sábado, 14 de mayo de 2016

SOLEMNIDAD DE 
PENTECOSTÉS
DOMINGO
Juan 20,19-23
19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
Paz a vosotros.
20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
21Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

1.    COMENTARIO
Al Resucitado no solo se descubre con la palabra, sino también en la fracción del pan, en la Eucaristía. El mensaje de María Magdalena no los ha liberado del miedo. No basta con que otro nos hable del Resucitado, es necesario experimentar su presencia, personalmente.
Jesús se presenta en medio, en el centro de la comunidad que celebra la eucaristía. Es una presencia eucarística. Y conservando las señales de la entrega: las manos, expresión de un amor hasta el extremo, y el costado, el don del Espíritu. 

Jesús les saluda exactamente como los despidió (14,27;16,33). La muerte no ocupa espacio ni tiene recorrido. En el mismo segundo que mueres a este mundo, resucitas. La vida es continuidad sin interrupción alguna. La muerte no existe. Otra cosa es que a la hora de expresar y narrar los acontecimientos en este mundo, sometidos al espacio y al tiempo, le concedamos a la muerte un espacio y un tiempo.  Por ejemplo, cuando confesamos al tercer día resucitó. Si la entendemos en  sentido literal y deducimos que Jesús estuvo tres días muerto, es una aberración patente, pues el que es la vida no puede morir y el que tiene la vida no prueba la muerte. La muerte no existe.

A Jesús no se le reconoce por su cara, como hacemos con la gente, sino por las manos y el costado. Las manos, en todas las culturas, son símbolo de las obras. A Cristo Resucitado se le reconoce presente en todo ser humano que hace obras de vida. Cristo se hace presente en la Eucaristía dando fuerza para llevar una vida de entrega a favor de los demás, dando vida a los demás. Sus manos dan seguridad. El Padre ha puesto todo en sus manos. Creer que la frase significa que allí hubo unas manos físicas, destrozadas, de un crucificado y que hubo un examen visual de un espectáculo, es entender poco o casi nada.

El costado abierto. El pecho es el arca que guarda el corazón, sede de los sentimientos, está abierto. Simboliza el amor derramado y los buenos sentimientos. Ahí está el Resucitado. De su costado brota agua y sangre, es una vida entregada.
Lo mismo que sucedió en su pasión está sucediendo en esta Eucaristía: en la cena, sus manos aparecen entregadas en servir, el lavatorio; en el calvario, su costado abierto del que brota la vida, la lanzada; en su muerte, la entrega del Espíritu, que es lo que viene a continuación.

Jesús les pone en su mismo camino. La misión de los suyos es la misma que la suya. Y esto se expresa a través de sopló sobre ellos...La imagen hace referencia a la primera creación, Gén 2,7. Dios sopló en la nariz de aquella figura de barro, símbolo de la fragilidad humana, su espíritu de vida y el hombre fue un ser viviente. Aquí, ahora, culmina la obra creadora, recoge la misma imagen. El que tiene experiencia del Resucitado se convierte en una persona nueva. Con la plenitud del Espíritu, la comunidad, ya tiene capacidad de amar hasta el extremo, de entregarse totalmente como él, y eso es lo que libera del pecado.

El evangelista Juan no concibe el pecado como una mancha puntual, sino como una actitud del individuo. Pecar es ser cómplice de la injusticia encarnada en un sistema opresor, cuando el individuo cambia de actitud, cesa su pecado.  Para Juan, pecado es integrarse en el orden injusto, bien por propia decisión, o bien, porque no se conoce otra posibilidad.

A quienes perdonéis… “A quienes liberéis de sus cadenas que esclavizan con la fuerza del Espíritu que os doy, quedan liberados". No se trata solo del sacramento de la Penitencia, que también, sino de que a todos nos da las fuerzas del Espíritu con el que podamos ayudar a liberar del pecado (del orden injusto) a los demás. Y por el contrario, a quienes se aferren a su situación de injusticia opresora, les imputa de un modo constante su esclavitud, su estado de pecado.

El Espíritu se da como fuerza para sacar a los demás, que libremente quieran salir, de su situación de pecado y, al mismo tiempo, para los que libremente se siguen aferrando a su situación, para poner de manifiesto la situación en la que están. Los discípulos reciben el Espíritu Santo para liberar al ser humano que sin culpa alguna vive menguado y prisionero de la única realidad que conoce. Reciben el Espíritu Santo para mostrar al ser humano que vive en tinieblas el proyecto luminoso que Dios tiene sobre él.

ORACIÓN
Ven Espíritu creador de Dios.
En tu mundo no hay paz.
Tus hijos e hijas se matan de manera ciega y cruel.
No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas.
Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras.
Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano.
Haznos constructores de paz.
No nos abandones al poder del mal.

Ven Espíritu liberador de Dios.
Muchos de tus hijos e hijas vivimos esclavos del dinero.
Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano.
Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres.
Libera en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Haznos más responsables y solidarios.
No nos dejes en manos de nuestro egoísmo.

Ven Espíritu renovador de Dios.
La humanidad está rota y fragmentada.
Una minoría de tus hijos e hijas disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más.
Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición.
Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social.
Despierta en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Enséñanos a defender siempre a los últimos.
No nos dejes vivir con un corazón enfermo.

Ven Espíritu consolador de Dios.
Muchos de tus hijos e hijas viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad.
Otros caminan perdidos y sin esperanza.
No conocen una vida digna, solo la incertidumbre, el miedo o la depresión.
Reaviva en nosotros la atención a los que viven sufriendo.
Enséñanos a estar más cerca de quienes están más solos.
Cúranos de la indiferencia.
Ven Espíritu bueno de Dios.
Muchos de tus hijos e hijas no conocen tu amor ni tu misericordia.
Se alejan de Ti porque te tienen miedo.
Nuestros jóvenes ya no saben hablar contigo.
Tu nombre se va borrando en las conciencias.
Despierta en nosotros la fe y la confianza en Ti.
Haznos portadores de tu Buena Noticia.
No nos dejes huérfanos.

Ven Espíritu vivificador de Dios.
Tus hijos e hijas no sabemos cuidar la vida.
No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de tu mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso.
En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza.
No sabemos hacia dónde nos dirigimos.
Infunde en nosotros tu aliento creador.
Haznos caminar hacia una vida más sana.
No nos dejes solos.
¡Sálvanos!
 (J.A. Pagola)


TERMINA EL TIEMPO PASCUAL

No hay comentarios:

Publicar un comentario