sábado, 23 de abril de 2016

Vª SEMANA DE PASCUA
DOMINGO


Juan 13,31-32.34-35

31Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 33 Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.
34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.           

1.    COMENTARIO
Estamos en el ambiente íntimo como es la despedida de Jesús de los suyos, después de la cena, con el gesto que les ha conmovido y no acaban de entender: Jesús les ha lavado los pies.
Usando la expresión el Hijo del hombre, Jesús quiere hacer comprender a los discípulos que es su actitud la que lleva a la plenitud humana, a la realización del proyecto divino. 

Jesús interpreta lo que está sucediendo.
·         En la primera parte de la frase, ahora es glorificado el Hijo del hombre, destaca la manifestación de su amor, que revela el de Dios mismo; amor tan grande que, traducido por Jesús en términos humanos, llega al don de la propia vida.
·         En la segunda parte, y Dios es glorificado en él, afirma que Dios, a su vez, va a hacer brillar la gloria del Hijo del hombre, pues este, llegado en la cruz a la plena condición divina, será el dador del Espíritu.

Jesús se dirige a los discípulos con un término de afecto, hijitos. El mo­mento es emocionante. Les anuncia su próxima partida. Las palabras que siguen toman el carácter de testamento. Alude Jesús a una frase que pronunció en el templo (Jn 8,21). Los discípulos lo buscarán, porque su ausencia les causará dolor. Pero no será como para los judíos, una ausencia definitiva que los lleve a la ruina. No morirán por su pecado, porque están limpios.
Sin embargo, tampoco ellos son capaces de ir adonde él se marcha. Él va libremente a la cruz y, por ella, al Padre. Y en este itinerario nadie es capaz de acompañarlo, porque nadie puede aún com­prender hasta dónde ha de llegar el don de sí mismo.

En medio de este ambiente de incomprensión, de absurdo, Jesús proclama la novedad de su amor. Él se marcha, pero ellos se quedan. Les deja el mandamiento nuevo, que sustituye y supera a la Ley antigua. Va a establecerse ahora la diferencia entre las dos alianzas, la de Moisés, el legislador, y la del Mesías, la del que habla desde la tierra y la del Esposo-Hijo. La alianza nueva, mi nueva alianza, basada sobre la realidad del amor fiel de Dios, no puede tener más Ley que la del amor. Incluso, habría que decir que no es ley propiamente, es vida.

La vida de Dios entregada a los hombres solo puede ser correspondida desde el amor.  Jesús lo llama mandamiento para oponerlo a los de la antigua Ley. Pero, en realidad, el amor no es ni puede ser un precepto impuesto desde fuera. Nace de la sintonía y la identificación con el Padre y con Jesús.
No hay que entregarse a Dios o a Jesús, sino a los seres humanos “con y como” Dios/Jesús.
Así pues, amar consiste en servir a los demás para darles dignidad y libertad (lavar los pies). El amor que existe entre los discípulos de Jesús ha de ser visible, mostrado con obras, y constituirá el signo distintivo de su comunidad.
La identidad del grupo no estará basada en observancias, leyes o cultos. Poniendo como único distintivo el amor, desliga Jesús a los suyos de todo condicionamiento cultural: el amor es lenguaje universal.

2.    ORACIÓN
¿Quién nos separará del amor de Dios?
¿la tribulación?
¿la angustia?
¿la persecución?
¿el hambre?
¿la desnudez?
¿los peligros?
¿la espada?

Como dice la Escritura: "por tu causa somos murtos todo el día,
tratados como ovejas destinadas al matadero".
Pero en todo esto salimos vencedores,
gracias a Aquel que nos amó.

Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida,
ni los ángeles,
ni los principados,
ni lo presente ni lo futuro,
ni las potestades,
ni la altura ni la profundidad,
ni otra criatura alguna,
podrá separarnos del amor de Dios (Romanos 8,35-39)
Nada nos separará del amor de Dios...

Hermanos, amémonos unos a otros;
porque el amor es de Dios.
Cualquiera que ama ha nacido de Dios,
y conoce a Dios.
El que no ama, no conoce a Dios;
porque Dios es amor...
En esto consiste el amor:
no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino que Él nos amor primero...
Dios es amor;
y el que vive en amor, vive en Dios,
y Dios en él.    (1 Juan 4,7-16)      

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