SÁBADO, 25 DE ABRIL
Juan 6,16-21
16Al
oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, 17 embarcaron y
empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no
los había alcanzado; 18 soplaba un viento fuerte, y el lago se iba
encrespando. 19Habían remado unos veinticinco o treinta estadios,
cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se
asustaron. 20Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. 21Querían
recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde
iban.
COMENTARIO
Da la impresión que los discípulos han estado esperando
a que anocheciera en el lugar de la comida. Ellos solos, sin Jesús, bajan al
lago, se montan en la barca y regresan a Cafarnaúm. Pero ya no es la barca de
Jesús, en ella no va Jesús. Ellos eligen su propio camino; no entienden que
Jesús se haya marchado en el momento propicio para proclamarlo rey, jefe
poderoso.
Sin Jesús, la noche se hace presente, es noche
cerrada, son las tinieblas opuestas a luz. Los discípulos participan de la
mentalidad del poder y ambición que les ciega, se hace de noche en su vida. Y a
pesar de que Jesús no está con ellos, que no hay luz y que un fuerte viento
agitaba el lago, aun así, ellos comienzan la travesía por el lago para volver a
la ciudad. Sin Jesús, ciegos (a oscuras,
de noche) y guiados por la mentalidad del poder, la mentalidad nacionalista
(fuerte viento que agitaba), no hay
futuro, no hay horizonte.
Veamos
los elementos más significativos del versículo 19:
-
caminaba sobre el mar. El hecho de caminar
sobre el mar era propio de Dios (Job 9,8), era considerado como una
manifestación de la divinidad de Jesús;
-
se acercaba a la barca. Los discípulos, que
esperaban una bronca de Jesús, se asustan, reaccionan con miedo. Aquellos que
viven de noche, aferrados a sus viejas ideas, se asustan ante la presencia de
Jesús, luz.
Jesús, al contrario de lo que esperaban sus
discípulos, les saluda, les calma y les tranquiliza. La reacción de los
discípulos es la misma que los primeros encuentros con el Resucitado. El miedo
es el viento fuerte que guiaba su barca, hasta que aparece la fe en Jesús, la
confianza en él. Jesús es el Mesías resucitado que vence la mentalidad a pesar
del estado de injusticia en el que vive la humanidad. Solo la presencia de Jesús puede erradicar el
miedo del ser humano.
Al intentar
recoger a Jesús en la barca, sucede que ésta ya se encuentra en terreno firme.
Al aceptar a Jesús llegan a la tierra firme, donde Jesús pretendía llevarlos en
su éxodo.
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