viernes, 6 de mayo de 2016

SEMANA VII DE PASCUA
DOMINGO
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN

Lucas 24,46-53
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
46Y les dijo: Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 47y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de esto. 49Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto.
50Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
 51Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
52Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; 53y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

1.    COMENTARIO
El evangelio de Lucas concluye con la escena de la Ascensión, escena exclusiva suya. Ningún otro evangelio la tiene.
La resurrección de Jesús se prolonga en el Nuevo Testamento con el relato de su Ascensión a los cielos (Lc 24,51; Hch 1,6-11; Mc 16,19; Jn 20,17) y la donación del Espíritu (Jn 20,22; 16,6ss; Lc 24,49; Hch 2). La ascensión al cielo expresa la exaltación de Jesús a la derecha del Padre, pero significa también el inicio de una nueva época en la que el grupo de los seguidores de Jesús, la Iglesia, ha de continuar su obra completando el Reino anunciado por Jesús e inaugurado en su resurrección, hasta su plenitud bajo la acción del Espíritu Santo que el Señor exaltado envía a los suyos desde el seno del Padre.

Como se trata del final del éxodo de Jesús, la meta definitiva es la entrada en la tierra prometida. Por esto, Lucas utiliza el verbo del éxodo, el que usa la Biblia griega para presentar a Yahvé Dios sacando a su pueblo de la esclavitud, los sacó. Jesús constituido Señor, a la derecha del Padre, Dios como él, por eso se postran, llega a la meta de su éxodo. Con su éxodo inicia el nuestro, en su triunfo participamos si, creyendo en Él, seguimos sus pasos.

¡Una curiosidad! La Ascensión está situada en medio de la noche, como la Resurrección, ¿será que ambas son la misma cosa y se dan al mismo tiempo y realmente no son constatables porque no hay testigos? En cualquier caso, la mención de Betania tiene su porqué. El lugar de la Ascensión de Jesús es el mismo que el del inicio de la entrada en Jerusalén (19,29), son las dos únicas menciones de Betania en este evangelio. Lucas ha puesto Betania en referencia a 19,29, y para cerrar el ciclo de los acontecimientos de Jerusalén, pasión-muerte-resurrección-ascensión. Aquella humilde entrada por el monte de los Olivos, cerca de Betania, desemboca y produce esta gloriosa salida en el mismo sitio.

La bendición coincide con la separación física. La auténtica bendición es el adiós a lo físico, porque solo así viene la plenitud de su presencia. Si la muerte lleva anexa la Resurrección y esta lleva aneja la entrada en la gloria junto a Dios, todas las "apariciones" que se nos narran (a los de Emaús, a Pedro, a los Once con todos), son "apariciones desde su gloria". Luego, no pueden ser apariciones físicas, ni se perciben en lo físico/material.

La Ascensión es descrita como un movimiento ascendente. Desde la perspectiva simbólica, arriba está lo bueno y lo pleno. La vida que Dios nos da, y que los discípulos obedientes acogen, lleva a la plenitud de arriba. Ascender es estar en la meta, que no es otra que llegar a la gloria, a la plenitud junto al Padre.  

Lucas acaba su evangelio en el mismo sitio donde lo empezó, en Jerusalén y en el Templo. El camino de Jesús, ahora, lo ha de realizar el discípulo/ la comunidad, con sus fallos y aciertos, con todas sus pasiones y grandes gozos. Si ese camino es como el de Jesús, tiene esta meta de plenitud y gloria junto al Padre. Lo de ahora no es una invitación a volver al judaísmo, sino volver al principio del evangelio: que el discípulo/comunidad rehaga en su vida el camino que Jesús acaba de hacer y enseñar. Aunque parece que Él se ha ido, físicamente, realmente siempre está. Nosotros lo podemos descubrir presente en la Escritura, en los seres humanos que caminan con nosotros y en la Eucaristía.
Lucas presenta a la comunidad cristiana dedicada a lo que realmente le hace ser, estaban bendiciendo a Dios continuamente, en el templo. Toda la vida del creyente puede ser una constante bendición a ese Dios que da la vida, no como un caramelo pequeño que se acaba pronto, y pasado el tiempo nos lo quita. Esta vida sometida al tiempo y al espacio es un paso previo de identificación libre con Él, actuar como él.  Por esta vida, con la ayuda del Espíritu, el ser humano llega a la plenitud de la gloria junto a Él en el cielo.

2.    ORACIÓN
Esta conciencia,
esta profunda certeza de tu Presencia es mi mayor bendición.
Que descienda sobre nosotros tu bendición,
que nos sintamos benditos,
porque, Señor Jesús, tu eres bueno con nosotros.
Sentir tu bendición es vivir desde la convicción
de que somos importantes para ti,
te importamos,
por eso nos bendices,
quieres lo mejor para nosotros:  
nuestro desarrollo pleno como personas,
humanos, plenamente humanos.

Bendícenos, Señor,
para que podamos sentir la suave caricia de tu Presencia,
la ternura de tu Palabra,
la fuerza de tu Corazón,
la vida de tu Vida,
el calor de tu Compañía,
el valor de tu Compromiso, 
el riesgo de tu Reino,  
el alimento de tu Cuerpo,
la vida de tu Sangre,
el silencio de tu Oración,
la fraternidad de tu Padre,
la fuerza de tu Debilidad. 

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