Mostrando entradas con la etiqueta ORACIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ORACIÓN. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de mayo de 2020

ORAR EN PASCUA

La primera noticia de los primeros cristianos era esta:

 “Vosotros, los poderosos, lo matasteis, pero Dios lo resucitó”.

Los poderosos han querido eliminar a Jesús y apagar su voz.

Esta es la gran noticia: Dios le ha dado la razón al crucificado.

El rechazado por todos ha sido acogido.

El despreciado ha sido glorificado.

El muerto en la Cruz está más vivo que nunca.

Dios se identifica con los crucificados.

                      

Nadie sufre que Dios no sufra.

Ningún grito deja de ser escuchado.

Ninguna queja se pierde en el vacío.

Los “niños de la calle” tienen Padre.

Las mujeres ultrajadas por su pareja tienen un último defensor.

Los jóvenes que se suicidan en Europa acaban su vida acompañados por Dios.

Y Dios sólo quiere la vida, la vida eterna, la vida para todos.

 

Ese Dios que ha resucitado a Jesús

está en nuestras lágrimas y penas como consuelo misterioso.

Está en nuestras depresiones como presencia callada

que acompaña en la soledad y tristeza incomprendidas.

Está en nuestro pecado como amor misericordioso

que nos soporta con paciencia infinita.

Estará incluso en nuestra muerte conduciéndonos a la vida,

cuando parezca extinguirse.

 

Hoy es la fiesta de los que se sienten solos y perdidos,

de los enfermos incurables y de los moribundos.

Es la fiesta de los que viven muertos por dentro

y sin fuerza para resucitar.

La fiesta de los que sufren en silencio agobiados por el peso de la vida

o la mediocridad de su corazón.

Es la fiesta de los mortales porque Dios es nuestra resurrección.

AMÉN

 

martes, 31 de marzo de 2020

SALMO DEL 1 DE ABRIL DE 2020
¿Qué imagen tengo de Dios?
¿Es la imagen de un Dios que siempre escucha? Y yo, nosotros, ¿escuchamos a Dios?

Le dijo Dios a Moisés:
"Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel… (Ex 3)

SALMO 101,2-3.16-18.19-21
Señor escucha mi oraciónSeñor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro

el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame enseguida
.

Señor, escucha nuestra oración en estos tiempos de virus,
de desolación, de miedo, de muerte, .
Escucha, Padre de bondad, nuestros de gritos de auxilio,
de impotencia, de incertidumbre, de urgencia.
Escucha nuestras plegarias, nuestros silencios,
acoge nuestros miedos y ansiedades…
Que toda esta debilidad nos ponga en camino hacia ti.   

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones
.

Señor llena nuestro corazón de esperanza.
Que podamos hablar en presente y en futuro.
Vuélvete hacia nosotros, Señor.
Reconstruye, renueva, nuestras ilusiones, nuestros proyectos,
nuestras ganas de seguir viviendo.


Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte
.

Que las generaciones futuras aprendan a convivir juntos,
a solucionar juntos los problemas,
aprendan a sufrir juntos y reír juntos,
que desaparezcan estas desigualdades fruto de la injusticia.
Que los humanos aprendamos a convivir, a respetarnos y ayudarnos,  
comenzando por los más débiles.
Que aprendamos la dura lección de que todos somos la gran familia de la humanidad,
la gran familia de hijos e hijas,
tus hijos, Señor, tus hijos.  Amén. 

viernes, 27 de marzo de 2020


Imagen cristiana con versículos: Yo soy la resurrección y la vidaORACIÓN PARA CUANDO LOS FAMILIARES MUEREN “SOLOS”
Señor, me acaban de dar la noticia que mi……. ha fallecido.
¡Y estaba solo! Ha muerto solo. Ha muerto… solo.
Ninguno de la familia lo hemos podido acompañar en estos momentos
¡Cuando más nos necesitaba!
Tampoco nos hemos podido despedir de él.  
Nadie merece morir así.
Vivo en la impotencia, en la rabia,
una fuerte sensación de frustración me invade.
Se me rompe el corazón, las entrañas, con solo pensarlo.
Pero…
Señor yo creo en ti, confío en ti,
y sé por la fe que mi ……. estaba, está y estará contigo, en ti.
Aunque no lo parezca: Nadie muere solo.
¿Dónde estabas cuando murió tu hijo en la cruz?
“En la cruz”.
¿Dónde estás ahora que mi…. ha muerto?
Él /ella ya está en mí.
Soy Padre que no descuida ni por un momento a sus hijos.
Soy Dios de vivos, no de muertos, pues para mí todos viven.
Mi amor es más fuerte que la muerte.    
Ten fe. Tu…. Ha resucitado.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

OTRA ORACIÓN
Señor, Jesús, tu nos dices que “Yo soy la resurrección y la vida,
el que cree en mí y haya muerto vivirá
y el que está vivo y cree en mi no morirá para siempre”.
Señor de la vida,
en estos momentos de inmenso dolor por la muerte de mi….
pongo en tus manos de Padre a mi ………
Ahora está en las mejores manos.
Ahora solo puedo llorar y rezar.
Y pedirte que abras nuestras puertas a la esperanza.

En medio de este dolor que nos abrasa,
danos la confianza para descubrir que no somos todo,
que no lo podemos todo.
Desde nuestro dolor y nuestra fragilidad te damos gracias por mi…..
por lo que hemos vivido juntos.
Aumenta nuestra fe para creer en ti,
Señor Jesús de Nazaret, muerto y resucitado
que nos has abierto las puertas a una Vida nueva que no se acaba.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



martes, 24 de marzo de 2020


Resultado de imagen de JESÚS Y SILENCIO24 DE MARZO

ORACIÓN
Señor, Jesús, tu eres nuestro futuro.

Señor, llevamos ya unos días de confinamiento,
sin salir de casa.
Hay momentos para todo: para la alegría, el aburrimiento, los recuerdos,
el entretenimiento, la oración, compartir, el silencio…
Hay momentos para descubrir lo oculto,
para darnos cuenta en que “gastamos” nuestra vida,
tan llena de cosas, trabajos, descansos… todo programado,
atado y bien atado.

Y ahora parece que tenemos todo el tiempo del mundo.
Y muchas veces no sabemos qué hacer.
Nos ha tocado ser nosotros mismos,
sin prisas, sin mascarás, sin postizos
y en muchas ocasiones no sabemos qué hacer,
o cómo reaccionar.

Señor, Jesús, tú estás en nuestro presente,
Conviertes nuestro pasado en historia de salvación,
Eres nuestro futuro.
eres nuestro futuro ahora cuando parece que este tiempo es interminable,
plagado de malas noticias;
eres nuestra esperanza en medio de esta oscuridad;
eres nuestra infinitud en medio de tanta limitación e impotencia;
eres la luz que apenas vislumbramos al final del túnel,
pero sabemos que Estás;
eres el mensaje que todos quisiéramos recibir,
la Buena Noticia que alegra el alma,
eres la Palabra que necesitamos en estos tiempos de silencio,
eres el Silencio en medio de esta soledad,
eres Presencia en medio de esta ausencia,
eres la Vida cuando todo parece muerte,
eres Esperanza cuando impresiona y acobarda el presente.
Eres el futuro, desde nuestro presente.
Amén.


lunes, 23 de marzo de 2020


¿DÓNDE ESTÁ DIOS AHORA?
La pregunta puede parecer retórica pero no creo que lo sea. Es la pregunta que nos hacemos muchos ahora, creyentes o no creyentes.  

Sea quien sea Dios siempre es un misterio. Nunca podremos con nuestra mente comprender adecuadamente quien es. Si buscamos una noción clara y precisa de quien es Dios no la encontraremos en ningún sitio. Y si alguien da una definición clara y nítida, entonces es falsa.

Que Dios sea un misterio no quiere decir que sea ininteligible o que no tengamos a acceso a él. Podemos llegar a conocer un misterio, pero cuanto más entremos en el misterio de dios, más cogidos nos sentiremos y más cuenta nos daremos que Dios es misterio.

Por otra parte, si insistiéramos en que primero debemos probar la existencia de Dios y después dirigirnos él, nunca le encontraremos. Porque Dios no es un problema intelectual que podamos resolver, como si fuera una ecuación. Un Dios así no existe.
Encontramos a Dios, al Dios de Jesús, primero en nuestro corazón, solo después podremos especular con nuestra mente. Dios no es la conclusión de un silogismo, sino un Persona.

Descendamos un poco, y afirmemos que el lugar de encuentro con Dios es en Jesús de Nazaret. A la pregunta inicial, ¿Dónde está Dios ahora? podemos responder diciendo: coge el evangelio, abre cualquier página, busca a ver si hay sufrimiento y allí está Jesús Dios. Es decir, nos encontramos con Jesús, y por tanto con el Dios de Jesús, en el sufrimiento, en el dolor, en la impotencia, en el luto, en la desesperación, en el miedo. En todas esas situaciones que estamos viviendo ahora, y siempre.

Otra cosa es que reflexionamos sobre qué imagen tenemos de Dios. ¿Cuál es nuestra imagen? Solo será válida la que conecte y esté inspirada en el evangelio. Las demás son falsas. Lo cual no quiere decir que no surjan preguntas a ese “Dios filosófico” ¿Por qué esto ahora? ¿Por qué a nosotros? O nos hagamos preguntas-trampa: si eres todopoderoso ¿Por qué permites eso? ¿Por qué no nos libra Dios de esta pandemia? “Si no lo hace, entonces es que no existe”. Tengamos cuidado con el lenguaje, con expresiones como “Dios permite esto…”, “Esto es la voluntad de Dios”… Y demás frases que no solucionan nada.

Como siempre, la propuesta es ir a Jesús de Nazaret, a su evangelio y descubrir allí su estilo de vida, sus valores, su actuación, su preferencia y su presencia en medio del sufrimiento, por ejemplo. Aquí ya no vale teorizar. Y siempre, siempre, nos acompañara la pregunta: en el momento de la cruz de Jesús, ¿Dónde estaba Dios Padre? Busca, busca…. En la cruz. Nuestro Dios es un Dios crucificado.

martes, 17 de marzo de 2020

MARTES, 17 DE MARZO

Seguimos en emergencia, en alarma. Antes de escribir este relato, me he dado una vuelta, muy rápida, por algunos periódicos de Internet. Estoy apesadumbrado. Como no podía ser de otra manera, la mayoría de las noticias centradas en la situación actual del virus en España y en el mundo. Creo que no necesita más comentario.

La primera reacción es de miedo, de preocupación. ¿Esto cuando se va a acabar? ¿Hasta dónde va a llegar? Inmediatamente, uno lo personaliza: ¿y si me toca a mí? Después, surgen pensamientos y emociones de solidaridad. Pienso en los enfermos, en toda la gente de los hospitales, en los que están en sus casas, solos… LA cabeza, y el corazón, se llenan de pensamientos, sentimientos… Es como una montaña rusa que sube y baja y parece no tener fin.

Después de las primeras impresiones, descendiendo un poco, bajando, busco alguna referencia en el evangelio, palabras de consuelo y de ánimo, para mí y para todos. Intento traspasar esas aguas superficiales que tanto me crispan, un poco caóticas, llenas de preocupaciones y huidas, y profundizar, descender en la Palabra.
Prefiero interpretar la realidad desde el evangelio, desde Jesús. Es un intento continuo.  Los hechos son los que son. No los puedo cambiar, pero si los puedo interpretar de maneras más sanas.

Una de las propuestas del evangelio, es descubrir cómo interpretaba Jesús su alrededor, sus relaciones, las diversas situaciones, como por ejemplo la enfermedad, la maldad (el pecado), la amistad, la ayuda, el perdón, el poder, la autoridad, la política, la economía…
En Jesús vemos, de eso nos habla el evangelio de hoy, como lo más importante es el perdón. El perdón que comienza por la experiencia del perdón de Dios. LO primero es la experiencia del perdón de Dios, sentirse perdonados por Dios, in-condicionalmente, sin condiciones.  Y de aquí perdonar a los demás. Si tengo la experiencia del perdón de Dios, podré perdonar a los demás y a mí mismo.
Resultado de imagen de pastoral sj ojos 
Se requiere una especie de “conciencia compasiva” que nos haga posible una vida más humana. Machacarnos menos. No juzgar, no castigarnos. Se requiere contemplar más. Cuesta mucho cambiar nuestra mentalidad, nuestros hábitos. Pero ahora es tiempo oportuno para hacerlo. La naturaleza nos dice que “así no”. Es preciso vernos, mirarnos, mirar, dejarnos mirar por Aquel que no juzga ni condena, sino que contempla, perdona, ama.

La compasión es la fuerza más noble porque te lleva a “sufrir con”. Es tal la solidaridad con el otro que cargas con el sufrimiento del otro. Como Cristo. (No es lo mismo que “pena”. La pena se fija en lo que le falta al otro o así mismo. Tampoco es auto-compasión malsana) 
Es poder mirar al otro, así mismo, con otra mirada, con otros ojos, con los ojos de Cristo.

lunes, 16 de marzo de 2020

DÍA 16 DE MARZO. LUNES. 

Escribía el gran Martín Descalzo, escritor, poeta... y sacerdote que: "Hay que amarse deprisa, porque la vida es corta". Él se lo decía al hablar de la muerte de su padre. Como había dejado muchos domingos de ir a verlo, cuando estaba enfermo, porque tenía muchas cosas que hacer, muchos artículos que escribir... Y tanto era el amor de su padre hacia él, que los domingos no eran cuando coincidían en el calendario, sino cuando iba a verle su hijo. 

Esta referencia nos puede servir hoy, en estos días, y siempre, para descubrir lo esencial e importante de nuestras vidas. ¿Cuántas veces dejamos de vivir en lo “importante” porque vivimos apretujados por lo “urgente”? Y así, al final, todo se convierte en "urgente" como si nada fuera importante.

También, creo que estos días son oportunidades para valorar lo esencial. Distinguir lo esencial de lo accesorio, que sigue la misma lógica que lo dicho anteriormente. Si damos la misma importancia a lo accesorio que a lo esencial, al final todo parece que se convierte en esencial. Y no lo es.
¿Qué es para mí en estos momentos lo esencial de mi vida? ¿Son cosas, son aspiraciones, son personas, son valores? ¿Cuándo parece que todo se tambalea, dónde pongo el ancla (símbolo de la esperanza) de mi vida?

Otro ejemplo. Ha salido una nota de la conferencia Episcopal española, diciendo que se suspenden todas las procesiones y actos públicos de la Semana Santa.  ¿Esto esencial o accesorio, importante o urgente?
Me imagino que hay para todas las opiniones.
Pero volvamos a lo esencial. ¿Cuál es el centro? Jesús de Nazaret, celebrar su pasión, muerte y Resurrección. Y de aquí viene todo, todo lo demás. En tiempos de fuertes crisis, no deberíamos estar dando tantas vueltas a todo aquello que no corresponde al centro. Si quitáramos la fe en Jesús de Nazaret, ¿las procesiones se seguirían celebrando?  
(Pero esto mismo se podría aplicar en cualquier orden de la vida social, política, económica… Hace mucho daño el querer estar siempre reivindicando privilegios, derechos. ¿Por qué no hablamos de servir, de renunciar?)
Resultado de imagen de oasis en el desierto 

Estamos en el desierto de la cuaresma, os invito a acercarnos al oasis del Evangelio. En el centro del oasis: Jesús, fuente de agua viva. 

sábado, 14 de marzo de 2020

SÁBADO, 14 DE MARZO DE 2020

SONARÁN  LAS CAMPANAS EN FONTANAR

La gente en la distancia, al escuchar las campanas, se sentirá reconfortada y sabrá que Dios sigue cuidando de cada uno. Podemos estar cerca o lejos unos de otros, pero todos sabrán que la misa que se celebra en nuestra parroquia es por todos. 

Por eso esta tarde, a las 6, como los demás sábados, y mañana a las 12,15, domingo, las campanas de la iglesia de Fontanar seguirán sonando. Y dará inicio la celebración de la Eucaristía, con gente o sin gente, pero al servicio siempre del pueblo. 

Hablando de Misa, de Eucaristía…
¿Es una obligación venir a Misa? Claro que no. Nunca lo es. Celebrar la Eucaristía es algo más que una devoción, que también puede que sea.

Celebrar la Eucaristía es una necesidad.
Es valorar que Cristo se hace presente en nuestra vida. Cada día. Todos los días. Con gente o sin gente. Pero la comunidad siempre está presente.

Celebrar la Eucaristía, como nos dice el evangelio de mañana (encuentro de Jesús y la mujer samaritana) es beber de la fuente de sentido, de paz, de Vida, que nunca se agota. La Eucaristía es para los sedientos, para los que tienen sed de otra cosa: de sentido más allá del miedo. ¡Dime de qué fuente bebes y te diré tu salud o tu sufrimiento!

Celebrar la Eucaristía es dejar que Jesús se acerca a nuestra vida, y como a los discípulos de Emús, nos pregunte: “¿De qué vais hablando por el camino de la vida?” Le contaremos lo que estamos viviendo, nuestros miedos, dudas e incertidumbres… Le invitaremos a que se quede con nosotros. Y cuando menos lo esperemos, El partirá el pan, nos lo dará a comer (no sé si en la boca, en las manos o en los pies)  y a nosotros se nos abrirán los ojos para descubrir que el Resucitado está siempre en nuestros caminos. También ahora. Sobre todo, ahora.

Celebrar la Eucaristía es acoger en nosotros otra Palara, otra Voz. Pues estamos cansados de las miles de voces, sonidos, palabras que nos avisan, son una urgencia o una emergencia, ¡y seguro que nos hacen falta esas voces! Pero no son las únicas. También necesitamos la voz de Jesús: Dame de beber.
Señor eres tú la fuente de agua viva

viernes, 13 de marzo de 2020


13 DE MARZO DE 2020

Estamos con lo del virus, coronavirus, “corona-leches”.
Cada vez las noticias son más alarmantes. Por tanto, más miedo, más ansiedad. En medio de este caos, me choca, Señor, que aparecen pocas, muy pocas noticas interpretadas desde la fe, desde el evangelio. E incluso desde los medios “eclesiales.

Por un lado, están esos mensajes de wasap que invitan a rezar para que Dios intervenga ya. Es preciso hacer una novena, sacar un santo, “hay que mover la voluntad de Dios todopoderoso para que se mueva y pare esto".

Por otro, todo esto nos lo merecemos por nuestros pecados. Que para eso ya está un Dios justo y con mucho poder para castigarnos. Cada vez que veo esto lo interpreto al revés: “la naturaleza no perdona nunca, el ser humano a veces, Dios siempre”.

Me imagino que habrá también noticias de gente que está sirviendo a los demás, trabajando un montón de horas para parar esta plaga. Pero estas no aparecen. Pero las hay.

También se ha montado, en medios eclesiales, una gran polémica por lo de comulgar en la mano o en la boca. Voy a proponer que “se comulga haciendo el pino”. ¡Ojo la que se ha armado! Lo importante es comulgar, comulgar. La forma más antigua, más tradicional de comulgar, es en la mano. “Como si la mano fuera un trono, tu altar, donde Cristo sacramento viene a ti para que comulgar contigo, y tú con él”. Lo importante es comulgar. Lo demás, guardando el respeto y punto.

Insisto en lo que apuntaba al comienzo: ¿no nos dice nada el evangelio de Jesús como clave de interpretar esta realidad que estamos viviendo? Nos mandamos mil wasap, sobre todo, para enterarnos como se desarrolla esta plaga. ¡No he visto ni uno que me hable del evangelio! Ni siquiera desde los ambientes eclesiales.  Por eso creo que se precisa interpretar, ver, esta realidad desde Jesús de Nazaret.

Termino esta entrada con la transcripción de una carta que ha escrito un obispo francés, una referencia a un obispo francés, Pascal Roland, obispo de Belley-Ars. Hay cosas con las que estoy poco de acuerdo, con otras mucho. Pero me parece “alternativa”, distinta.
Más que a la epidemia del coronavirus, ¡debemos temer a la epidemia del miedo! Por mi parte, me niego a ceder al pánico colectivo y a someterme al principio de precaución que parece mover a las instituciones civiles.
Por lo tanto, no tengo la intención de emitir instrucciones específicas para mi diócesis: ¿Dejarán de reunirse los cristianos para rezar?  ¿Renunciarán a frecuentar y ayudar a sus semejantes? Aparte de las medidas de prudencia elemental que cada uno toma de manera espontánea para no contaminar a otros cuando se está enfermo, no es oportuno agregar más.
Deberíamos recordar más bien que en situaciones mucho más graves, aquellas de las grandes plagas, y cuando los medios sanitarios no eran los de hoy, las poblaciones cristianas se ilustraron con procedimientos de oración colectiva, así como  por la ayuda a los enfermos, la asistencia a los moribundos y la sepultura de los fallecidos.  En resumen, los discípulos de Cristo no se apartaron de Dios ni se escondieron de sus semejantes, ¡sino todo lo contrario!
¿No resulta revelador de nuestra relación distorsionada de la realidad de la muerte el pánico colectivo que hoy estamos presenciando? ¿No manifiesta ésta la ansiedad que provoca la pérdida de Dios? Queremos ocultarnos que somos mortales y, cerrándonos a la dimensión espiritual de nuestro ser, perdemos terreno. Debido a que disponemos de técnicas cada vez más sofisticadas y más eficientes, ¡pretendemos dominarlo todo y ocultamos que no somos los dueños de la vida!
De paso, tengamos en cuenta que la coincidencia de esta epidemia con los debates sobre las leyes de bioética ¡nos recuerda afortunadamente nuestra fragilidad humana!  Esta crisis mundial presenta al menos la ventaja de recordarnos que vivimos en una casa común, que todos somos vulnerables e interdependientes, y que ¡es más urgente cooperar que cerrar nuestras fronteras!
Además ¡parece que todos hemos perdido la cabeza! En todo caso, vivimos en la mentira ¿Por qué de repente enfocar nuestra atención sólo en el coronavirus?  ¿Por qué ocultarnos que cada año, en Francia, la banal gripe estacional afecta a entre 2 y 6 millones de enfermos y provoca alrededor de 8.000 muertes?  También parece que hemos eliminado de nuestra memoria colectiva el hecho de que el alcohol es responsable de 41.000 muertes por año, mientras que se estima en ¡73.000 las provocadas por el tabaco!
Alejada de mí entonces, la idea de prescribir el cierre de iglesias, la supresión de misas, el abandono del gesto de paz durante la Eucaristía, la imposición de este o aquel modo de comunión considerado más higiénico (dicho esto, ¡cada uno podrá hacer como quiera!), porque una iglesia no es un lugar de riesgo, sino un lugar de salvación. Es un espacio donde acogemos a Aquel que es Vida, Jesucristo, y donde, a través de Él, con Él y en Él, aprendemos juntos a vivir. Una iglesia debe seguir siendo lo que es: ¡un lugar de esperanza!
¿Deberíamos sellar a piedra y lodo nuestras casas?  ¿Deberíamos saquear el supermercado del barrio y acumular reservas para prepararnos para un asedio? ¡No! Pues un cristiano no teme a la muerte. Es consciente de que es mortal, pero sabe en quién ha puesto su confianza. Cree en Jesús, que le afirma: « Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá. Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás » (Juan 11, 25-26).  Él se sabe habitado y animado por el « Espíritu de Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos » (Romanos 8, 11).
Además, un cristiano no se pertenece a sí mismo, su vida está entregada, porque sigue a Jesús, quien enseña: « Quien quiere salvar su vida, la perderá, y quien pierde su vida a causa de Mí y del Evangelio, la salvará » (Marcos 8, 35). Ciertamente, el cristiano no se expone innecesariamente, pero tampoco trata de preservarse.  Siguiendo a su Maestro y Señor crucificado, el cristiano aprende a entregarse generosamente al servicio de sus hermanos más frágiles, desde la perspectiva de la vida eterna.






11 DE MARZO DE 2020

Queridos feligreses.
Estoy cagado de miedo por esto del virus.
Si. Os lo confieso yo también tengo miedo. Y este miedo me produce ansiedad y me hace sufrir mucho.
Mi fe en Jesucristo, que es lo que mueve mi vida, se tambalea. Entro en la duda y en la incertidumbre.

Me pregunto como Jesús: Padre, Dios mío, Dios ¿Por qué me has abandonado?

Lucho, me esfuerzo por buscar respuestas que me dejen tranquilo pero parece que la paz no es el resultado de mi esfuerzo y de mi control sino de la aceptación y la confianza.

El camino del miedo solo produce ansiedad.
Se precisa inventar, descubrir, otros caminos como es el camino del Evangelio. Jesús nos dice: Yo soy el camino que conduce al Padre.

No soy de hierro. Soy un ser humano que vive estos momentos con miedo y ansiedad. Y al mismo tiempo, confiando en Dios, en Jesús de Nazaret. ¡Ojala que mi fe sea algo más que una idea! Me gustaría que fuera el motor, la razón de mi vida.

Como escuchábamos en el evangelio del domingo pasado, la Transfiguración, me imagino  que Jesús se acerca a mí, a todos nosotros, a la humanidad entera, nos toca (ahora que no podemos tocarnos) nos acaricia, y con suave voz nos dice: “No estás solo. Yo estoy con vosotros, con todos y con cada uno. No tengas miedo”.

Os escribo esto de noche, cuando los pensamientos y las sensaciones e siente más negras.

Mi noche está siendo negra, no solo porque es de noche, sino que es de noche en mi mente y en mi espíritu. Por eso, quiero sentirme solidario con todos: con aquellos que esta noche están en vela por la fiebre, por la soledad, por la angustia, dando vueltas a sus pensamientos y emociones.

Con esperanza quiero deciros: Nos vamos a curar.

Jesús vive. Ha resucitado. Está con nosotros.
Jesús es más grande que nuestros miedos, que nuestras ansiedades y pensamientos.
Jesús, Maestro y Señor, ¡auméntame la confianza, auméntame la fe!
“Mi paz esté con vosotros, en vosotros”. Amén.


Mi recuerdo especial, mi solidaridad con las vcítmas muertas, las víctimas vivas de aquel trágico 11-M

domingo, 8 de marzo de 2020


DOMINGO 2º DE CUARESMA:
¡QUE BIEN ESTÁ AQUÍ CONTIGO, SEÑOR!

Al final de la semana, con tantas cosas pendientes: planes, exigencias, tareas por hacer… Necesito un tipo gratuito.
Tan solo estar, ser. Pero ser y estar contigo…
Mirarte y dejar que me mires y así poder conectar con lo más profundo de mi existencia.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo… (Ir al evangelio de hoy)

Y ahora, venid,
venid conmigo a un lugar tranquilo y descansad en mi vuestro cansancio.
Dejad que os cure las heridas que el trabajo por el Reino os ha dejado,
reponed con mi pan vuestras fuerzas
con mi vino alegraos el corazón.
Y ahora venid…

Que necesarios son esos momentos de intimidad como el que pasan Pedro, Santiago y Juan con Jesús. Es en uno de esos momentos en los que Jesús se transfigura. Y los tres discípulos entienden que su Maestro es también su Señor.
A mí también me invita Jesús a apartarme con él. Por eso estoy aquí ahora…

La voz que escuchan los discípulos confirma lo que pensaban sobre quien era Jesús. Su unión con el Padre es tan especial, que la voz que pronuncia el Padre revela a los tres discípulos que Jesús es el hijo predilecto, especial. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo confieso que Jesús es el hijo predilecto de Dios?

¡Qué bien se está aquí! Pedro, Santiago y Juan se quieren quedar allí, arriba, en la montaña porque se sienten muy a gusto con Jesús.
Pero tras la revelación, Jesús les invita a levantarse y bajar a los polvorientos caminos de Israel. El encuentro con el Señor nos lleva a caminar con él, a seguirle y a servirle.

Leo de nuevo el relato…
Es tiempo de amigos, en el que comparten algo íntimo. Miro, contemplo la escena del evangelio para que yo pueda percibir también quien es Jesús…

Como Pedro también puedo decirle a Jesús como me siento en su presencia, o sino la siento le digo cuanto deseo sentirla…

Que esta oración a lo largo de la semana pueda repetirme y recordar en mi interior: ¡Qué bien se está contigo, Señor! ¡Qué bien se está contigo, Señor!


jueves, 27 de febrero de 2020


ORACIÓN. QUE SEPAMOS DAR SENTIDO A LO QUE CELEBRAMOS

Tengo ante mí una celebración especial: puede ser la boda de unos amigos, la celebración una confirmación, la primera eucaristía de uno de mis hijos,  un bautismo… El caso es que ante eso suelen ocurrir  varias cosas y todas a la vez.

Hay gente que casi nunca pisa una iglesia, pero que esta vez, va a cercarse. Quizás sea yo sea una de esas personas que practica poco, y me resultan lejanas esas celebraciones religiosas.
También hay gente que no entiende lo que se celebra y se deja distraer por todo lo que rodea al evento: trajes, fotos, flores, bullicio, comidas…
También hay gente para quien lo importante es, de verdad, celebrar delante de Dios la vida que nace, crece, se comparte.
Sea lo que sea, que este momento de oración me ayude a darle sentido a lo que me toca celebrar.

Trata de comprender estos fragmentos de la conversación entre Jesús y la mujer samaritana en el evangelio de Juan (4, 19-21; 23-36):
Le dijo la mujer: “Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; vosotros en cambio decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto”.

Jesús contestó: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre en espíritu y verdad. Tal es el culto que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”.

La mujer repuso: “Sé que vendrá el Mesías –es decir, Cristo–. Cuando él venga, nos lo explicará todo”.

Jesús le dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.

Una celebración no es un rito vacío. No importa el puesto que ocupes, ni las ropas, los adornos, las flores, los regalos… Todo eso es solo expresión de alegría por algo mucho mayor, sino no tiene sentido.
Pienso a lo que se me invita a celebrar en la vida. Tal vez sea el pedir el futuro y la bendición para una vida que comienza. O el crecimiento en sabiduría, en hondura o fe de alguien o la consolidación del amor de una pareja. Sea lo que sea pido por ellos.

Dar culto en Espíritu y verdad es una imagen bonita.
Cualquier celebración religiosa solo tiene sentido si es una manera de hacer presente a Dios en la vida,
para que ese Espíritu de Dios brille en nuestra historia,
que las personas vayan siendo imagen de Dios cada día,
en la pasión y justicia en la que viven,
la generosidad y hondura en  la que aman,
la sabiduría con la que buscan respuestas.

Tal vez soy de los que lo pasan fatal cuando una celebración
se convierte en un circo.
Y veo un montón de gente para la que no significa nada,
ni responden, ni atienden,
ni parecen intuir lo que está en juego,
pero que eso no se convierte en mudo reproche o enfado,
al revés, ojala con mi manera de estar pueda transmitir lo que verdaderamente importa.
Tal vez yo también necesito recordar lo realmente importante:
Es Jesús que, haciéndose presente, susurra: Yo soy.

Renovaos en la mente y en el Espíritu
y vestíos de la nueva condición humana

Si voy a asistir a alguna celebración, a un sacramento,
Pienso en quien lo va a “recibir”.
pido a Dios por su vida, por su futuro, por su camino,
y convierto la oración en un deseo de bendición:

Bendice, Señor, la vida de quien se acerca a ti.
Que tu palabra se convierta en guía para su camino.
Que tu pan sea alimento en su mesa, compartido y entregado.
Que tu voz sea enseñanza para las decisiones que haya en el futuro.
Que tu vida sea escuela y modelo para su hogar y su familia.

Bendice, Señor, su pensamiento, para que te busque con criterio,
su corazón, para que ame con ternura,
sus manos, para que sepan construir, acariciar y sostener a otros,
sus pies, para que le lleven por los lugares donde hace falta tu evangelio.

Bendice, Señor, a quienes le rodean, sus gentes, amigos, compañeros,
para que en todas las vidas se vaya haciendo tu luz.

Termino este momento de oración presentándote también mi vida, Señor.
Deseo que tu Palabra, tu Luz y tu Amistad
se convierta en guía para vivir y disfrutas las celebraciones, los sacramentos, las fiestas