EJERCICIO
DEL VIA CRUCIS
Introducción
Vamos
a acompañar a Jesucristo en su camino de cruz. Es un camino doloroso. Un
camino interminable. ¡Cuántas son sus estaciones, Dios mío!
La
cruz de Jesucristo es la cruz del hombre. De un modo misterioso Él estaba ya
cargando con todos los pesos humanos. ¿Quién puede calcular esta carga? De un
modo misterioso Él esta compartiendo todos los sufrimientos humanos.
Hoy
queremos acercarnos a estos sufrimientos, los sufrimientos de Cristo, que son
los sufrimientos de los hombres, y compartirlos. No basta compadecer a Cristo,
es necesario padecer con Cristo. Padecer con los hermanos, que son también
“Cristos en el camino de la vida”. Cada vez que aliviamos a un hermano que
camina con la cruz, estamos aliviando a Jesús en su largo via-crucis. Él te lo
agradece. Tu mismo, sin saber cómo, te sentirás aliviado.
1ª
Estación:
Jesús en el huerto de Getsemaní (Mt 26, 36-46)
Getsemaní es
la hora triste de Jesús, el poder de las tinieblas. Todo es oscuro para el Señor,
todo es angustia y agonía.
Jesús pide a Dios-Padre que aparte de
él, si es posible, todo aquel sufrimiento, pero al mismo tiempo le pide que se
cumpla su voluntad.
También
nosotros, ante el dolor, la enfermedad, el hambre,.... debemos luchar con todas
nuestras fuerzas y pedir a Dios que aparte todas estas cosas.
Pero,
al final, también debemos ser humildes y aceptar siempre la voluntad de Dios,
aunque muchas veces no la comprendamos.
¿Aceptamos
la voluntad de Dios en nuestras vidas?
2ª Estación:
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado (Lc 22,
47-54)
Judas no solo pertenecía al poder de
las tinieblas, sino que era noche oscura. Cuando él actúa siempre es de noche.
Por muchas antorchas y linternas que llevara, era de noche.
Cuando fueron a prender a Jesús había
espadas y palos, son armas de las tinieblas. Pero el arma más injusta fue el beso traidor.
Después vinieron los palos, las
espadas, las cuerdas, el prendimiento. Son también injusticias y ultrajes a la
dignidad de las personas. ¡Tantos arrestos de inocentes, en los que Jesús sigue
siendo arrestado! Casi 200 millones de niños son maltratados y tienen que
trabajar en condiciones inhumanas para ganar un pedazo de pan.
3ª
Estación:
Jesús es condenado por el Sanedrín (Mt 26,
57-68)
Es la más grande perversión de la religión
y la justicia. Un tribunal religioso, en hombre de Dios, juzga al Hijo de Dios
y se atreve a condenarlo. Es verdad que no lo sabían, pero el desconocimiento,
aunque aminore la culpa, no cambia la realidad.
Te acusamos, Señor, porque existes de
verdad, porque has venido a nosotros, porque te presentas pobre y humilde.
Te
acusamos porque enseñas una doctrina revolucionaria, porque bendices y
prefieres a los pobres, porque enseñas a los niños, porque ayudas a los
pecadores,...
Y Jesús callaba. Y Dios sigue callando
ante tanta ceguera, tanta injusticia, tanta hipocresía, tanto fanatismo o
fundamentalismo religioso. En nombre de Dios se sigue condenando y matando a
los hijos de Dios. Y se mata a los que defienden a los hijos de Dios. Dios
sigue callando, pero, por favor, nosotros no debemos callar. Tenemos que defender
a los hijos de Dios, que siguen siendo condenados.
4ª
Estación:
Jesús es negado por Pedro (Lc 22,
54-62)
Pedro tenía un defecto, que se creía el
mejor y ambicionaba ser el primero, que se sentía autosuficiente y se apoyaba
en sus fuerzas, que era atrevido y confiado, que era imprudente. Al final
terminaría siendo cobarde.
Necesitaba Pedro una cura de humildad.
Él se creía mejor que ninguno, y negó a Jesús hasta tres veces. El discípulo
preferido se avergonzaría de su maestro. El que mas le conocía (cf. Mat 16, 16)
juró que no le conocía. El que estaba dispuesto a defenderle, incluso hasta dar
la vida (cf. Lc 22, 33) ahora le reniega para salvar su vida. Pero al negar a
Jesús, Pedro se negaba a sí mismo, porque el Señor era su razón de ser.
5ª
Estación:
Jesús es juzgado por Pilato (Mt 27,
11-26)
Pilato no condeno a Jesús. Hizo lo
posible por salvarle. El pecado es dejar hacer, abandonar a Jesús a su suerte,
lavarse las manos. La gran irresponsabilidad. La gran omisión.
Fue una sentencia popular. Y el pueblo
eligió la vida para el asesino, la muerte para el que daba la vida. ¿Quien ha
dicho que las sentencias y decisiones democráticas son siempre justas y
verdaderas?
Y mientras haya sumos sacerdotes y
políticos que compren las conciencias, mientras haya jueces como Pilato,
lavándose las manos, siempre habrá algún justo que sufra las consecuencias. Mientras
nosotros estemos de brazos cruzados o nos dejemos arrastras y manipular contra
las víctimas inocentes, siempre habrá personas que sufran.
¿Soy
yo de los que se lavan las manos y se desentienden ante los problemas y
necesidades de los demás?
6ª
Estación:
Jesús es flagelado y
coronado de espinas (Jn 19, 1-5)
El tormento de la flagelación era una
costumbre romana. Allí esta Jesús recibiendo treinta y nueve golpes, o los que
fueran. Todos los azotes que se dan a cualquier desgraciado del mundo, terminan
cayendo sobre las espaldas de Jesús. ¿No le has dado tú alguno?
La coronación de espinas fue un
capricho de los soldados, una burla, pero sangrienta. Tenemos un rey de dolor y
de sangre. Su cabeza era fuego. Su rostro ensangrentado y desfigurado. Le
llovían los salivazos y los golpes. Pero lo que más le dolía a Jesús, ¿sabes
que era?. El corazón duro y frío de los que le rodeaban.
¿Tienes
tú un corazón compasivo ante el dolor de los demás, o también el tuyo es duro y
frío?
7ª Estación:
Jesús carga con la cruz (Jn 19, 16-17)
Ya estaba todo decidido. Ahora es
cuestión de ejecutar. Un poco de rutina. Manos acostumbradas pusieron la cruz
sobre los hombros de Cristo. Era una cruz muy grande, era la cruz del mundo.
Me
imagino a Cristo besando la cruz. No era el leño de madera el que besaba, era
el sufrimiento humano. Desde entonces besamos nosotros la cruz. ¿Cuántas veces
la besamos?
Sin
embargo, también hoy seguimos poniendo la cruz, el sufrimiento, sobre los
hombros de tantos “cristos”, de tantos hermanos nuestros que sufren dolor y
desprecio: refugiados, drogadictos, ancianos,… ¿Soy yo de los que echan la cruz
sobre los hombros de los demás?
8ª Estación:
Jesús es ayudado por el
Cirineo a llevar la cruz (Mc 15, 21 )
Simón de Cirene, ¡bendito sea! Es una
buena noticia en toda esta dura y dramática secuencia. De la manera que mejor
pudo, procuró ayudar a Cristo con su cruz.
A
pesar de tanto dolor, también hay personas que piensan en los demás. A
veces en las situaciones más desesperadas, puede surgir la mano amiga, el
hombro solidario, la palabra animosa, el gesto comprensivo. Con Simón de Cirene
hay lugar a la esperanza.
Cuando veas a alguien con la cruz a
cuestas, por el camino de la vida, procura acercarte, procura echar una mano,
ser solidario. Ayudando al que sufre, estás ayudando a Cristo a llevar su cruz.
9ª
Estación:
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén (Lc 23, 28)
Estas mujeres, representan a lo mejor
de aquel pueblo. Ellas no se dejaron comprar ni seducir por las autoridades.
Ellas no sabían de cuestiones teológicas o políticas. Ellas se dejaron llevar
por su corazón.
Estas mujeres pusieron la misericordia
sobre la justicia. No importan las causas de la condena. Lo que importa era
que Jesús era bueno, que Jesús hizo el bien y que ahora está sufriendo espantosamente.
Mientras haya mujeres compasivas,
mientras haya personas con corazón, podemos abrirnos a la esperanza. Hay
ocasiones en que no se puede hacer otra cosa más que llorar. No son posibles
acciones liberadoras. No valen para nada las palabras. Solo el silencio, la
cercanía, la oración y las lágrimas. Aunque esas lagrimas, como las de las
piadosas mujeres, son ya oración.
10ª
Estación:
Jesús es crucificado (Lc 23,
33-34; Mc 15, 22-28)
En el monte Calvario Jesús fue
crucificado, es decir, fue despojado de todo, de sus vestidos y de su dignidad,
y fue clavado a la cruz. Es puro dolor. Todo su cuerpo es dolor. Toda su alma
es dolor.
El
dolor de las espinas, de los azotes, de los clavos. El dolor de los vestidos
despojados, de la vergüenza, de la burla. El dolor de los insultos, de las
risas, de los comentarios. El dolor del fracaso, del abandono, de la
impotencia. El dolor de la inmovilidad esperando allí la muerte.
Lleva
nuestros dolores: los de todos los
crucificados y masacrados, los dolores de los despojados, torturados, y
calumniados. Los dolores de los secuestrados, violados y esclavizados,… Los
dolores de todos los seres humanos.
11ª
Estación:
Jesús promete su reino
al buen ladrón (Lc 23, 40-43)
Este ladrón arrepentido fue el primer
fruto visible de la Redención. El estar cerca de Jesús fue para él una suerte,
la ocasión de su vida, una bendición y una gracia. El otro ladrón parecía ciego
y sordo.
Algo se conmovió en el ladrón. Y le
suplicó con humildad: «Acuérdate de mi
cuando vayas a tu Reino.» Alguien puso la primera rosa en la cruz del
Señor.
Jesús le promete algo más que un
recuerdo, le promete una pronta presencia: «Hoy
estarás conmigo en el paraíso.» Vivías en el infierno, pero ya se acabo
para ti. Vivías en la violencia y en el odio, hoy empezaras a vivir en el amor.
¿No habrá por el mundo muchos buenos
ladrones, delincuentes, que están esperando la cercanía de un Cristo
misericordioso para abrirse a la vida nueva de la libertad y del amor?
¿Procuramos acercarnos a ellos, echarles una mano?
12ª
Estación:
Jesús en la cruz, su Madre y el discípulo (Jn 19,
25-27)
Mucha gente había en el Calvario, pero
quien realmente «estaba» allí era María. Ella no estaba simplemente mirando,
estaba contemplando, compartiendo, estaba asumiendo y compenetrándose con la
Pasión del hijo.
Ahora
Jesús mira agradecido a su madre. Allí estaba también Juan, el discípulo fiel,
el discípulo amado. Antes de morir, se preocupa por ellos, y les hace una mutua
entrega: «Madre, ahí tienes a tu hijo»; «hijo, ahí tienes a tu Madre».
Podemos dar al mundo la buena noticia:
que nadie se sienta solo, que nadie se sienta huérfano. Siempre hay una Madre,
que nos protege, que nos ama y nos hace partícipes del amor de Dios.
Si el ladrón arrepentido fue la primera
rosa de la cruz, María ha sido siempre la jardinera de Dios en nuestro mundo,
procurando hacer un mundo más bello para su Hijo.
13ª
Estación:
Jesús muere en la cruz (Lc 23,
44-49)
Desde la media mañana a la media tarde
estuvo Jesús clavado en el madero, ofreciendo a Dios-Padre el dolor de todos
los hombres. Jesús no sentía nada gratificante. Todo era amargo y oscuro. Ni
la mas pequeña luz. Todo era sufrimiento y angustia, y grita su Padre: «¿Por
que me has abandonado?»
Pero al mismo tiempo, a pesar de tanto
dolor, sigue confiando en Dios y sus últimas palabras fueron: PADRE, EN TUS
MANOS PONGO MI ESPIRITU. En la cruz
se ha manifestado al máximo el amor de Jesús al dar su vida por nuestra
salvación, pues nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. La
Cruz es desde entonces el símbolo del Amor y la llave que nos abre la puerta de
la Vida Eterna.
14ª Estación:
Jesús es colocado en el sepulcro (Jn 19,
38-42)
Ese cuerpo roto era el grano de trigo
que caía en tierra. La tierra madre lo acogía en sus entrañas y se estremecía.
No era una carga inservible lo que se enterraba, ni siquiera una maravillosa reliquia,
era una materia pronta a convertirse en energía, un sol oscurecido, pero que
pronto se encendería, una semilla que va a florecer y dar frutos de Vida
Eterna.
Ya
solo queda esperar al tercer día, el que viene después del sábado, para que
resurja esa semilla, para que resucite y nos abra definitivamente a todos la
puerta de un Mundo Nuevo. Tenemos que vivir con esperanza, sabiendo que el
Espíritu de Dios transformará el cuerpo de Jesús y nos transformará también a
todos nosotros cuando nos llegue el momento.
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