VIA LUCIS – Camino
de la Luz Pacual
Se puede rezar todos los domingos de Pascua.
Invocación inicial
Guía:
En el Nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Oración inicial
Guía:
Señor Jesús, has triunfado sobre la
muerte con tu Resurrección y vives para siempre comunicándonos la vida, la
alegría, la esperanza firme. Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles,
fortalece también nuestra fe, para que nos entreguemos de lleno a Ti.
Queremos compartir contigo y con tu
Madre, la Virgen María, la alegría de tu Resurrección gloriosa. Tú que nos has
abierto el camino hacia el Padre, haz que, iluminados por el Espíritu Santo,
gocemos un día de la gloria eterna.
I Estación: Jesús resucitado, conquista
la vida verdadera
Lector:
X Del
Evangelio según san Mateo Mt 28,1-2
Pasado el sábado, al
alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María
a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del
Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima.
Reflexión
Guía:
Gracias, Señor,
porque al romper la piedra de tu sepulcro nos trajiste en las manos la vida
verdadera, no sólo un trozo más de esto que los hombres llamarnos vida, sino la
inextinguible, la zarza ardiendo que no se consume, la misma vida de que vive
Dios.
Gracias por este
gozo, gracias por esta Gracia, gracias por esta vida eterna que nos hace
inmortales, gracias porque al resucitar inauguraste la nueva humanidad y nos
pusiste en las manos esta vida multiplicada, este milagro de ser hombres y más,
esta alegría de sabernos partícipes de tu triunfo, este sentirnos y ser hijos y
miembros de tu cuerpo de hombre y Dios resucitado.
Verdaderamente
ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos:
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
II Estación: Su
sepulcro vacío muestra que Jesús ha vencido la muerte
En aquel tiempo, María
Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar
a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al
sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada
del sepulcro?». Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy
grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha,
vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: «No tengáis miedo.
¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí.
Mirad el sitio donde lo pusieron.
Reflexión
Guía:
Hoy,
al resucitar, dejaste tu sepulcro abierto como una enorme boca, que grita que
has vencido a la muerte.
Ella, que hasta ayer era la reina de este
mundo, a quien se sometían los pobres y los ricos, se bate hoy en triste
retirada vencida por tu mano de muerto-vencedor.
¿Cómo podrían aprisionar tu fuerza
unos metros de tierra? Alzaste tu cuerpo de la fosa como se alza una llama,
como el sol se levanta tras los montes del mundo. y se quedó la muerte muerta,
amordazada la invencible, destruido por siempre su terrible dominio. El
sepulcro es la prueba: nadie ni nada encadena tu alma desbordante de vida y
esta tumba vacía muestra ahora que tú eres un Dios de vivos y no un Dios de
muertos.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
III Estación: Jesús, bajando a los infiernos, muestra el triunfo
de su resurrección
Lector:
De la primera carta del apóstol san Pedro 1Pe 3, 18-20
Porque también Cristo
sufrió su Pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los
injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne, pero vivificado en el
Espíritu; en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a
los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los
días de Noé, a que se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho
personas, se salvaran por medio del agua.
Reflexión
Guía:
Más no resucitaste para ti solo. Tu
vida era contagiosa y querías repartir entre todos el pan bendito de tu
resurrección. Por eso descendiste hasta el seno de Abrahán, para dar a los
muertos de mil generaciones la caliente limosna de tu vía recién reconquistada.
Y los antiguos
patriarcas y profetas que te esperaban desde siglos y siglos se pusieron en pie
y te aclamaron, diciendo: «Santo. Santo. Santo. Digno es el cordero
que con su muerte nos infunde vida, que con su vida nueva nos salva de la
muerte. Y cien mil veces santo es este Salvador
que se salva y nos salva». Y tendieron sus manos
hacia ti. Y de tus manos brotó este nuevo milagro de la multiplicación de la
sangre y de la vida.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
IV Estación: Jesús, resucita por la fe en el alma de María
X Del Evangelio según san Lucas Lc 1, 46-48
En aquel
tiempo María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi
espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.
Reflexión
Guía:
No sabemos si aquella mañana del
domingo visitaste a tu Madre, pero estamos seguros de que resucitaste en ella y
para ella, que ella bebió a grandes sorbos el agua de tu resurrección, que
nadie como ella se alegró con tu gozo y que tu dulce presencia fue quitando uno
a uno los cuchillos que traspasaban su alma de mujer.
No sabemos si te vio con sus ojos, mas sí que te
abrazó con los brazos del alma, que te vio con los cinco sentidos de su fe.
Ah, si nosotros supiéramos gustar una
centésima parte de su gozo.
Ah,
si aprendiésemos a resucitar en ti como ella. Ah, si nuestro corazón estuviera tan abierto como estuvo
el de María aquella mañana del domingo.
Verdaderamente
ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos:
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
V Estación: Jesús elige a una mujer como apóstol de
los apóstoles
Lector:
X Del
Evangelio según Juan Jn 20, 15-18
En aquel tiempo, Jesús
le dice a María Magdalena: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella,
tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime
dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve
y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me
retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y
diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María
la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho
esto».
Reflexión
Guía:
Lo mismo que María Magdalena decimos
hoy nosotros: «Me han quitado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Marchamos por el mundo y no encontramos nada en qué poner los
ojos, nadie en quien podamos poner entero nuestro corazón. Desde que tú te fuiste nos han quitado el alma y no sabemos
dónde apoyar nuestra esperanza, ni encontramos una sola alegría que no tenga
venenos.
¿Dónde estás?
¿Dónde fuiste, jardinero del alma, en qué sepulcro, en qué jardín te escondes?
¿O es que tú estás delante de nuestros mismos ojos y no sabemos verte ¿Estás en
los hermanos y no te conocemos? ¿Te ocultas en los pobres, resucitas en ellos y
nosotros pasamos a su lado sin reconocerte? Llámame por mi nombre para que yo te vea, para que reconozca la
voz con que hace años me llamaste a la vida en el bautismo, para que redescubra
que tú eres mi maestro. Y envíame de nuevo a
transmitir tu gozo a mis hermanos, hazme apóstol de apóstoles como aquella
mujer privilegiada que, porque te amó tanto, conoció el privilegio de beber la
primera el primer sorbo de tu resurrección.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
VI Estación: Jesús devuelve la esperanza a dos discípulosesanimados
X Del Evangelio según Lucas Lc 24, 28-32
Llegaron cerca de
la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo
apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de
caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el
pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les
abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se
dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras?».
Reflexión
Guía:
Lo mismo que los dos de Emaús aquel
día también yo marcho ahora decepcionado y triste pensando que en el mundo todo
es muerte y fracaso. El dolor
es más fuerte que yo, me acogota la soledad y digo que tú, Señor, nos has
abandonado. Si leo tus palabras me resultan insípidas, si miro a mis hermanos
me parecen hostiles, si examino el futuro sólo veo desgracias.
Estoy desanimado. Pienso que la fe es un fracaso,
que he perdido mi tiempo siguiéndole y buscándote y hasta me parece que
triunfan y viven más alegres los que adoran el dulce becerro del dinero y del
vicio.
Me alejo de tu cruz, busco el descanso en mi casa de
olvidos, dispuesto a alimentarme desde hoy en las viñas de la mediocridad.
No he perdido la fe, pero sí la esperanza, sí
el coraje de seguir apostando por ti.
¿Y
no podrías salir hoy al camino y pasear conmigo como aquella mañana con los dos
de Emaús? ¿No podrías descubrirme el secreto de tu santa Palabra y conseguir
que vuelva a calentar mi entraña? ¿No podrías quedarte a dormir con nosotros y
hacer que descubramos tu presencia en el Pan?
Verdaderamente
ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos:
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
VII Estación: Jesús
muestra a los suyos su carne herida y vencedora
Lector:
X Del
Evangelio según Juan Jn 20, 26-29
A los ocho días, estaban
otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas
las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no
seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús
le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin
haber visto».
Reflexión
Guía:
Gracias, Señor, porque resucitaste no
sólo con tu alma, más también con tu carne. Gracias
porque quisiste regresar de la muerte trayendo tus heridas. Gracias porque dejaste a Tomás que pusiera su mano
en tu costado y comprobara que el Resucitado es exactamente el mismo que murió
en una cruz. Gracias por explicarnos que el dolor nunca puede amordazar el
alma y que cuando sufrimos estamos también resucitando. Gracias por ser un Dios que ha aceptado la sangre,
gracias por no avergonzarte de tus manos heridas, gracias por ser un hombre
entero y verdadero.
Ahora sabemos que eres uno de nosotros sin dejar de
ser Dios, ahora entendemos que el dolor no es un fallo de tus manos creadoras,
ahora que tú lo has hecho tuyo comprendemos que el llanto y las heridas son
compatibles con la resurrección.
Déjame
que te diga que me siento orgulloso de tus manos heridas de Dios y hermano
nuestro. Deja que entre tus manos
crucificadas ponga estas manos maltrechas de mi oficio de hombre.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
VIII Estación: Con su cuerpo glorioso, Jesús explica que también
los muertos resucitan
Lector:
X Del
Evangelio según Lucas Lc 24, 36-43
Estaban hablando de estas
cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les
dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad
mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un
espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les
mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y
seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron
un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Reflexión
Guía:
«Miradme bien. Tocadme. Comprobad que no
soy un fantasma», decías a los tuyos, temiendo que creyeran que tu resurrección
era tan sólo un símbolo, una dulce metáfora, una ilusión hermosa para seguir
viviendo.
Era tan grande el gozo de reencontrarte vivo que no podían
creerlo; no cabía en sus pobres cabezas que entendían de llantos, pero no de
alegrías. El hombre, ya lo sabes, es incapaz de muchas
esperanzas.
Como él tiene el corazón pequeño cree que el tuyo es tacaño.
Como te ama tan poco no puede sospechar que tú puedas
amarle. Como vive amasando pedacitos de tiempo
siente vértigo ante la eternidad.
Y así va por el mundo arrastrando su carne sin sospechar que
pueda ser una carne eterna. Conoce el pudridero
donde mueren los muertos: no logra imaginarse el día en que esos muertos
volverán a ser niños, con una infancia eterna. Muéstranos
bien tu cuerpo, Cristo vivo, ¡enséñanos ahora la verdadera infancia, la que tú
nos preparas más allá de la muerte!
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
IX Estación: Jesús bautiza a
sus apóstoles contra el miedo
Lector:
X Del Evangelio
según Juan Jn 20, 19-21
Al anochecer de aquel
día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el
costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús
repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo».
Reflexión
Guía:
Han pasado. Señor, ya veinte siglos de tu resurrección y todavía
no hemos perdido el miedo, aún no estamos seguros, aún tememos que las puertas
del infierno podrían algún día prevalecer si no contra tu Iglesia, sí contra
nuestro pobre corazón de cristianos.
Aún vivimos mirando a todos lados menos hacia tu cielo. Aún creemos que el mal será más fuerte que tu propia Palabra.
Todavía no estamos convencidos de que tú hayas vencido al
dolor y a la muerte. Seguimos vacilando, dudando,
caminando entre preguntas, amasando angustias y tristezas.
Repítenos de
nuevo que tú dejaste paz suficiente para todos. Pon
tu mano en mi hombro y grítame: No temas, no temáis. Infúndeme tu luz y tu certeza, danos el gozo de ser tuyos,
inúndanos de la alegría de tu corazón. Haznos,
Señor, testigos de tu gozo. ¡Y que el mundo descubra lo que es creer en ti!
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
X Estación: Jesús anuncia que seguirá
siempre con nosotros
Lector:
X Del
Evangelio según Mateo Mt 28, 20b
En aquel tiempo, dijo
Jesús a sus discípulos: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta
el final de los tiempos».
Reflexión
Guía:
Esta fue la más grande de todas tus
promesas, el más jubiloso de todos tus anuncios. ¿O acaso tú podrías visitar
esta tierra como un sonriente turista de los cielos, pasar a nuestro lado,
ponernos la mano sobre el hombro, darnos buenos consejos y regresar después a
tu seguro cielo dejando a tus hermanos sufrir en la estacada? ¿Podrías
venir a nuestros llantos de visita sin enterrarte en ellos? ¿Dejarnos luego solos,
limitándote a ser un inspector de nuestras culpas?
Tú juegas limpio. Dios. Tú bajas a ser hombre para serlo del
todo, para serlo con todos, dispuesto a dar al hombre no sólo una limosna de
amor, sino el amor entero.
Desde entonces el
hombre no está solo, tú estás en cada esquina de las horas esperándonos, más
nuestro que nosotros, más dentro de mí mismo que mi alma. «No os dejaré
huérfanos», dijiste. Y desde entonces ha estado lleno nuestro corazón.
Verdaderamente
ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos:
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
XI Estación: Jesús
devuelve a sus apóstoles la alegría perdida
Lector:
X Del
Evangelio según Juan Jn 21, 4-7
Estaba ya
amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero
los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis
pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de
la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de
peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al
oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se
echó al agua.
Reflexión
Guía:
Desde que tú te fuiste no hemos
pescado nada. Llevamos veinte siglos echando inútilmente las redes de la vida
y entre sus mallas sólo pescamos el vacío. Vamos
quemando horas y el alma sigue seca. Nos hemos
vuelto estériles, lo mismo que una tierra cubierta de cemento. ¿Estaremos ya
muertos? ¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído? ¿Quién recuerda la última
vez que amamos?
Y una tarde tú
vuelves y nos dices: «Echa tu red a tu derecha, atrévete de nuevo a confiar,
abre tu alma, saca del viejo cofre las nuevas ilusiones, dale cuerda a tu
corazón, levántate y camina». Y lo hacemos, sólo por darte gusto. Y, de
repente, nuestras redes rebosan alegría, nos resucita el gozo y es tanto el
peso de amor que recogemos que la red se nos rompe, cargada de ciento cincuenta
nuevas esperanzas.
Ah, tú, fecundador de almas: llégate a
nuestra orilla, camina sobre el agua de nuestra indiferencia, devuélvenos,
Señor, a tu alegría.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
XII Estación: Jesús
entrega a Pedro el pastoreo de sus ovejas
X Del Evangelio según Juan Jn 21, 15-17
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo
de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te
quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». Por segunda vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te
quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara
por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú
sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas.
Reflexión
Guía:
Aún nos faltaba un gozo: descubrir tu
inédito modo de perdonar. Nosotros, como Pedro, hemos manchado tantas
veces tu nombre, hemos dicho que no te conocíamos, hemos enrojecido ante el
«horror» de que alguien nos llamara beatos, nos hemos calentado al fuego de los
gozos del mundo.
Y esperábamos que, al menos, tú nos reprendieras para paladear
el orgullo de haber pecado en grande. Y tú nos
esperabas con tu triste sonrisa para preguntar sólo: «¿me amas aún, me amas?»,
dispuesto ya a entregarnos tu rebaño y tus besos, preparado a vestirnos la
túnica del gozo.
Oh Dios, ¿cómo
se puede perdonar tan de veras? ¿Es que no tienes ni una palabra de reproche?
¿No temes que los hombres se vayan de tu lado al ver que se lo pones tan
barato? ¿No ves, Señor, que casi nos empujas a alejarnos de ti sólo por
encontrarnos de nuevo entre tus brazos?
Verdaderamente
ha resucitado el Señor. Aleluya.
Todos:
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
XIII Estación: Jesús
encarga a los doce la tarea de evangelizar
Lector:
X Del
Evangelio según Mateo Mt 28, 16-20a
En aquel tiempo, los
once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 1Al
verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les
dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 1Id, pues, y haced
discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Reflexión
Guía:
Y te faltaba aún el penúltimo gozo:
dejar en nuestras manos la antorcha de tu fe. Tú habrías podido
reservarte ese oficio, sembrar tú en exclusiva la gloria de tu nombre, hablar
tú al corazón, poner en cada alma la sagrada semilla de tu amor.
¿Acaso no eres tú la única palabra?
¿No eres tú el único jardinero del alma? ¿No es tuya toda gracia? ¿Hay algo de
ti o de Dios que no salga de tus manos? ¿Para qué necesitas ayudantes,
intermediarios, colaboradores, que nada aportarán si no es su barro? ¿Qué ponen
nuestras manos que no sea torpeza?
Pero tú, como un
padre que sentara a su niño al volante y dijera: «Ahora conduce tú», has
querido dejar en nuestras manos la tarea de hacer lo que sólo tú haces: llevar
gozosa y orgullosamente de mano en mano la antorcha que tú enciendes.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
XIV Estación: Jesús
sube a los cielos para abrirnos camino
Lector:
Del libro de los Hechos de los apóstoles Hch 1, 10-11
Cuando miraban
fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres
vestidos de blanco, 1que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados
mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado
al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».
Reflexión
Guía:
La última alegría fue quedarte marchándote. Tu subida a los cielos fue ganancia, no pérdida: fue bajar a la
entraña, no evadirte.
Al perderte en las nubes te vas sin alejarte, asciendes y te quedas,
subes para llevarnos, señalas un camino, abres un surco. Tu ascensión a los cielos es la última prueba de que estamos
salvados, de que estás en nosotros por siempre y para siempre. Desde aquel día la tierra no es un sepulcro hueco, sino un
horno encendido: no una casa vacía, sino un corro de manos: no una larga
nostalgia, sino un amor creciente.
Te quedaste en
el pan, en los hermanos, en el gozo, en la risa, en todo corazón que ama y
espera, en estas vidas nuestras que cada día ascienden a tu lado.
Guía:
Verdaderamente ha resucitado el Señor.
Aleluya.
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
Gloria al Padre…
Oración final
Guía:
Señor y Dios
nuestro, fuente de alegría y de esperanza, hemos vivido con tu Hijo los
acontecimientos de su Resurrección y Ascensión; haz que la contemplación de
estos misterios nos llene de tu gracia y nos capacite para dar testimonio de
Jesucristo en medio del mundo.
Te pedimos por
tu Santa Iglesia: que sea fiel reflejo de las huellas de Cristo en la historia y
que, llena del Espíritu Santo, manifieste al mundo los tesoros de tu amor,
santifique a tus fieles con los sacramentos y haga partícipes a todos los
hombres de la resurrección eterna.
Por Jesucristo
nuestro Señor.
Todos: Amén.
Conclusión
Guía:
Anunciemos
a todos la alegría del Señor resucitado, Aleluya, aleluya.
Todos: Demos
gracias a Dios, Aleluya, aleluya.
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