JUEVES, 28 DE MAYO
Juan 17,20-26
20No
solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de
ellos, 21para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado.
22Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean
uno, como nosotros somos uno; 23yo en ellos, y tú en mí, para que
sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que
los has amado a ellos como me has amado a mí.
24Padre, este es mi
deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi
gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. 25Padre
justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido
que tú me enviaste.26Les he dado a conocer y les daré a conocer tu
nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos.
COMENTARIO
Jesús ensancha el horizonte de su comunidad a épocas sucesivas. Está
seguro de que su obra continuará. El mensaje del Padre (6.7) y el de Jesús
(14,23), lo es también de los discípulos, por
la palabra de ellos. Es
decir, el mensaje no ha de ser para ellos una doctrina aprendida ni han de
proponerlo como por encargo de otro; ha de comunicarse como experiencia y
convicción propias. Al ser difundido por los discípulos, ha de producir la
adhesión a Jesús, punto de referencia para todos los tiempos.
La petición de Jesús para su comunidad de toda época es la unidad, expresión y prueba del amor,
presencia de la gloria. El modelo de esta unidad, que la eleva a la calidad de
ideal, es la que existe entre el Padre y Jesús, basada en la comunidad de
Espíritu, en el mutuo amor. Jesús señala de nuevo el distintivo de su comunidad
y la novedad que representa en medio del mundo.
La unión entre los miembros de la comunidad es condición para la unión
con el Padre y Jesús. Sólo el verdadero amor permite el contacto con ellos,
cuyo ser es el amor fiel.
Se establece así la comunidad de los hombres con Dios que también
sean uno en nosotros.
La prueba de su misión es la unión de amor
entre los discípulos, al modo de Jesús, no una doctrina o una ideología.
La gloria/amor del Padre (el Espíritu) que Jesús ha recibido constituye
al Hijo uno con el Padre. La comunicación de esa gloria a los discípulos
produce su unión con Jesús, a través del cual obtienen la unión con el Padre. La
comunidad es así el nuevo santuario, donde brilla la gloria-amor de Dios.
De esa unidad, fruto del amor incondicional, dependen dos hechos:
-
El primero, que atañe a los individuos y a la comunidad, es la
realización del proyecto divino en ellos, es decir, su desarrollo hacia la
plenitud.
-
El segundo, que se refiere a la misión, es la fe de la humanidad en la
misión divina de Jesús. La unidad de los discípulos se manifiesta en la
comunión de ideales, en la amistad y en la dedicación a un proyecto común.
Este es el testimonio válido ante los hombres, el único argumento capaz
de convencerlos. Lo antes dicho sobre la
gloria lo expresa ahora Jesús en términos de amor, mostrando la equivalencia de ambas realidades. En efecto, la
gloria que el Padre le ha dado y que él da a sus discípulos es la demostración
del amor del Padre a él y a ellos.
Los vv.24-26 constituyen la conclusión de la oración de Jesús.
El término deseo muestra la
libertad del Hijo. Expresa su designio, que es el mismo del Padre.
-
Estar
con él/ que estén conmigo, indica la condición
de hijos, correspondiente a la suya. Este designio de Jesús abarca tanto al
grupo allí presente como a la comunidad del futuro.
-
Contemplar
mi gloria equivale a experimentar su amor y responder a él. Jesús recibió la
plenitud de la gloria/amor porque el Padre lo amaba antes que existiera el
mundo. En él se ha hecho realidad el proyecto creador, que el Padre había
concebido como expresión total de su amor, y cuya realización en
Jesús preveía desde el principio.
En sus últimas palabras resume Jesús el contenido de su oración. Expone
al Padre la diferencia entre el mundo que lo rechaza y él y los suyos, para que
el Padre justo los honre. Alude a su
actividad pasada con los discípulos, les he dado a conocer tu nombre, y
afirma su propósito para el futuro, y les
daré: manifestar el ser del Padre, dando vida. La cruz, ya cercana, será la
revelación plena y definitiva de la persona del Padre. En ella se manifestará
todo el alcance de su amor.
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