir en el amor.
         ¿No habrá por el mundo muchos buenos ladrones, delincuentes, que están esperando la cercanía de un Cristo misericordioso para abrirse a la vida nueva de la libertad y del amor? ¿Procuramos acercarnos a ellos, echarles una mano?


12ª Estación:
Jesús en la cruz, su Madre y el discípulo (Jn 19, 25-27)

         Mucha gente había en el Calvario, pero quien realmente «estaba» allí era María. Ella no estaba simplemente mirando, estaba contem­plando, compartiendo, estaba asumiendo y compenetrándose con la Pasión del hijo.  
         Ahora Jesús mira agradecido a su madre. Allí estaba también Juan, el discípulo fiel, el discípulo amado. Antes de morir, se preocupa por ellos, y les hace una mutua entrega: «Madre, ahí tienes a tu hijo»; «hijo, ahí tienes a tu Madre». 
         Podemos dar al mundo la buena noticia: que nadie se sienta solo, que nadie se sienta huérfano. Siempre hay una Madre, que nos protege, que nos ama y nos hace partícipes del amor de Dios.
         Si el ladrón arrepentido fue la primera rosa de la cruz, María ha sido siempre la jardinera de Dios en nuestro mundo, procurando hacer un mundo más bello para su Hijo.



13ª Estación:
Jesús muere en la cruz (Lc 23, 44-49)

         Desde la media mañana a la media tarde estuvo Jesús clavado en el madero, ofreciendo a Dios-Padre el dolor de todos los hombres. Jesús no sentía nada gratificante. Todo era amargo y os­curo. Ni la mas pequeña luz. Todo era sufrimiento y angustia, y grita su Padre: «¿Por que me has abandonado?»
         Pero al mismo tiempo, a pesar de tanto dolor, sigue confiando en Dios y sus últimas palabras fueron: PADRE, EN TUS MANOS PONGO MI ESPIRITU. En la cruz se ha manifestado al máximo el amor de Jesús al dar su vida por nuestra salvación, pues nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. La Cruz es desde entonces el símbolo del Amor y la llave que nos abre la puerta de la Vida Eterna.




14ª Estación:
Jesús es colocado en el sepulcro (Jn 19, 38-42)

         Ese cuerpo roto era el grano de trigo que caía en tierra. La tierra madre lo acogía en sus entrañas y se estremecía. No era una carga inservible lo que se enterraba, ni siquiera una maravillosa reli­quia, era una materia pronta a convertirse en energía, un sol oscure­cido, pero que pronto se encendería, una semilla que va a florecer y dar frutos de Vida Eterna.
            Ya solo queda esperar al tercer día, el que viene después del sá­bado, para que resurja esa semilla, para que resucite y nos abra definitivamente a todos la puerta de un Mundo Nuevo. Tenemos que vivir con esperanza, sabiendo que el Espíritu de Dios transformará el cuerpo de Jesús y nos transformará también a todos nosotros cuando nos llegue el momento.