miércoles, 6 de mayo de 2020

V DOMINGO DE PASCUA

Maria Delfina Santos (@delphysantos) | Twitter
Juan14,1-12

 

1.      TEXTO

14 1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.

5Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? 6Jesús le responde: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

 8Felipe le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. 9Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? 10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun

mayores, porque yo me voy al Padre.

 

2.      COMENTARIO

14 1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.

Hay una cierta inquietud en los discípulos. Están desconcertados por la salida de Judas (el relato está encuadrado en los postres de la última cena). La predicción de las tentaciones de Pedro, la afirmación de una misteriosa marcha de Jesús… les desconcierta. Jesús les invita a la confianza: no se turbe vuestro corazón. Hace referencia a la conmoción de toda la persona, una verdadera e intensa preocupación. La superación de esa conmoción solo se supera en la plena adhesión a Jesús y, por él, al Padre.

 

2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.

La casa es el hogar. Indica lugar y comunidad de vida. Se trata de intimidad. El Padre va a vivir con el discípulo que vive el mensaje de Jesús. Seguir a Jesús tiene como camino y meta formar parte de la familia del Padre, habitar con el Padre.

 

Comienza Jesús a descubrir el sentido de su partida, de su regreso al Padre. Su muerte/Resurrección es una vuelta al Padre. Es una nueva forma de relación con el Padre que va a culminar en su Resurrección: gloria de la humanidad de Jesús. Los suyos son miembros de la familia del Padre, que los acoge en su hogar. Jesús va a prepararles sitio. El Padre estará con ellos como entre sus hijos.

 

La expresión moradas hace referencia a Jn 14,23, y nos quedaremos a vivir con él, en él. Es la presencia del Padre en Jesús y de Jesús en el Padre. Jesús vuelve al Padre para procurar a sus discípulos un tipo de comunión similar a la suya.

Un lugar. Evoca el Templo que Jesús ha destruido con su muerte. La persona de Jesús es el verdadero Templo. La casa del Padre es Jesús. ¿Dónde encontrarnos con el Padre? En Jesús, es el lugar. El Padre está en Jesús.

 Donde estoy yo. Es nacer del Espíritu que lleva a plenitud la creación. En Jesús se aprende hasta dónde puede llegar la acción de Dios en el ser humano y de él se recibe la capacidad para seguir su camino. Jesús se marcha con Dios por el amor hasta la muerte. Jesús va a abrir camino. Se constituye en el único camino hacia el Padre, meta y plenitud dela humanidad. Jesús entra en un estado definitivo, en la esfera de lo divino, desde donde sigue actuando. Jesús es el camino.

 

5Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? 6Jesús le responde: Yo soy el camino y la verdad y la vida.

Los discípulos han de recorrer el mismo camino de Jesús, adoptar las mismas actitudes de servicio, de entrega. Por eso, la intervención de Tomás hace patente el desconocimiento/ignorancia de la misión e identidad de Jesús. No entienden que la muerte pueda expresarse como un paso que permita alcanzar una meta. La muerte es el final del viaje, es la meta. Por eso, no sabe dónde se marcha Jesús.

Jesús es el único camino hacia el Padre:

·       Camino. Es un término relativo, “hace referencia a”, conduce a algún sitio. Es toda la historia de Jesús, su actividad, su muerte y Resurrección. Desde su existencia junto al Padre hasta su vuelta a él. El camino del hombre hacia Dios y de Dios hacia el hombre pasa por Jesús.

Camino tiene que ver con seguimiento. Después de la llamada a los discípulos, Jesús se presenta como el lugar de comunicación con Dios, Jn 8,12: el que me sigue no camina en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. Yo soy la luz del mundo. Jesús es el camino de la luz, de la plenitud de la vida.

·       La verdad. Supone un contenido. Se identifica con la luz de la vida. La verdad bíblica no es contraria a la griega, pero si diferente. No afecta solo al entendimiento, sino a organizar y orientar  la vida. Jesús es la verdad en cuanto se identifica a Dios. Jesús mismo constituye la verdad de Dios. Quien hace de Jesús su referencia fundamental encuentra vida. El evangelista nunca define a Dios o a Jesús como la verdad. Para él, solo el hombre Jesús es la verdad en cuanto manifiesta la realidad de Dios y la del hombre. La palabra principal es camino hacia el Padre. Verdad y vida son explicación del camino.

·       La Vida. Es el término absoluto, al que hacen referencia camino y verdad. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla. Por ser la vida plena es el único camino. Solo su muerte y Resurrección muestran al ser humano el camino que lo lleva a realizarse, a la plenitud. Es la verdad total, la plena realidad del hombre y de Dios. 

Vida se identifica con paz, consecuencia de la presencia del Mesías. Es un don que Jesús otorga a los suyos. En este concepto se encierra la experiencia del Resucitado y del Espíritu, la experiencia definitiva del ser humano en su encuentro con Dios. Para descubrir algunas de las características de esta vida hay que acudir a Jn 6, el buen pastor.

Es la vida en abundancia, la plenitud de vida, de humanidad por la presencia del Espíritu.

 

Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.

El Padre es el destino, la meta del camino. Jesús es el único camino para ir al Padre. Fuera de él solo hay extravío/mentira/muerte. Los destellos de verdad que podemos encontrar son destellos del camino.

 

8Felipe le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

Por boca de Felipe aparece la falta de comprensión. Invitado por Jesús a seguirlo, Felipe lo identificó con la figura del Mesías según la mentalidad judía. Jesús es la realización/plenitud, no de la ley, sino del amor de Dios.

¿Qué sabemos de Felipe? El nombre quiere decir “amante de los caballos”. Es uno de los Doce, siguió a Jesús después de presentarle a Natanael (Jn 1,43), aparece de intermediario en la escena de la multiplicación de los panes (Jn 6) entre Jesús y los paganos (12,21), en el camino de Jerusalén a Gaza sirvió de guía al eunuco: ¿entiendes lo que estás leyendo? ¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?(Hech 8,26-39). A través de las palabras de Felipe, el evangelista proclama la necesidad honda/profunda y universal de conocer, de “ver” al Padre.

 

9Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre?

Jesús contesta con una queja. La convivencia no le ha sacado de la idea tradicional, no puede comprender que el Padre está presente en Jesús.

El verbo ver/visto no indica un ver con los ojos físicos, como si Dios pudiera ser objeto de nuestra visión, sino comprensión y experiencia de fe. Es la fuerza de un encuentro a nivel profundo y experimental. Se trata de una experiencia de revelación, de quitar velos, de auto-manifestación del Padre para entrar en comunicación con el ser humano. A través del Hijo, el creyente está en presencia del mismo Padre.

 

10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras.

Hay que tener en cuenta la doble perspectiva, un doble plano, que está presente en el relato:

·       Antes de Pascua: el discípulo aún no ha penetrado en el  misterio de Jesús.

·       Después de la experiencia pascual: el discípulo se siente en la esfera de lo divino, en el ambiente del Padre por la comunión con Jesús, mediante el Espíritu. La presencia del Padre en Jesús es dinámica. A través de él ejerce su actividad por ser el lugar de la presencia del Padre.

 

11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

Obras, “erga”,tiene sentido pasivo: las obras realizadas. Son acciones a favor del ser humano y  manifiestan al Padre. Son obras del Padre por las que se realiza su proyecto, su plan: dar vida en abundancia a la humanidad. Estas obras son el testimonio del Padre a favor de su hijo. Por ellas se llega a la fe en que Jesús es el enviado de Dios/Padre. No hacer caso a estas obras como testimonio delata una situación de pecado.

Estas obrasson las acciones que dan al ser humano fuerza/libertad/plenitud de vida. Quien conozca al Hijo ha de reconocer la acción del Padre en ellas. La acción de Dios es comunicar la vida por amor. Las obras de Jesús son señales, símbolos de lo visible. Por la fe llevan al conocimiento de la presencia de lo divino, al ámbito del Padre.

 

Las obras de los discípulos son las mismas que las de Jesús. Es realizar el plan de Dios/Padre (dar vida, comunicar el Espíritu) al estilo de Jesús, a través de la adhesión activa y continúa por la entrega de sí mismo a los demás. La situación de la humanidad ha de ser un estímulo a realizar las obras de Jesús que manifiestan el amor de Dios. No se trata de señales portentosas ni espectaculares,  sino el trabajo por la liberación y la vida del ser humano. La comunión entre Jesús y su comunidad es tan estrecha como la de Jesús con el Padre. Desde esa comunión cualquier cosa que los discípulos pidan al Padre en el nombre de Cristo, él la realizará. 

Es Jesús quien marca la dirección en la que el ser humano se realiza, el camino que él ha abierto en dirección a la solidaridad, a la entrega y al amor creciente. Este es el camino del éxito, de la vida definitiva. Jesús comunica el Espíritu para recorrer ese camino. El Espíritu empuja al ser humano por el camino, Cristo, hacia el encuentro final con el Padre. Jesús acompaña siempre a los suyos en este camino. No es solo individual sino comunitario. La muerte no interrumpe la relación. Jesús los acompaña. 



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