CUARESMA III
CUARESMA III
Si conocieras
el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él
te daría agua viva
En
el relato de este domingo, Señor, hay muchos matices,
muchas
palabras,
muchos
gestos,
como
siempre en tu Evangelio, Señor.
Hoy
me llama la atención esta frase.
Creo
que esconde algo
que
se vislumbra algo pero no acierto a descubrir,
a
poner palabras;
algo
me dice que hay un tesoro escondido pero no sé dónde ponerme a cavar, en qué
dirección,
por
eso esta oración es solo un intento…
Me
envuelven tus palabras: si conocieras el
don de Dios
Y
es que tengo la sensación que no te conozco,
o
no te siento como un don,
Y
sin embargo, me repito: Si conocieras el
don de Dios…
¿Cuál
es tu don, Señor, sino tu mismo?
Vivo
con la impresión de que mucha gente te ha abandonado,
sin
conocerte…
Abandonar
a Dios sin conocerlo… ni a Dios ni su don.
Al
final no han abandonado a Dios porque no lo he han conocido.
Decían
los clásicos: lo que no se conoce no se
ama.
¿A
saber que habrán conocido de ti,
qué
imagen tendrán,
qué
imagen tendré,
qué
imagen habremos transmitido,
qué
imagen estamos transmitiendo
para
no conocerte ni como Dios ni como Don?
Al
final, parece que te has convertido en algo extraño,
incluso
una amenaza para el ser huumano,
hay
que quitarse cuanto antes la “carga” de Dios,
¿Qué
habrán conocido de ti?
Más
que alejarse de ti, creo que nos alejamos de cierta imagen de ti…
pero
hay una mayoría silenciosa que ya no quiere saber nada de ti…
hemos
renunciado a conocerte,
a
saber de ti,
a
conocer y profundizar en tu Evangelio,
nos
ha bastado con el catecismo infantil,
las
cuatro tradiciones populares que se resumen en “siempre se ha hecho así”,
pero
no hemos dedicado cinco minutos a conocerte tu don,
a
saber de ti, a disfrutar de ti.
Si
es que Señor, no podemos saber nada de ti, si no pasamos por el evangelio…
Ya
podemos dar vueltas y vueltas a las creencias,
a
los ritos, a las costumbres, a las tradiciones,
a
lo que sea…
sin
conocer Evangelio no hay TU.
Sin
evangelio no hay Jesús,
no
hay Dios, no hay Don.
La
primera experiencia,
como
aquella samaritana, es sentirse a gusto contigo,
sin
juicios ni condenas…
sintiéndonos
aceptados sin condiciones,
acogidos,
llenos de agua, inundados de agua,
inundados
de vida.
Me
gusta la expresión Señor: sentirse,
encontrarse
a gusto con Dios
Creo
que si la gente tuviera esta experiencia de ti,
se
sentirían atraídos por ti,
te
buscarían, te conocerían,
su
vida cambiaría,
la
fe no sería un juguete roto o inútil,
sino
sería fuente de agua viva…
Casi
habría que cambiar tu expresión en la Cruz:
Del
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?
a
exclamar: hombre mío, mujer mía, ¿Por qué
me has abandonado?
Y
yo respondería: Enséñame a estar a gusto contigo, a disfrutar de ti contigo
No hay comentarios:
Publicar un comentario