lunes, 25 de enero de 2016

III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
VIERNES

29 DE ENERO

Marcos 4, 26-34
26Y decía: El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. 27Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. 29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
30Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? 31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, 32pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.
33Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. 34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado

COMENTARIO
Jesús se dirige de nuevo a la multitud, y expone en dos parábolas el secreto del Reino, los dos aspectos o etapas del reino de Dios.

En la primera parábola propone el aspecto individual: el hombre se realiza mediante un proceso interno de asimilación del mensaje, que culmina en la disposición a la entrega total,
·         El fruto es el hombre que se entrega.
·         La siembra se hace en la tierra, indicando la universalidad, y el que siembra debe respetar ese proceso interior, sin que él sepa cómo.
·         La siega significa el momento en que el individuo se integra plenamente en la comunidad, tanto en su fase terrestre como en su fase final.

En la segunda parábola expone el aspecto social del Reino: a partir de mínimos comienzos ha de extenderse por todo el mundo, pero sin el esplendor ni magnificencia que son los emblemas del poder dominador y que el judaísmo, basándose, entre otros textos, en Ez 17,22-24, el cedro frondoso esperaba para el futuro de Israel.
·         No hay continuidad con el pasado: es una semilla nueva, no esqueje del antiguo cedro, como en Ezequiel.
·         Tampoco se planta en un monte alto como en el texto profético, sino en la tierra, indicando universalidad;
·         El resultado será una realidad de apariencia modesta, pero que ofrecerá acogida a todo hombre que busca libertad, los pájaros del cielo.
El Reino, por tanto, excluye la ambición de triunfo personal y de esplendor social.

Jesús trabaja pacientemente con la multitud y continúa exponiéndole el mensaje con otras parábolas. El grupo de discípulos, los Doce, que no abandona la ideología del judaísmo, sigue sin entender, está a la altura de los de fuera. Jesús no lo abandona, les explica el significado de las parábolas que habrían debido comprender por sí mismos.
El otro grupo ya no aparece: después de la exposición anterior de Jesús ha entendido el secreto del Reino y se ha independizado ideológicamente de los Doce.


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