JUEVES, 16 DE ABRIL
Lucas 24,35-48
35Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
36Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en
medio de ellos y les dijo: "La paz esté con vosotros" 37Aterrados
y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
38Él les dijo: "¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de
vosotros?39Ved mis
manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni
huesos, como veis que yo tengo".
40Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo:
"¿Tenéis algo de comer?"
42Le dieron un trozo de pez asado. 43Lo tomó y comió delante de ellos.
44Luego les dijo: "De esto os hablaba cuando estaba todavía con
vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en
la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".
45Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las
Escrituras. Y les dijo:46"Estaba
escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al
tercer día,47y que
hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a
todas las naciones, comenzando por Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de estas cosas.
49Sabed que voy a enviar lo que os ha prometido mi Padre. Por vuestra
parte quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo
alto".
COMENTARIO
La señal, el signo, es el gesto, “al partir el pan”, símbolo de la
entrega.
El relato es una catequesis que habla
del proceso de fe en Cristo Resucitado, del reconocimiento del Resucitado en el
camino de la vida por medio de la Palabra, buen anuncio, y de la Eucaristía,
donde se realiza la entrega.
Jesús no se ve físicamente, vive en la
dimensión de Dios, de vida plena, de resurrección; sin embargo está siempre con
nosotros, junto a nosotros o en nosotros, en todos los caminos. Que su
presencia sea invisible físicamente no quiere decir que su ausencia física sea
irremediable: está en el semejante, en la Palabra, en el Pan. Estos tres
“lugares” son visibles, sin la visibilidad posible del Resucitado.
Los discípulos no hablan nada a lo largo del texto, solo se
describen y se resaltan sus emociones y reacciones. Están pero no intervienen,
no hay diálogo externo, es un indicio que esto que describe Lucas también es un
proceso interno como los dos momentos anteriores.
… Luego el
Resucitado ya estaba presente. Da la impresión, pero no hay recorrido físico
alguno, surge en medio de ellos cuando están hablando de él y esa es una
persona Resucitada, no físico/ material.
Estamos en un
contexto de comida, y por cierto con unos ingredientes muy raros en Jerusalén,
el pescado. Por el detalle del pescado, que se verá a continuación, la escena
remite a la multiplicación de panes y peces y, por tanto, al contexto
eucarístico. Cristo resucitado y la eucaristía forman unidad, son un todo
indivisible. Cristo aparece siempre que se comparte la fe (v. 36ss), cuando se
comparten las tristezas y desesperanzas (vv.13-25) o se comparten los afanes
por estar junto a él (vv.1-12).
Y ellos que
estaban tan contentos, con el corazón ardiente, contando sus experiencias,
entonces pierden la alegría y la paz, se espantan, temen, se turban, dudan.
Extraña paz que trae el Resucitado. Cierto temor inicial es lógico, pero es que
aquí la fe no llega, no acababan de creer
(v.41), y para que acabasen de creer
viene lo del pescado, pero eso tampoco trae la fe.
Nada físico
traería la fe. Lo físico traería turbación, miedo, dudas, engaño, “creían ver
un espíritu”. Esta es una de las enseñanzas que se sacan de este texto tan
“físico” que no tiene parangón con ningún otro evangelista. La paz no llega
hasta que escuchando sus palabras y la iluminación de la Sagrada Escritura, lo
reconocen, se postran ante una
presencia no física, aunque sí corporal y llena de vida (v.52).
Esta descripción
tan material hay que leerla en contraposición
a creían ver un espíritu, para
decir a los primeros creyentes que Cristo Resucitado no es un espíritu separado
del cuerpo sino que es cuerpo, un
cuerpo que guarda identidad (identidad resucitada), con el cuerpo físico que
tuvo.
En el mundo y
filosofía helenistas, en las que se estaba desarrollando el naciente cristianismo,
Lucas es el más griego de todos los evangelios, hay un desprecio al
cuerpo/materia como cárcel del espíritu. Frente a estas teorías, que podían
infectar al cristianismo de cierto “olor” espiritual puro y gnóstico, están estos versículos como un golpe de
péndulo en sentido opuesto. Bien analizados, en la terminología y el contexto
de cada uno, no solo contribuyen a ajustar la realidad de que la resurrección
lleva consigo la nueva creación de un
cuerpo, sino a aquilatar qué clase de cuerpo es el del Resucitado.
¿A la gente se la
identifica por las manos y los pies? A la gente se la identifica por el rostro
y el rostro de Jesús no aparece. El Resucitado apareció de un modo extraño,
como surgiendo de entre ellos y aparece sin rostro. Su identidad son las manos
y los pies, su identidad la marcan los signos de la entrega, de la crucifixión.
Ved mis manos. (Ved=
"orao", caed en la cuenta,
contemplad, con los ojos de la fe). Si fueran las manos físicas, ¿por qué iban
a reconocerlas? Las de los otros dos crucificados serían muy, muy, parecidas en
cuanto a los destrozos. Además, si ellos no han estado en el descendimiento ni
en la sepultura. No se refiere a las manos físicas crucificadas, que todas
debían ser igualmente de horrorosas a la vista. Se refiere a ponerse a buscar
en el evangelio sus manos para que los discípulos vean cómo son unas manos
entregadas, hagan y vivan de la misma manera que Jesús. Hay que repasar cuando
aparecen las manos de Jesús y que hacen.
Ved
mis manos quiere decir
mirad esto e imitadlo. Estas son unas manos entregadas, Estando atento y
poniendo en práctica esto el discípulo descubrirá al Resucitado. Mirar una mano
destrozada es un horror y no tiene sentido.
Ved mis pies. Es lo mismo que las manos. Hay que
repasar las veces que aparecen sus pies en esta catequesis, en este evangelio,
"mirad mis pies y os daréis cuenta que ante ellos encontraréis perdón,
paz, armonía, acción de gracias".
No es el verbo
tocar lo que ven, sino buscar a tientas
lo que no se ve, como cuando en una habitación oscura se busca a tientas
el interruptor de la luz. Es otro detalle de que a pesar de las primeras
apariencias no estamos en un contexto físico-visual. Aunque dice palpadme no lo hacen, no se corrobora
después que lo hagan, que lo palpasen. En el evangelio, y especialmente, en
estas narraciones las cosas no son lo que parecen, son mucho más.
Un espíritu no tiene carne
ni huesos, como veis que yo tengo. Esta
expresión nos sitúa en el proceso interno más que en una escena físico/externa.
Carne, “sarx”, es la materia orgánica
del ser vivo, el elemento cambiante. Huesos
simboliza el elemento permanente, estructurante del ser, primordial, es lo
permanente por debajo de los distintos ropajes externos de la carne. Por eso la
revivificación de los huesos secos (Ez 37) significa que, habiendo en nuestro
ser un elemento permanente de identidad personal (cuerpo), con la resurrección
será un nuevo cuerpo que recubra nuestra identidad permanente.
La expresión carne-huesos significa el ser humano
completo. Su cuerpo (soma) en sentido antropológico semita, no en el sentido de
la filosofía griega.
Dicho esto, les mostró las
manos y los pies. ¿Qué tipo de
muestrario fue este? El verbo mostrar
en Lucas significa todo un proceso de reconocimiento marcado por estos tres
momentos:
-
1º señalar, hace
relación a que son signos que llevan a
otra realidad;
-
2º revelar, dar a conocer lo oculto, por la entrega viene
la vida;
-
y 3º explicar, a
continuación les explicará las Escrituras.
Lucas es un
evangelista elegante, disculpa siempre a los discípulos, por la alegría, una disculpa tan poco creíble como en Getsemaní
cuando se durmieron porque estaban muy
tristes (22,45). ¿Desde cuándo la tristeza da sueño? Más bien, ¿no produce
insomnio? El resultado es que no creían
aún, no acababan de creer.
Seguimos en lo mismo, en lo físico, lo externo, los ojos no dan fe, al
contrario, provocan duda, sobresalto, miedo, confusión. Lo que trae la fe es lo
interior, la apertura del oído a la palabra explicada que ilumina el sentido,
nos envía a la misión y promete el Espíritu.
Hay comida preparada, come y después
les da vida, les abre el entendimiento, los "ojos de la fe", para que
reconozcan la resurrección, la vida en plenitud. Pero
tampoco de esta nueva “materialidad” se deriva la fe, antes de ella no creían aún después de ella no se
confirma que creyesen.
Frente a algunas
preguntas, objeciones y filosofías de la época, Lucas deja claro que la
Resurrección implica un “cuerpo”, que la visión física con tocamientos y
digestiones no dan la fe en el Resucitado sino que contribuyen a lo contrario
(miedos, dudas, turbaciones), ahora, nos indica cual es el camino de la
apertura, la luz y el descubrimiento.
La frase es
exactamente igual al comienzo del libro del Deuteronomio (Dt 1-2) que recoge
los últimos discursos de Moisés antes de marchar. Algo del espíritu de la
Resurrección se manifiesta en la muerte de Moisés y nos orienta hacia la
Resurrección del definitivo Moisés.
Jesús comienza su
último parlamento y recomendaciones como lo comenzó aquel en Dt 1,1. Son las
palabras que hay que recordar para que se abra el entendimiento, para captar la
realidad de Jesús, y teniendo esta experiencia creer en la Resurrección y en la
vida, son las palabras “que hablé cuando estaba todavía con vosotros”.
La palabra del
Resucitado es la que da luz y sentido a todo lo anterior como cumplimiento (la
Escritura estaba dividida en 3 partes: Moisés, profetas y salmos), y a lo
posterior, como tarea para ser testigos del Resucitado, y como promesa os enviaré la promesa de mi Padre.
Lo externo no
abre el entendimiento y, sin embargo, no acaban de abrirse, de creer, sino la
Palabra, Él, sus palabras, el ver como sus palabras cumplen las palabras
anteriores del AT.
El testimonio es
universal, estaban los Once y los que estaban con ellos –símbolo de la
universalidad-, comenzando por Jerusalén. Jerusalén ha sido la meta del
ministerio itinerante de Jesús, el lugar de su entrega total y de su
Resurrección, así como el lugar único donde los suyos lo descubren resucitado y
vivo. En consecuencia lógica también debe ser el punto de salida. El lugar de
meta es punto de partida, como la muerte física (meta) es el punto de partida
para la vida en plenitud.
Además,
Jerusalén, en este evangelio es todo. El centro es Jerusalén, y en el centro dela ciudad el templo. Todos
los momentos cumbres tienen lugar en Jerusalén y en el templo.
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