ORACIÓN. QUE SEPAMOS
DAR SENTIDO A LO QUE CELEBRAMOS
Tengo
ante mí una celebración especial: puede ser la boda de unos amigos, la celebración
una confirmación, la primera eucaristía de uno de mis hijos, un bautismo… El caso es que ante eso suelen ocurrir
varias cosas y todas a la vez.
Hay
gente que casi nunca pisa una iglesia, pero que esta vez, va a cercarse. Quizás
sea yo sea una de esas personas que practica poco, y me resultan lejanas esas
celebraciones religiosas.
También
hay gente que no entiende lo que se celebra y se deja distraer por todo lo que
rodea al evento: trajes, fotos, flores, bullicio, comidas…
También
hay gente para quien lo importante es, de verdad, celebrar delante de Dios la
vida que nace, crece, se comparte.
Sea
lo que sea, que este momento de oración me ayude a darle sentido a lo que me
toca celebrar.
Trata
de comprender estos fragmentos de la conversación entre Jesús y la mujer samaritana
en el evangelio de Juan (4, 19-21; 23-36):
Le dijo la mujer: “Señor,
veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; vosotros en
cambio decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto”.
Jesús contestó: “Créeme,
mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al
Padre. Llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico darán
culto al Padre en espíritu y verdad. Tal es el culto que busca el Padre. Dios
es Espíritu y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”.
La mujer repuso: “Sé que
vendrá el Mesías –es decir, Cristo–. Cuando él venga, nos lo explicará todo”.
Jesús le dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
Una
celebración no es un rito vacío. No importa el puesto que ocupes, ni las ropas,
los adornos, las flores, los regalos… Todo eso es solo expresión de alegría por
algo mucho mayor, sino no tiene sentido.
Pienso
a lo que se me invita a celebrar en la vida. Tal vez sea el pedir el futuro y
la bendición para una vida que comienza. O el crecimiento en sabiduría, en
hondura o fe de alguien o la consolidación del amor de una pareja. Sea lo que
sea pido por ellos.
Dar culto en Espíritu
y verdad
es una imagen bonita.
Cualquier
celebración religiosa solo tiene sentido
si es una manera de hacer presente a Dios en la vida,
para
que ese Espíritu de Dios brille en nuestra historia,
que
las personas vayan siendo imagen de Dios cada día,
en
la pasión y justicia en la que viven,
la
generosidad y hondura en la que aman,
la
sabiduría con la que buscan respuestas.
Tal
vez soy de los que lo pasan fatal cuando una celebración
se
convierte en un circo.
Y
veo un montón de gente para la que no significa nada,
ni
responden, ni atienden,
ni
parecen intuir lo que está en juego,
pero
que eso no se convierte en mudo reproche o enfado,
al
revés, ojala con mi manera de estar pueda transmitir lo que verdaderamente
importa.
Tal
vez yo también necesito recordar lo realmente importante:
Es
Jesús que, haciéndose presente, susurra: Yo soy.
Renovaos en la mente
y en el Espíritu
y vestíos de la nueva
condición humana
Si
voy a asistir a alguna celebración, a un sacramento,
Pienso
en quien lo va a “recibir”.
pido
a Dios por su vida, por su futuro, por su camino,
y
convierto la oración en un deseo de bendición:
Bendice, Señor, la vida
de quien se acerca a ti.
Que tu palabra se
convierta en guía para su camino.
Que tu pan sea alimento
en su mesa, compartido y entregado.
Que tu voz sea enseñanza
para las decisiones que haya en el futuro.
Que tu vida sea escuela y
modelo para su hogar y su familia.
Bendice, Señor, su
pensamiento, para que te busque con criterio,
su corazón, para que ame
con ternura,
sus manos, para que sepan
construir, acariciar y sostener a otros,
sus pies, para que le
lleven por los lugares donde hace falta tu evangelio.
Bendice, Señor, a quienes
le rodean, sus gentes, amigos, compañeros,
para que en todas las
vidas se vaya haciendo tu luz.
Termino
este momento de oración presentándote también mi vida, Señor.
Deseo
que tu Palabra, tu Luz y tu Amistad
se
convierta en guía para vivir y disfrutas las celebraciones, los sacramentos,
las fiestas