miércoles, 6 de mayo de 2020

ORAR EN PASCUA

La primera noticia de los primeros cristianos era esta:

 “Vosotros, los poderosos, lo matasteis, pero Dios lo resucitó”.

Los poderosos han querido eliminar a Jesús y apagar su voz.

Esta es la gran noticia: Dios le ha dado la razón al crucificado.

El rechazado por todos ha sido acogido.

El despreciado ha sido glorificado.

El muerto en la Cruz está más vivo que nunca.

Dios se identifica con los crucificados.

                      

Nadie sufre que Dios no sufra.

Ningún grito deja de ser escuchado.

Ninguna queja se pierde en el vacío.

Los “niños de la calle” tienen Padre.

Las mujeres ultrajadas por su pareja tienen un último defensor.

Los jóvenes que se suicidan en Europa acaban su vida acompañados por Dios.

Y Dios sólo quiere la vida, la vida eterna, la vida para todos.

 

Ese Dios que ha resucitado a Jesús

está en nuestras lágrimas y penas como consuelo misterioso.

Está en nuestras depresiones como presencia callada

que acompaña en la soledad y tristeza incomprendidas.

Está en nuestro pecado como amor misericordioso

que nos soporta con paciencia infinita.

Estará incluso en nuestra muerte conduciéndonos a la vida,

cuando parezca extinguirse.

 

Hoy es la fiesta de los que se sienten solos y perdidos,

de los enfermos incurables y de los moribundos.

Es la fiesta de los que viven muertos por dentro

y sin fuerza para resucitar.

La fiesta de los que sufren en silencio agobiados por el peso de la vida

o la mediocridad de su corazón.

Es la fiesta de los mortales porque Dios es nuestra resurrección.

AMÉN

 

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