DOMINGO
Juan 14,23-29
23Respondió Jesús y le dijo: El que me ama guardará mi
palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24 El
que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía,
sino del Padre que me envió.
25Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26pero
el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien
os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
27La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da
el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28Me
habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais
de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29Os lo he
dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
1. COMENTARIO
Continuamos en el mismo ambiente que el Domingo pasado. Jesús está
despidiéndose de los suyos. Les da los criterios de lo que es y en que consiste
ser discípulo suyo.
Aunque no saldrá en la lectura del evangelio, Jesús responde a
Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha
sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Hay cierta decepción del discípulo. No comprende, porque no renuncia a su
concepción mesiánica, la de un triunfador terreno. Sin embargo, la venida de
Jesús no va a manifestarse al mundo, porque su manifestación supone la
aceptación de su amor, y el mundo, sociedad donde está vigente la injusticia,
donde el propio interés causa la opresión, lo odia (7,7).
La transformación de la sociedad que Jesús propone no se hace por imposición. No hay cambio verdadero si no cambian los individuos, y ese cambio se va logrando por la actividad del amor. Por eso, en respuesta a Judas, Jesús repite lo antes dicho: la adhesión a él es inseparable de su mensaje del amor al hombre.
Jesús explica de nuevo la calidad de su manifestación, que no es
como la que ellos han imaginado: la presencia suya y del Padre será la
respuesta a la práctica del amor. El Padre y Jesús, que son uno, establecerán
su morada en el discípulo; vivirán juntos, en la intimidad de la nueva familia.
En el antiguo éxodo, la presencia de Dios en medio del pueblo se localizaba en
la tienda del Encuentro. En el nuevo, cada uno será morada de Dios.
La frase ahora que estoy a vuestro lado recuerda la marcha de Jesús y
anuncia su despedida. Les ha expuesto el plan de Dios sobre la humanidad, les
ha dejado sus promesas. Ahora los discípulos tendrán que ir comprendiendo y
profundizando en sus palabras. Pero no será solamente una reflexión humana; el Espíritu les hará penetrar en todo lo
que él ha dicho.
Muchos aspectos de la vida y
mensaje de Jesús están aún oscuros para ellos, pero tendrán el valedor, que les
ayudará en todo lo que necesiten. Se le llama ahora el Espíritu Santo; es santo
porque pertenece a la esfera divina, pero es al mismo tiempo santificador, consagrador porque separa
al hombre de la tiniebla, del mundo perverso, y lo instala en la zona de Dios,
la de la luz y la vida. La separación no se efectúa de modo material o local,
sino interior, haciendo semejante a Jesús, el Consagrado por Dios.
El Espíritu no habla de sí mismo, hace recordar y comprender lo enseñado por Jesús. Este papel que desempeña en la comunidad lo señala como el espíritu profético, que transmite a la comunidad mensajes del Señor. Jesús, hecho presente por su Espíritu, será el maestro de la comunidad.
Desear la paz era el saludo
ordinario al llegar y al despedirse. La despedida y el saludo de Jesús no son,
como los ordinarios, triviales. Tampoco se despide como todos, pues, aunque se
va, no va a estar ausente.
Ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es una
tragedia, puesto que su muerte va a ser la manifestación suprema del amor del
Padre. El Padre es más que Jesús: en él Jesús tiene su origen, el Padre lo ha
consagrado y enviado, todo lo que tiene procede del Padre.
Jesús había predicho
la traición que lo llevaría a la muerte (13,19); ahora predice los efectos de
ésta: el triunfo de la vida. La marcha es inminente. La muerte de Jesús puede
ser ocasión para mostrar a todos de la autenticidad de su mensaje y de su
fidelidad al que lo envió.
2. ORACIÓN
Salmo
61
Solo en Dios descansa
mi alama,
porque de él viene la
salvación;
Solo él es mi roca y
mi salvación,
Mi alcázar: no
vacilaré.
¿Hasta cuándo arremeteréis
contra un hombre
todos juntos para
derribarlo
como a una pared que
cede
o a una tapia
ruinosa?
Solo piensan en derribarme
de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón
maldicen.
Descansa solo en
Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y
mi salvación,
mi alcázar: no
vacilaré.
De Dios viene mi
salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo confiad
en él,
desahogad ante él
vuestro corazón,
que Dios es nuestro
refugio.
No confiéis en la
opresión,
no pongáis ilusiones
en el robo;
y aunque crezcan
vuestras riquezas,
no les deis vuestro
corazón.

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