jueves, 7 de enero de 2016

DOMINGO
EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lucas 3,15-16.21-22
15En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. 16Él tomó la palabra y dijo a todos: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

21En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: -Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto

1.    COMENTARIO
Juan inició su predicación dirigiendo a todo el pueblo de Israel la enmienda (la conversión, el arrepentimiento) como respuesta a la situa­ción de opresión en que vivía el pueblo bajo el poder despótico ejercido por los gobernantes extranjeros y por sus propios dirigentes, civiles y religiosos.

Jesús ha acudido al Jordán como uno más, pero no para sellar con el bautismo de agua una actitud interior de conversión, sino para sancionar con un gesto signifi­cativo su plena disposición interior a aceptar hasta la misma muerte (sentido de la inmersión en el agua), a fin de llevar a término el encargo que le había sido confiado.
Los acontecimien­tos externos que tienen lugar después de haberse bautizado, en el momento en que se puso a orar y durante la plegaria, sirven para describir la experiencia interior que acaba de tener Jesús en el momento de su unción mesiánica. A la disposición expre­sada por Jesús de entrega incondicional, corresponde por parte de Dios la donación total de su Espíritu.


En Juan: agua, viento y fuego
Además del agua y el nuevo nacimiento, y renacer a una nueva mentalidad, sin duda es necesario un viento y un fuego que vienen de fuera.
Viento y fuego son los símbolos por excelencia de Dios. El viento por su realidad invisible, el fuego por su misterio transformador. En Pentecostés tenemos los mismos signos: un viento fuerte, unas llamas de fuego. Es simplemente una nueva manera de describir la manifestación de Dios al hombre. Necesaria sin duda para llevar a cabo la conversión con todo lo que implica el cambio.

El tema de la sandalia corrobora el cambio y el proceso que se da en Juan. El Mesías no va a ser juez, sino esposo. La sandalia hace referencia a la Ley del Levirato encaminada a asegurar vida y descendencia. Jesús es el auténtico esposo que hará fecundo al pueblo. El pueblo hasta ahora ha tenido una ley y unas instituciones que no le han dejado preñado. La alianza antigua es estéril, está muerta. El pueblo está viudo, llega el esposo auténtico y fecundo, el derecho del levirato no es de Juan, sino de Jesús. Él es quien tiene el Espíritu que fecunda, como a María, como a Jesús en el Bautismo. Es como si Juan dijera: "Yo no soy el esposo ni tengo la capacidad de fecundar. Yo soy quien os indica quien es el Esposo y como fecunda"[1].

Bautismo de Jesús
Los vv.21-22, a través de imágenes, pretenden describirnos el momento en que Jesús asume plenamente su conciencia de enviado de Dios, de Ungido, de Hijo de Dios. Los sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, subrayan, con los mismos signos, la importancia de este momento.

Jesús acude como uno más, con sus esperanzas de salvación, y sobre todo, con su radical camino de conversión, de cambio. Cuando la persona va con esas disposiciones, inevitablemente, el Espíritu baja sobre él. Es lo que le sucede a Jesús y lo que puede sucedernos en nuestro proceso de fe. El texto no está puesto sólo para describir lo que a Jesús le pasó, sino lo que a nosotros nos puede acontecer si vivimos las mismas actitudes de Jesús.   

Jesús va al Jordán a confirmar con un gesto (bautismo ritual) su plena disposición, a entregarse totalmente y ser un hombre nuevo. Como su disposición es total, por eso, apenas sale del agua, cuando se pone a orar, su comunicación con el Padre es plena.  Esto se simboliza con imágenes:

·         Cielo abierto. Imagen para expresar la perfecta comunicación y sintonía entre lo humano y lo divino. Cuando uno se entrega totalmente está en sintonía con Dios. Ya no hay puertas cerradas, como en Pentecostés. Nada impide la conexión. Desde Jesús, tenemos conexión, relación definitiva y permanente con el Padre, siempre que nuestra entrega sea total. A esta entrega total le corresponde Dios entregando su Espíritu.
El cielo abierto de par en par, después de siglos en que se ha mantenido cerrado, por haber acallado el pueblo de Israel la voz de los profetas, abre una nueva etapa en la historia, la comunicación definitiva y permanente del hombre con Dios.

·         La bajada del Espíritu Santo sobre Jesús para ungirlo con la unción del rey mesiánico (Is 11,1-5), del Servidor de Dios con misión universal, del Profeta-Me­sías, al reposar el Espíritu sobre él (Lc 4,17-21): Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor.

·         Como una paloma. Es una imagen dinámica, la anterior es estática. Gracias al estatismo/pasividad de la oración viene el dinamismo del Espíritu. La forma de la paloma alude al Espíritu creador de Génesis (1,2). Y aquí estamos en contacto con la nueva y definitiva creación. La unión efectiva y permanente entre el Espíritu de Dios y el hombre Jesús cierra una etapa de la revelación (AT) y abre una nueva: la creación culmina en Jesús, el Hombre perfectamente acabado, el Hijo del hombre.

Bajó como una paloma. Es la figura de un ave que vuela sobre su nido. No es una paloma sino como. Se elige la paloma por la atracción irresistible que tiene por el nido, para expresar la atracción irresistible que tiene Dios por el ser humano que se entrega, y que como Dios es misericordioso[2].
 
·         Una voz del cielo. No es otra cosa que la voz de la Escritura. Lo que dice esa voz es un versículo del Salmo 2, que es el Salmo de la entrada, de la unción de un rey. Y aquí tenemos al Ungido, al que luego pondrían en su trono: El rey de los judíos.

·         Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto. No significan el momento de adopción de Jesús/hombre como Hijo de Dios. Pues es Hijo desde siempre en los dos aspectos: como Dios y como hombre (como hombre no es sólo hijo desde su concepción, o desde su bautismo, pues en Dios no existe el tiempo y en su mente existimos desde siempre), ni tampoco la entronización de Jesús como Mesías. Estas palabras describen el descubrimiento, por parte de Jesús de su realidad escondida. Y son para nosotros imagen y modelo para que nosotros descubramos nuestra realidad de hijos y nuestra misión de ungidos, de enviados.

2.    ORACIÓN
Señor, Jesús,
bautízame con la fuerza de tu Espíritu,
que como Tú pueda ser nido del Espíritu Santo,
acoger en mi interior las palabras sagradas:
Tú eres mi hijo amado/a.
Que pueda reconocer que soy hijo/a de tu Padre Dios,
donde habita el Espíritu,

Que pueda iniciar el camino del evangelio
anunciando a los  hombres,
mis hermanos,
la buena noticia de la salvación,
siempre buena y siempre nueva.

Gracias a mis padres, que decidieron que Tú me bautizaras, 
por el cura que me bautizó,
la parroquia que me acogió,
por la fuerza de tu presencia,
que, consciente o inconscientemente,
me ha acompañado a lo largo de esta vida.

Gracias por transmitirnos y hacernos vivir en la verdad
De que también yo soy aceptado por el Padre,
hijo amado por él,
que su bondad es más fuerte que las heridas de mi historia,
su perdón más radical que mi pecado,
su misericordia más potente que mi culpa,
su vida más intensa que mi muerte.

Gracias, Señor Jesús,
por el Bautismo,
por el tuyo,
el mío,
el nuestro. Amén.


[1] En su mano tiene el horquillo para aventar su parva y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemara en un fuego que no se apaga. Este versículo no aparece en el evangelio de este domingo, pero lo comentamos para no romper la unidad de significado.
Juan Bautista también está en éxodo de conversión, tiene que cambiar sus ideas, su mentalidad acerca del Mesías. Este versículo nos indica la mentalidad errónea que Juan Bautista tenía sobre el Mesías. Lo espera como un juez severo preparado para realizar u juicio. Jesús a lo largo del evangelio no se porta como un juez severo que condena. Precisamente en este evangelio, por encima de los otros, aparece claro que la misericordia y la ternura de Dios está por encima de cualquier juicio.
[2] Los evangelistas suelen echar mano de imágenes y figuras exter­nas para describir experiencias interiores. La unión efectiva y permanente entre el Espíritu de Dios y el hombre Jesús cierra una etapa de la revelación (AT) y abre una nueva: la creación culmina en Jesús, el Hombre perfectamente acabado, el Hijo del hombre.

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