SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
JUAN 6,41-52
41Los judíos murmuraban de él porque había dicho: Yo soy el
pan bajado del cielo, 42y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de
José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del
cielo? 43Jesús tomó la palabra y les dijo: No critiquéis. 44Nadie
puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré
en el último día. 45Está escrito en los profetas: Serán todos
discípulos de Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46No
es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha
visto al Padre. 47En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene
vida eterna.48Yo soy el pan de la vida. 49Vuestros padres
comieron en el desierto el maná y murieron; 50este es el pan que
baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
51Yo soy
el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.
52Disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede este darnos a
comer su carne?
1. COMENTARIO
Los adversarios de
Jesús no admiten que un hombre pueda tener condición divina. Sin embargo, es
precisamente en esa carne y sangre,
recibida de su linaje humano, donde está la plenitud del Espíritu, que hace de
Jesús la presencia de Dios en la tierra. Ellos alejan a Dios del hombre; no
creen en su amor, generoso y gratuito, que lo lleva a comunicarse.
Jesús no entra en la discusión sobre su origen divino o humano. Sus
palabras son de una gran trascendencia:
-
Para acercarse a Él hay que dejarse atraer
por el Padre, que engendra vida a los seres humanos. Este es su don de vida a
la humanidad, la expresión de su amor.
-
La
resurrección no depende de la observancia de la ley, sino de la fe en él. No hay más
resurrección que la que Él da, incluida en la vida que él comunicará el último día, el de su muerte.
-
El Padre no enseña a observar la Ley, sino a dar la lealtad a Jesús.
Dios impulsa a cada ser humano como creador de vida. Dios se convierte en
Padre. Es él quien ha puesto en el hombre la aspiración a la vida plena y quien
lo induce a encontrarla. Todo el que mantenga viva esa aspiración fundamental, escucha al Padre.
-
El Padre no es inmediatamente accesible; sólo Jesús, que tiene la plena
experiencia de Dios como Padre, puede explicar lo que es Dios.
-
Para el hombre, el efecto de la adhesión personal a Jesús es poseer una
nueva calidad de vida que, por su plenitud, es definitiva, la vida eterna. Ella lo hace superar la muerte, asegurando así el
éxito de su existencia.
-
Jesús, el pan de la vida, se contrapone al maná, que no consiguió
llevar al pueblo a la tierra prometida y a la Ley, que, como fuente de vida,
era llamada pan. Es Jesús, como pan, quien ahora comunica al hombre la
vida propia del mundo definitivo.
Siguiendo los símbolos del éxodo, pasa Jesús de la figura del maná a la
del cordero, mi carne. El Espíritu no se da fuera de su realidad humana.
Su carne lo manifiesta y lo comunica.
A través de lo humano, el don de Dios se hace concreto, adquiere realidad para
el hombre. En Jesús, Dios se expresa en la historia y manifiesta su voluntad de
diálogo con la humanidad.
-
Jesús dará su carne para que el
mundo viva. La expresión supone que la humanidad carece de vida, es decir,
lleva una vida que no merece ese nombre. Mientras Dios pone todo su interés en
acercarse al hombre y establecer comunión con él, el hombre tiende
continuamente a alejarlo de su mundo, relegándolo a una esfera cerrada e intranscendente.
Las palabras anteriores de Jesús no provocan ahora sólo una crítica,
sino una discordia entre sus adversarios. La mención de su carne los ha desorientado y les ha quitado la seguridad. Ya no
entienden qué puede significar comer su
carne.
2. ORACIÓN
44Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha
enviado.
Atráenos
hacia ti, llévanos, condúcenos, acércanos,
cautívanos,
de
manera irresistible, inagotable.
Y yo lo resucitaré en
el último día.
Porque
tú eres la vida en plenitud,
el
fundamento y sentido de nuestra vida.
Porque
no pasa ni un segundo
en
el que no estemos unidos a ti.
El que cree tiene
vida eterna.
Queremos
creer en ti, Jesús:
pan,
alimento, carne, comida,
cuerpo,
persona,
hijo
del Padre de la Vida,
Yo soy el pan de la
vida.
Tú eres,
haznos ser, existir,
haznos vivir, respirar,
haznos tuyos y tú, nuestro.
Yo soy
el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre.
Pues queremos permanecer en ti,
estar en ti,
sentirnos amados por ti.
Y el
pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.
¡Danos siempre de ese pan!
Amén.
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