I DOMINGO
Mateo
4,1-11
4 1Entonces Jesús
fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Y
después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3El
tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes. 4Pero él le contestó: Está escrito: "No
solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios".
5Entonces
el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del Templo 6y
le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado
órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu
pie no tropiece con las piedras". 7Jesús le dijo: También está
escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios".
8De
nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y
su gloria, 9y le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras.
10Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito:
"Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto". 11Entonces
lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
1. COMENTARIO
4
1Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser
tentado por el diablo. 2Y después de ayunar cuarenta días con sus
cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El relato está situado a continuación del Bautismo de Jesús en el Jordán. Después
de haber vivido la experiencia de Hijo,
lleno del Espíritu, es llevado/empujado,
impulsado por el Espíritu a someterse
al discernimiento de cómo y cuál es su misión. Es el momento de elegir, de las
opciones y de las decisiones… con todas sus consecuencias.
·
El
desierto. Es presentado como figura. No solo se refiere al
desierto físico, natural, sino a lo que expresa la realidad de un desierto.
Jesús entra en el desierto y ya no sale. Simboliza la travesía de la vida.
Jesús está solo, en ruptura con un mundo cuyos valores son los del diablo, los de Satanás. El desierto es
una actitud interior, es una manera de vivir. Recuerda al éxodo de Israel,
donde el pueblo fue infiel a Dios (Éx 17,1-17). Ahora, Jesús es el nuevo
Moisés. Ha de recorrer el camino del éxodo.
El desierto representa el lugar que Jesús ha de recorrer hacia la tierra
prometida.
Toda
la escena corresponde al plan de Dios sobre Jesús. El objetivo del Espíritu de
Jesús es la confrontación entre Él y Satanás para demostrar la fuerza del
Mesías. No vale cualquier tipo de mesianismo. Desde el comienzo se nos muestra
que la victoria es de Jesús.
·
El
número cuarenta. Se usa como un
número redondo para indicar una totalidad limitada. Indica la vida.Jesús está en el desierto cuarenta días en paralelo a Israel que
estuvo cuarenta años en el desierto
antes de entrar en la tierra prometida.Cuarenta
días con sus cuarenta noches. Se trata de un ayuno continuo. No se
interrumpe en ningún momento.
Ya
sin fuerzas, Jesús vence al diablo/adversario.
La fuerza de Jesús proviene del Espíritu. Jesús no ha entrado en el desierto a
una aventura, sino que lleva al Espíritu.
Vamos a ir situando los diversos lugares de este
texto por su amplio y profundo significado.
EN EL DESIERTO
3El
tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes.
En el
v. 1 al tentador se le llama diablo (es una palabra griega[1]) y en
el v. 10 se le llama Satanás (en
hebreo). En ambos casos es el adversario,
lo opuesto, que va a inducir continuamente a Jesús a traicionar el
compromiso experimentado en el Bautismo. Es el enemigo del ser humano. Lo que
desvía del camino hacia la plena realización de la persona que se siente
habitada por el Espíritu de Dios. Es lo contrario a Jesús, el Salvador.
El tentador aparece cuando el ser humano se
siente débil, al fin sintió hambre.
La persona es un ser insaciable, siempre tiene hambre. Esta palabra aparece en
el Nuevo Testamento (Mt 16,23; Sant 1,13) para referirse a personas que quieren
apartar a Jesús del estilo de Mesías que ha elegido: la humildad, el servicio y
la entrega.
El
diablo da por supuesto que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, no solamente por su origen, sino por cómo actúa:
al estilo de Dios. Le invita a dar una orden: dique estas piedras se conviertan en panes. Su intención es que
remedie la propia hambre con un “milagro”. Será efecto de su poder no del
compartir, de la generosidad de Jesús. El propósito es inducir a Jesús a actuar
en su propio beneficio sin contar con el plan de Dios. Es dejar de hacer la
voluntad de Dios. Se trata de un ateísmo práctico. Es el egoísmo como norma de
vida, olvidarse de la entrega como opción fundamental. Por eso, cuando aparece
la palabra en-demoniado en el
evangelio se ha de interpretar como aquel que está ideologizado o es fanático en
ideas contrarias al evangelio.
4Pero
él le contestó: Está escrito: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios" (Dt 8,3).
Jesús
responde con el texto del libro del Deuteronomio. La vida natural, física, solo
tiene sentido cuando Dios la comunica. En el libro del Deuteronomio, la palabra
de Dios se relaciona con el maná, con
el alimento. Dios no abandona nunca a
su pueblo ni lo deja perecer en la necesidad. Jesús sabe que Dios no le va
abandonar, no teme por su vida. Su certeza está en la fidelidad de Dios.
La
palabra de Dios, que sale de su boca, está en nosotros para sanarnos de nuestras
ideologías/fanatismos, para que seamos libres, vivamos en plenitud como seres
humanos.
DEL DESIERTO A LA CIUDAD SANTA, A JERUSALÉN
5Entonces
el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del Templo 6y
le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado
órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu
pie no tropiece con las piedras".
La ciudad santa eraJerusalén, sede del
Templo, lugar de la presencia divina.
El diablo coloca a Jesús en el alero del
Templo, lugar donde debía manifestarse el Mesías e inaugurar la liberación
poderosa de Israel.
La
tentación es una invitación a acomodarse a las doctrinas mesiánicas aun vigentes
en aquellos tiempos. No solo le invita a encarnar la figura del Mesías
triunfador, sino que la propuesta diabólica que separa a Jesús de su opción
mesiánica, es tirarse desde aquella
altura para realizar un hecho prodigioso, espectacular. Así, el pueblo pude
comprobar comprobar que Dios está con Él.
Esta escrito. Es referencia a un
texto de la Escritura: Sal 91. En él se habla de la protección de Dios sobre
aquellos que le temen, que le
reconocen como Dios. El tentador
propone a Jesús que provoque la situación de peligro forzando la acción de
Dios. Lo cual supone someter a Dios a los caprichos irresponsables de la
persona.
7Jesús
le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios" (Dt 6,16).
Mateo
pone en boca de Jesús otro relato del Deuteronomio, en el cual los israelitas
habían desafiado a Dios para probar que realmente estaba con ellos. Aceptar la
propuesta del diablo supone forzar la acción de Dios sin motivo. Dios colabora
con el hombre, pero no le quita libertad ni responsabilidad. Jesús va
reduciendo en cada respuesta, como luego hará en su actuación, el poder e
influencia del maligno. Este es el sí de Jesús a la misión del Padre.
DE LA CIUDAD SANTA A UN MONTE ALTÍSIMO
8De
nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y
su gloria, 9y le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras.
10Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito:
"Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto" (Dt
6,13).
El
tentador propone la definitiva y última tentación. Le lleva a un monte altísimo, indicando la suprema
condición divina. El monte es el
lugar de la manifestación o revelación de Dios (Monte Sinaí, Monte Carmelo, Monte
Sión…) Es el monte el lugar de la manifestación de Dios a través de la gloria
de todos los reinos de este mundo. (Puede compararse este momento con el monte
del segundo domingo de cuaresma). Desde
allí se dominan todos los reinos del
mundo.
De la
estrechez del Templo judío, símbolo de la nación judía, ahora la propuesta es
universal todos los reinos del mundo y su
gloria. El tentador ofrece a Jesús el poder y el esplendor del poder: la
gloria, el prestigio y el dominio.
Todo esto te daré. Y
puede darlo porque le pertenece. El poder y la ambición es lo que genera
injusticia y marginación. Es la gloria del mundo. Solo hay una condición: si te postras y me adoras. Si Jesús
reconoce al diablo como dios. Pero, ¡Jesús solo adora a Dios! El tentador pretende que Jesús renuncie al
plan de Dios, a la voluntad de salvar a la humanidad. El poder convierte al
hombre en ambicioso y lo hace precisamente enemigo del ser humano. El poder o
se pone bajo la ética del servicio o se pone al servicio del poderoso para
dominar al otro.
10Entonces
le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios,
adorarás y a él solo darás culto" (Dt 6,13).
El
único verdadero salvador/ liberador no es el que domina, sino el que sirve, el
que entrega su vida por la humanidad. La ambición de poder hace al hombre
enemigo del propio hombre, pues se convierte en un idolatra, sustituye al
verdadero Dios por otro dios que esclaviza. El poder, con sus esplendor de
riqueza, dominio y prestigio, no es válido para hacer posible el Reino de Dios.
Jesús
ordena a Satanás que se vaya, se retire. Vuelve Jesús a
argumentar desde el libro del Deuteronomio. Dios es único y, por tanto,
exclusivo. No se pude servir a dos señores. Esta fidelidad a Dios produce la
derrota del adversario. “No se pude poner una vela a Dios y otra al diablo”. Al
menos, no es evangélico.
11Entonces
lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
El
diablo obedece, es decir, ha sido derrotado, vencido. No tiene poder sobre
Jesús.
Los ángeles le servían. Esta expresión
tiene que ver con el principio del relato,
al fin sintió hambre. Jesús después de cuarenta días con sus noches de
ayuno tenía hambre. Desaparece el tentador; al final, en la victoria, los ángeles le servían. Es símbolo de
que se ha restaurado la comunión entre Dios y el hombre.
No
olvidemos que todo el relato es una figura/símbolo de la situación en la que
Jesús va a realizar su misión, en la que va a vivir. Por eso, a lo largo del
relato evangélico, no van a faltar diablos:
personas, grupos, que intentan separar a Jesús de su opción mesiánica con el
consiguiente rechazo por no entrar en su mentalidad… Pero tampoco van a faltar ángeles: personas que reflejan la
misericordia de Dios, que sirven, ayudan, están a favor de Jesús.
La
escena termina sin mencionar que Jesús salga del desierto. Solo saldrá con su
muerte.
[1]Diablo
proviene del griego. Significa “lo que separa, desune, lo absurdo, el
sin-sentido”. Lo contrario es lo simbólico:
“lo que da sentido, lo que une”.

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