SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA
13 DE FEBRERO
Mateo 5,27-32
27Habéis
oído que se dijo: "No cometerás adulterio". 28Pero yo os
digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con
ella en su corazón. 29Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo
y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. 30Si
tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale
perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna.
31Se
dijo: "El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio". 32Pero
yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se
casa con otra, comete adulterio.
COMENTARIO
Estas palabras son sobre el sexto mandamiento. El adulterio es una
acción, pero es el corazón las que lo produce. Es el corazón lo que ha de
cambiar. Sanar el corazón es lo importante. Por esto, Jesús vuelve a insistir
en la limpieza de corazón, en la actitud interior. El adulterio es una
injusticia, y lo mismo el de cometerlo.
El ojo simboliza el deseo, la intención, el juicio. Es la intención
interior lo que da o quita valor a las cosas, a las acciones, no las acciones
en sí mismas. La mano simboliza la acción. Ceder al impulso del deseo o de la
acción lleva al ser humano a la muerte. Hay que eliminar el mal deseo con la
pureza de corazón y la mala acción con la ayuda al prójimo
La gehenna. Es una imagen, no un argumento. Jesús lo
utiliza porque son figuras familiares a los que lo escuchan. Lo que es evidente
es que el ser humano puede tirar su vida, no realizarse. Jesús esto lo tienen
muy presente y por eso hablara con urgencia y radicalidad.
El hombre podía repudiar a la mujer por cualquier motivo,
por ejemplo, por salir a la calle y ver a otra mujer que le gustaba más o
porque no le había gustado la comida… El repudio era cosa de hombres.
Jesús, como en los vv. 27ss, lo que hace es equiparar al
hombre ya la mujer. Del mismo modo que la mujer no puede repudiar al hombre, el
hombre a la mujer tampoco. Jesús libera a la mujer de la dependencia como si
fuera un objeto jurídico o como posesión del marido. El hombre tiene que
arrancar y cortar de sus entrañas esa mentalidad.
Ninguno de los dos pueden romper la alianza matrimonial ni
deberían romperla porque si dejaran actuar al Espíritu Santo, su alianza
estaría basada en la filiación mutua y en la hermandad. Romper la Alianza por
la parte que sea, equivale a adulterio, a decir, a la ruptura de tu ser, a
situarte fuera del Reino.
Hace una excepción, el caso de unión ilegitima, es decir, en caso de adulterio de la mujer, en ese
caso sí, pero es que en ese caso el adulterio de ella ya ha roto la alianza. El
acta de divorcio no hace otra cosa que confirmar los hechos. Y el que se case
con la repudiada (no adúltera) debido a que no estaba roto el vínculo anterior
está casándose con una casada, y en consecuencia adultera.
El matrimonio es una alianza entre “hermanos” que no puede
derogarse con la ley. Si funcionara la hermandad y la filiación entre hombre y
mujer, en su sentido pleno, la alianza matrimonial no tendría problemas.
Se está hablando desde la óptica que el discípulo vive
según las Bienaventuranzas. NO se está hablando de casuística. El texto habla
de la actitud esencial del ser humano que ha hecho opción por el espíritu de
las bienaventuranzas y esto no se puede mezclar con la reglamentación y otros
códigos que están hechos para que este mundo no sea una anarquía.
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