JUEVES
Mateo 18,21-19,1
CONTEXTO
Jesús cuenta una
parábola que es propia de Mateo y sirve de conclusión a las instrucciones de la
vida comunitaria (Cfr. Mt 18,1ss). Se trata de una comunidad fraternal cuya
manera de proceder ha de ser el servicio, el perdón, la entrega; y cuando esta
comunidad tiene una fractura siempre tiene que estar presente el perdón
restaurador, pues sin él no hay comunidad.
Se discutía en aquella época, como ahora, ¿cuántas veces hay que
perdonar? Hasta tres veces partiendo del profeta Amós (Am 2,4) o de la triple
oración de José (Gén 50,17). Como caso extremo se proponía hasta cuatro veces.
Pedro propone siete. Cree que es muy generoso en consonancia con su maestro.
TEXTO
21Acercándose Pedro a Jesús le
preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta siete veces?
22Jesús le contesta: No te digo
hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por esto, se
parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus
criados. 24Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía
diez mil talentos. 25Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que
lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara
así. 26El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo". 27Se
compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 28Pero
al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien
denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: "Págame lo que me
debes". 29El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba
diciendo: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré".
30Pero él se negó y fue y lo
metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31 Sus compañeros,
al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo
lo sucedido. 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo
malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33¿No
debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de
ti?". 34Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta
que pagara toda la deuda. 35Lo mismo hará con vosotros mi Padre
celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
(Mt 18,21-35)
COMENTARIO
21Acercándose
Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo
que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?
22Jesús le contesta: No te digo
hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Que es preciso perdonar está claro, pero ¿cuáles son los límites del
perdón? Pedro, como portavoz de la mentalidad del grupo, pregunta al Maestro.
Jesús responde diciendo: del mismo modo que la nueva comunidad no se rige por
criterios egoístas, tampoco la medida del perdón se rige por normas tacañas. La
medida del perdón es el perdón sin límites, al estilo del Padre (v.35). Setenta veces siete quiere decir perdón
sin fin, sin medida. Para ilustrar la respuesta, Jesús…
23Por esto, se parece el reino de
los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. 24Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25Como
no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus
hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 26El criado,
arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo y te
lo pagaré todo". 27Se compadeció el señor de aquel criado y lo
dejó marchar, perdonándole la deuda.
El rey de la parábola es como
el Rey de los cielos, antítesis de los
reyes de la tierra (Mt 17,25) que se dedican a poner cargas a los súbditos,
son implacables y no perdonan nunca. Este rey, sin embargo, tiene una
misericordia infinita y perdona siempre.
En principio, el siervo tiene tiempo de pagar la deuda, por eso pide
paciencia al rey. Luego nos enteramos que realmente la suma es bestial,
imposible de pagar[1].
Aquí está el acento de la parábola: la enormidad de la deuda, y,
proporcionalmente, la misericordia del rey. Y todo ello en contraste con la
brutalidad con que el siervo trata a su compañero, le agarró y lo ahogaba.
Dios con nosotros tiene una misericordia sin límites. En ella se
fundamentan las relaciones de la comunidad cristiana. Cuando alguien pone
límites al perdón, en realidad lo que está haciendo es cortar el caudal de la
misericordia sin límites que él ha recibido. Cerrando la compuerta del perdón a
los demás, cerramos también la compuerta de Dios a nosotros
28Pero
al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien
denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: "Págame lo que me
debes". 29El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba
diciendo: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré".30Pero él
se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Sus
compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su
señor todo lo sucedido.
El rey no se desdice del perdón que previamente concedió, es el siervo el
que no ha entendido el perdón del rey. Dios no se desdice de su perdón. Es el
propio ser humano el que se cierra a la misericordia sin límites de Dios cuando
se cierra al perdón sin límites de los demás. Esto es descrito como cárcel. En sentido literal, nadie paga
sus deudas metido en la cárcel o torturado por unos verdugos. Lo que quiere
decir es que solamente saldremos de nuestra prisión cuando nos abramos al
perdón sin límites. Vivir sin perdón es vivir en la cárcel que cierra el camino
a la entrada del Reino, es convertirnos en verdugos que torturan en esta vida y
matan para la otra.
32Entonces el señor lo llamó y le
dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo
rogaste. 33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero,
como yo tuve compasión de ti?". 34Y el señor, indignado, lo
entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Lo mismo
hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su
hermano.
La vida del discípulo gira en torno a dos polos: por un lado, la
gratuidad absoluta del perdón de Dios que no tiene medida; por otro, en
inseparable conexión, la exigencia de hacer posible el perdón sin medida y la
gratuidad del perdón.
La referencia es mi Padre del cielo.
El amor fraterno y el perdón sin medida nace del reconocimiento de cómo Dios lo
hace con nosotros. Al sentirnos salvados, nosotros lo hacemos vida, lo
practicamos.
[1]
Un talento era igual a 26-36
kilos de oro. La deuda del siervo de la parábola era de 260.000/360.000 kilos
de oro.
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