jueves, 13 de agosto de 2015

SEMANA XIX
VIERNES

Mateo 19,3-12
3Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?
4Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, 5y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? 6 De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
7Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?
Él les contestó: 8Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. 9Ahora os digo yo que, si uno repudia a su mujer—no hablo de uniones ilegítimas— y se casa con otra, comete adulterio.
10Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.
11Pero él les dijo: No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. 12Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda.

COMENTARIO
3Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?
La pregunta de los fariseos es directa; suponiendo la legitimidad del repudio, decisión unilateral del hombre que despedía a su mujer, piden a Jesús que se pronuncie sobre una célebre controversia a propósito de Dt 24,1 entre los rabinos Hillel y Shammai: el primero autorizaba el repudio por causas triviales, y su opinión era la más seguida; el segundo exigía la infidelidad de la mujer No buscan aprender de Jesús, sino ponerlo en una situación difícil.

 4Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer (Gn 1, 27), 5y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? (Gn 2,24)  6De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
En lugar de ceñirse a un texto que sólo se refería a la cuestión práctica y legal del repudio, Jesús llama la atención de sus adversarios sobre otro pasaje de la Escritura donde se trata positivamente de la naturaleza del matrimonio, en el contexto de la creación del hombre y, por tanto, del plan primordial de Dios sobre él. El hombre siente por la mujer un amor preferente que deja en segundo término el del padre y la madre. La consecuencia de la unión es que hombre y mujer constituyen un solo ser (en gr. sarx, que designa a la persona en cuanto mortal) (Gn 1,27; 2,24). La consecuencia es clara: un hombre no puede anular la obra de Dios.

7Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?
Él les contestó: 8Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. 9Ahora os digo yo que, si uno repudia a su mujer—no hablo de uniones ilegítimas— y se casa con otra, comete adulterio.
Los fariseos vuelven a la carga, citando a Moisés (Dt 24,1). La respuesta de Jesús es radical: Moisés cedió a la condición del pueblo oponiéndose al plan de Dios. Jesús identifica a los fariseos con el pueblo, haciéndolos exponente de su obstinación. No todo lo que se contiene en la Ley responde a la voluntad de Dios, ni todos los pasajes de la Escritura tienen el mismo valor.
Jesús propone, por tanto, el ideal del matrimonio humano, según el plan inicial de Dios. La opción de amor que lo funda debe ser definitiva.

 10Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.
11Pero él les dijo: No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. 12Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda.
Los discípulos protestan contra tal rigorismo: en esas condiciones, el matrimonio no es ventajoso. Jesús comenta lo que acaban de decir y afirma que renunciar al matrimonio no es posible para todo hombre; hace falta un don especial para ello. Este puede identificarse con el deseo ardiente de dedicarse al trabajo por el reinado de Dios, con un sentimiento vivo de la urgencia de esa labor y encontrando en ella la plena realización humana. De hecho, la única razón que propone Jesús para abstenerse del matrimonio es el reinado de Dios, que, en su expresión plena, es la nueva sociedad humana que él viene a comenzar. También Jesús siente la urgencia de esa dedicación: por eso invita a ella a los que se sientan llamados.


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