ORACIÓN DEL HIJO
AMADO
Camino de
Jerusalén,
camino de la
traición y del engaño,
de la injusticia
y del abuso,
de la muerte, de
la cruz, de la vergüenza…
hiciste un alto
en el camino para vivir la experiencia de sentirte hijo,
de sentirte
amado,
de saberte
querido… incondicionalmente:
Tú eres mi hijo
amado,
en ti me
complazco.
Necesitabas,
Jesús escuchar estas palabras,
esta declaración
de amor,
este manifiesto
de amor incondicional.
¡Cómo todos lo
necesitamos!
Somos hijos e
hijas amados.
Esta es nuestra
verdad fundamental: SOMOS AMADOS.
Cuando esto no
aparece claro, Señor, surge en nuestro
interior el menosprecio,
la
infravaloración, la culpa malsana…
Aparece que las
cosas son horribles, tremendas, “lo peor que nos podía pasar”,
la insensatez de
la pregunta: ¿“por qué a mí, por qué a nosotros, por qué a él”?
Cuando nos
alejamos de la zona de hijos amados,
cuando nos
apartamos de nuestra verdad,
nos trasladamos a
la zona de la ignorancia, del error, de la mentira,
de las tinieblas…
Señor, Tú sabes
que solo el amor transforma,
transfigura,
cambia.
Como a aquellos
discípulos temerosos,
que cayeron de
bruces,
llenos de miedo,
qcércate a
nosotros, pon tu mano sobre nuestros hombros,
y dinos: Levantaos. No tengáis miedo…
que podríamos
seguir traduciendo:
Abandonaos con toda sencillez en el misterio de Dios.
Vuestra poca fe basta.
No os inquietéis.
Si escucháis mi palabra,
descubriréis que el amor de Dios consiste en estar siempre
aceptándose,
perdonándose y perdonando.
Si creéis esto, vuestra vida cambiará.
Conoceréis la paz del corazón.
Como en la
Eucaristía un poco de pan y un poco de vino
se transforman en
tu cuerpo y tu sangre,
transforma
nuestra oscuridad en luz,
nuestra
enfermedad en salud,
nuestro pecado en
perdón,
nuestra desgracia
en aceptación,
nuestra muerte en
resurrección.
Y dame la fuerza
para mantener la esperanza en Ti: “la fe son 24 horas de dudas y un minuto de
esperanza”. Gracias Señor.

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