LUNES
1 DE FEBRERO
5, 1Y
llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. 2Apenas
desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de
espíritu inmundo. 3 Y es que vivía entre los sepulcros; ni con
cadenas podía ya nadie sujetarlo; 4 muchas veces lo habían sujetado
con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie
tenía fuerza para dominarlo. 5Se pasaba el día y la noche en los
sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. 6Viendo
de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él 7y gritó con voz
potente:¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te
lo pido, no me atormentes. 8Porque Jesús le estaba diciendo:
Espíritu inmundo, sal de este hombre.
9Y
le preguntó: ¿Cómo te llamas? Él respondió: Me llamo Legión, porque somos
muchos. 10Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de
aquella comarca. 11Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en
la falda del monte. 12Los espíritus le rogaron: Envíanos a los
cerdos para que entremos en ellos. 13Él se lo permitió. Los
espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara,
unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. 14Los
porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la
gente fue a ver qué había pasado.
15Se
acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado,
vestido y en su juicio. Y se asustaron. 16Los que lo habían visto
les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. 17Ellos
le rogaban que se marchase de su comarca. 18Mientras se embarcaba,
el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con
él. 19Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los
tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido
misericordia de ti. 20El hombre se marchó y empezó a proclamar por
la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
COMENTARIO
Sólo Jesús baja de la barca. Inmediatamente se le acerca
un hombre sin nombre, representativo de los oprimidos de la otra orilla, poseído de espíritu inmundo (cfr.
cap.3.1), presentado por los siguientes rasgos:
-
Vive en
los sepulcros. Su estado es de un muerto en vida. Desea salir de este
estado y ve en Jesús una posibilidad de vida.
-
Vive poseído
de –por- espíritu inmundo. Es el
espíritu opuesto a Jesús: de la violencia, de rebeldía, le obliga a vivir en la
clandestinidad. Expresión que sirve para significar que se ha rebelado contra
la situación y esclavitud en la que vive el pueblo.
-
Si vive en rebeldía, es que hay otros que
oprimen, lo habían sujetado con
cepos y cadenas. No les interesa el
bien de este hombre, sino su propio dominio. Los cepos y cadenas eran propios
de los que vivían reducidos a esclavitud. Con su propia fuerza física, se ha
sacudido los instrumentos de esclavitud y ha obtenido una libertad inútil.
-
Vive gritando
e hiriéndose con piedras. La frustración por su fracaso le lleva a la
autodestrucción.
Da la sensación que entre vivir como un esclavo o un
salvaje, ha elegido lo segundo. Su situación no tiene salida. Como vemos no es
mejor la situación a éste otro lado del lago, que en la orilla del pueblo de
Israel. La tarea y misión de Jesús se hace inminente y urgente.
El hombre, que subía a gritar a los montes, ha visto de
lejos a Jesús, se siente atraído por Él, echó
a correr. Aquel que nadie podía dominar ni sujetar, ahora se postra ante Jesús, le reconoce como
posibilidad de salvación y liberación.
Después de que ha ido corriendo y se ha postrado ante
Jesús, chocan lo que dice a Jesús. ¿Por qué se dirige a Jesús con esa
violencia, qué tienes que ver conmigo?
Este hombre desea la liberación, pero no renuncia al espíritu de violencia.
Prefiere quedarse en esa situación desesperada antes que renunciar a su
mentalidad combativa. Jesús era su última esperanza y va a quedar defraudado.
No es este el estilo ni el mensaje de Jesús.
Llama a Jesús Hijo
del Dios Altísimo atribuyéndole un origen divino. Lo que, a primera vista parece
un reconocimiento de la divinidad de Jesús, no es sino un reproche. Esperaba un
Dios como el de Israel, que liberó a los oprimidos con violencia. Y Jesús no es
violento, ni su mensaje se basa en el poder o en la fuerza.
Ante la liberación de Jesús, el hombre continua suplicando
que no me atormentes, es decir, que no le quite el espíritu de violencia pues
volvería a la esclavitud de los que lo dominan. Cree que Jesús, con su
liberación, pretende lo mismo que los que le dominan: renunciar a la rebelión,
a la violencia, y se someta.
Toda esta frustración y reacción violenta viene expresada
en con las palabras es que Jesús le
estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le ha pedido
renunciar al espíritu/mentalidad de violencia, revolución.
El espíritu inmundo no abandona al hombre de manera
inmediata, se resiste al cambio de actitud. Pero hay una cosa muy positiva: el
hombre no se va de Jesús, está en proceso. Jesús le pregunta ¿cómo te llamas? En los pueblos
orientales, el nombre manifiesta el ser de la persona. Conocer el nombre es
conocer la persona, su misión e identidad.
La respuesta es llamativa: me llamo Legión. Hace referencia a la élite de ejército romano y
todo lo que conlleva este imperio de opresión, y esclavitud. Ya sabemos,
entonces, quiénes son los que oprimen y esclavizan y ante quiénes se revela
este hombre. El imperio romano, símbolo de todos los sistemas políticos que
oprimen y esclavizan a sus pueblos, son identificados con el espíritu inmundo. El hombre que nos
aparece violento, habitando en los sepulcros, actúa y reacciona con fanatismo
justamente de la misma manera que el imperio al que tanto odia.
Por fin, el hombre acepta la renuncia de la violencia que
le pide Jesús, le rogaba con insistencia.
Por si acaso, le ruega a Jesús que no lo
expulse de aquella comarca. Le pide a Jesús que este espíritu inmundo no se
vaya muy lejos para recuperar la libertad, por si vuelve la esclavitud. Él
quiere ser libre en su propio país. No quiere una libertad fuera de su tierra.
Aparecen los cerdos.
Para los judíos era un animal impuro y símbolo del poder extranjero opresor,
los romanos. Para los pueblos paganos era un animal más. Al emplear Marcos la
imagen de los cerdos en tierra pagana, indica que cualquier poder que oprime es
inaceptable para Dios y se opone a Dios. Y que toda la humanidad es pueblo
escogido, no sólo Israel.
La cantidad de cerdos es grande. Son muchos, en relación
con los espíritus inmundos que son Legión, y representan el poder económico
que forman parte del sistema opresivo. El poder romano que oprime, simbolizado
por los cerdos, se basa sobre el poder económico, simbolizado en la gran piara.
Existe, pues, una afinidad entre la violencia, espíritus
inmundos, y el poder económico, los cerdos. Existe una violencia, tanto de los
opresores, los cerdos, como de los oprimidos.
Jesús se lo permite.
La destrucción de los espíritus inmundos, (violencia), metidos en los cerdos
(opresión) depende del envío de Jesús. No es una destrucción casual, tiene su
iniciativa en Jesús que no se opone, deja que los espíritus se metan en los
cerdos. La ruina de los que oprimen es consecuencia de la eficacia del mensaje
de Jesús. Jesús no se enfrenta al poder violentamente.
El hombre del relato ha renunciado a la violencia y no se
ha sometido al poder económico de los que le oprimen. La sociedad humana no se
construye por una intervención directa y milagrosa de Dios sino por la colaboración
del ser humano con el Dios de la liberación. Jesús libera de cualquier sistema
opresor de manera personal y a través de la maduración y transformación del ser
humano. Es como dejar sin base popular a los opresores. Si no hay a quién
oprimir, se acabará la opresión.
Los porquerizos
huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos... El relato
continua con la reacción de los
porquerizos, al servicio de sistema económico opresor, y el encuentro con el hombre liberado de los
espíritus que le poseían en su nuevo estado, en su plena dignidad, libertad y
autonomía.
Termina la escena con el ruego del hombre liberado a que
Jesús permanezca en su tierra. Pero Jesús le invita a ser apóstol, como el
leproso de 3.3, de la liberación de la que ha sido objeto. Llama la atención el
cambio radical que se produce del comienzo al final del relato: al comienzo
solo hay esclavitud, muerte, violencia; al final hay libertad, misericordia,
paz,… y admiración.
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