sábado, 12 de diciembre de 2015

SEMANA III DE ADVIENTO
DOMINGO

Lucas 3,10-18

10La gente le preguntaba (a Juan Bautista): ¿Entonces, qué tenemos que hacer? 11 Él contestaba: El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
12 Vinieron también a bautizarse unos publícanos y le preguntaron:¿Maestro, qué tenemos que hacer nosotros? 13 Él les contestó: No exijáis más de lo establecido. 14Unos soldados igualmente le preguntaban: ¿Y nosotros, qué tenemos que hacer? Él les contestó: No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga.
15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
18 Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.


1. COMENTARIO
Aparecen tres grupos de personas que se acercan al Bautista, a primera vista incompatibles entre sí: judíos de raza y religión; judíos de raza, marginados por motivos religiosos, y no judíos; esta diversidad es signo de la universalidad de su llamada: :
-       La gente representa al pueblo de Israel -hijos de Abraham-, dominados por la ideología religiosa, manipulada por los sumos sacerdo­tes que marginan y desprecian a los que no pertenecen a su raza y su religión.

-       Los recaudadores, marginados en la sociedad israelita, utilizados por el poder y despreciados por la gente, colabora­ban con los opresores en la explotación del pueblo cobrando los impuestos para los romanos y, además, robando lo que podían para sí mismos.

-       Los soldados romanos, que recibían órdenes directamen­te del gobernador, dominados por una ideología patriotera y necesitada de un sueldo seguro, aceptando ser instrumentos para la dominación de otros pueblos en favor del imperio.

Estos grupos con sus contradicciones a la espalda, son los que responden a la predicación de Juan. La respuesta de Juan a la pregunta qué tenemos que hacer es semejante para todos ellos: hay que ser solidarios, ser honrados, no se debe aprovechar la injusticia establecida en beneficio pro­pio; los oprimidos deben dejar de ser ellos mismos opresores de sus hermanos. No les exige práctica religiosa alguna. Sus exigen­cias se refieren a la convivencia, al reconocimiento de la dig­nidad y al respeto de los derechos de los demás: compartir vestido y comida, no robar más a los que ya son robados, no extorsionar más a los sometidos.

Puede parecer que Juan es poco exigente; pero su misión no es iniciar el proceso de liberación, sino solamente preparar el camino al Liberador que llega.
Este proceso de liberación incluye una Nueva Alianza, esto es, un modo nuevo de relación, que Dios quiere esta­blecer con los hombres y que el evangelista expresa con una frase llena de simbolismo para la cultura hebrea: llega el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para desatarle la correa de las sandalias. Hace alusión a una costumbre muy antigua, conocida como la ley del levirato, que regulaba el derecho a contraer matrimonio en determina­das circunstancias: cuando el varón repudiaba a su mujer, el hermano, del varón, o le familiar más próximo podía adquirir ese derecho. ¿Cuál era el gesto? Desatar la sandalia (Rut 4,5-11).

Por otra parte, el matrimonio había sido usado en la predicación y en los escri­tos de los profetas como símbolo de las relaciones de amor de Dios -el esposo- con su pueblo -la esposa-. Jesús es presentado como el nuevo Esposo, como el que va a instaurar la nueva alianza, una relación de amor entre Dios y los hombres que, acompañados por el mismo Dios y llenos de su Espíritu de amor, luchan por conseguir su libe­ración integral a partir de la solidaridad y el respeto entre los hombres mismos.
2.    ORACIÓN
¿Qué tenemos que hacer...
para ser y vivir como tus discípulos, Señor?
¿Qué tenemos que hacer para poder acogerte en esta Navidad,
y siempre?
¿Qué tenemos que hacer para convertirnos a ti,
y que tú seas el centro,
nuestra roca,
nuestro refugio,
nuestra referencia vital,
tú, solo tú?
¿Qué tenemos que hacer, Señor,
para descubrir y hacer vida tu Evangelio,
para dejar nuestras defensas inútiles
y poner nuestra seguridad en ti?
¿Qué tenemos que hacer, Jesús,
para que nuestra vida sea más humana,
con menos sufrimiento y un poco más de compasión,
con un poco menos de confianza y un poco más de solidaridad,
con menos de idolatría y dejar que tú seas el Dios de nuestra vida?
¿Qué tenemos que hacer...para que tu Jesús de Nazaret seas nuestro Dios?

TERCERA VELA DE LA CORONA DE ADVIENTO
En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar!
¡Preparad sus caminos, porque ya se acerca!
¡Ya llega el mensajero!
Juan Bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha del Señor que brilla,
llama que calienta.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos en tu luz,
caliéntanos en tu amor!
Tú eres la Buena Noticia
que despierta nuestra alegría.

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