DOMINGO
Juan 13,31-32.34-35
31Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
Ahora es glorificado
el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32Si Dios es
glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo
glorificará. 33 Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.
34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros;
como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35En esto conocerán
todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.
1.
COMENTARIO
Estamos
en el ambiente íntimo como es la despedida de Jesús de los suyos, después de la
cena, con el gesto que les ha conmovido y no acaban de entender: Jesús les ha
lavado los pies.
Usando
la expresión el Hijo del hombre,
Jesús quiere hacer comprender a los discípulos que es su actitud la que lleva a
la plenitud humana, a la realización del proyecto divino.
Jesús
interpreta lo que está sucediendo.
·
En
la primera parte de la frase, ahora es
glorificado el Hijo del hombre, destaca la manifestación de su amor, que
revela el de Dios mismo; amor tan grande que, traducido por Jesús en términos
humanos, llega al don de la propia vida.
·
En
la segunda parte, y Dios es glorificado
en él, afirma que Dios, a su vez, va a hacer brillar la gloria del Hijo del
hombre, pues este, llegado en la cruz a la plena condición divina, será el
dador del Espíritu.
Jesús
se dirige a los discípulos con un término de afecto, hijitos. El momento es emocionante. Les anuncia su próxima
partida. Las palabras que siguen toman el carácter de testamento. Alude Jesús a
una frase que pronunció en el templo (Jn 8,21). Los discípulos lo buscarán, porque su ausencia les
causará dolor. Pero no será como para los judíos, una ausencia definitiva que
los lleve a la ruina. No morirán por su pecado, porque están limpios.
Sin
embargo, tampoco ellos son capaces de ir
adonde él se marcha. Él va libremente a la cruz y, por ella, al Padre. Y en
este itinerario nadie es capaz de acompañarlo, porque nadie puede aún comprender
hasta dónde ha de llegar el don de sí mismo.
En medio de este ambiente de incomprensión, de
absurdo, Jesús proclama la novedad de su amor. Él se marcha, pero ellos se quedan. Les deja el mandamiento nuevo,
que sustituye y supera a la Ley antigua. Va a establecerse ahora la diferencia entre las dos alianzas, la de Moisés, el legislador, y la del Mesías, la del que
habla desde la tierra y la del Esposo-Hijo. La alianza nueva, mi nueva alianza,
basada sobre la realidad del amor fiel de Dios, no puede tener más Ley que la
del amor. Incluso, habría que decir que no es ley propiamente, es vida.
La vida de Dios entregada a los hombres solo puede
ser correspondida desde el amor. Jesús
lo llama mandamiento para oponerlo a
los de la antigua Ley. Pero, en realidad, el amor no es ni puede ser un
precepto impuesto desde fuera. Nace de la sintonía y la identificación con el Padre y con Jesús.
No hay que entregarse a Dios o a Jesús, sino a los
seres humanos “con y como” Dios/Jesús.
Así pues, amar
consiste en servir a los demás para darles dignidad y libertad (lavar los pies). El amor que existe entre
los discípulos de Jesús ha de ser visible, mostrado con obras, y constituirá el
signo distintivo de su comunidad.
La identidad del grupo no estará basada en
observancias, leyes o cultos. Poniendo
como único distintivo el amor, desliga Jesús a los suyos de todo condicionamiento cultural: el amor es lenguaje universal.
2. ORACIÓN
¿Quién nos separará
del amor de Dios?
¿la tribulación?
¿la angustia?
¿la persecución?
¿el hambre?
¿la desnudez?
¿los peligros?
¿la espada?
Como dice la Escritura:
"por tu causa somos murtos todo el día,
tratados como ovejas
destinadas al matadero".
Pero en todo esto
salimos vencedores,
gracias a Aquel que
nos amó.
Pues estoy seguro de
que ni la muerte ni la vida,
ni los ángeles,
ni los principados,
ni lo presente ni lo
futuro,
ni las potestades,
ni la altura ni la
profundidad,
ni otra criatura
alguna,
podrá separarnos del
amor de Dios (Romanos 8,35-39)
Nada
nos separará del amor de Dios...
Hermanos, amémonos
unos a otros;
porque el amor es de
Dios.
Cualquiera que ama ha
nacido de Dios,
y conoce a Dios.
El que no ama, no
conoce a Dios;
porque
Dios es amor...
En esto consiste el
amor:
no en que nosotros
hayamos amado a Dios,
sino que Él nos amor
primero...
Dios es
amor;
y el que vive en
amor, vive en Dios,
y Dios en él. (1 Juan 4,7-16)

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