sábado, 18 de marzo de 2017

CUARESMA III
CUARESMA III
Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva
En el relato de este domingo, Señor, hay muchos matices,
muchas palabras,
muchos gestos,
como siempre en tu Evangelio, Señor.
Hoy me llama la atención esta frase.
Creo que esconde algo
que se vislumbra algo pero no acierto a descubrir,
a poner palabras;
algo me dice que hay un tesoro escondido pero no sé dónde ponerme a cavar, en qué dirección,
por eso esta oración es solo un intento…

Me envuelven tus palabras: si conocieras el don de Dios
Y es que tengo la sensación que no te conozco,
o no te siento como un don,
Y sin embargo, me repito: Si conocieras el don de Dios…
¿Cuál es tu don, Señor, sino tu mismo?
Vivo con la impresión de que mucha gente te ha abandonado,
sin conocerte…
Abandonar a Dios sin conocerlo… ni a Dios ni su don.
Al final no han abandonado a Dios porque no lo he han conocido.

Decían los clásicos: lo que no se conoce no se ama.
¿A saber que habrán conocido de ti,
qué imagen tendrán,
qué imagen tendré,
qué imagen habremos transmitido,
qué imagen estamos transmitiendo
para no conocerte ni como Dios ni como Don?
Al final, parece que te has convertido en algo extraño,
incluso una amenaza para el ser huumano,
hay que quitarse cuanto antes la “carga” de Dios, 
¿Qué habrán conocido de ti?
Más que alejarse de ti, creo que nos alejamos de cierta imagen de ti…
pero hay una mayoría silenciosa que ya no quiere saber nada de ti…
hemos renunciado a conocerte,
a saber de ti,
a conocer y profundizar en tu Evangelio,
nos ha bastado con el catecismo infantil,
las cuatro tradiciones populares que se resumen en “siempre se ha hecho así”,
pero no hemos dedicado cinco minutos a conocerte tu don,
a saber de ti, a disfrutar de ti.

Si es que Señor, no podemos saber nada de ti, si no pasamos por el evangelio…
Ya podemos dar vueltas y vueltas a las creencias,
a los ritos, a las costumbres, a las tradiciones,
a lo que sea…
sin conocer Evangelio no hay TU.
Sin evangelio no hay Jesús,
no hay Dios, no hay Don.

La primera experiencia,
como aquella samaritana, es sentirse a gusto contigo,
sin juicios ni condenas…
sintiéndonos aceptados sin condiciones,
acogidos, llenos de agua, inundados de agua,
inundados de vida.
Me gusta la expresión Señor: sentirse,
encontrarse a gusto con Dios
Creo que si la gente tuviera esta experiencia de ti,
se sentirían atraídos por ti,
te buscarían, te conocerían,
su vida cambiaría,
la fe no sería un juguete roto o inútil,
sino sería fuente de agua viva…
Casi habría que cambiar tu expresión en la Cruz:
Del Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
a exclamar: hombre mío, mujer mía, ¿Por qué me has abandonado?

Y yo respondería: Enséñame a estar a gusto contigo,  a disfrutar de ti contigo

No hay comentarios:

Publicar un comentario