SEMANA XX DEL TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO

Juan 6,52-59
52Disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede este darnos a
comer su carne?
53Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si
no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en
vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida.
1. COMENTARIO
Las palabras anteriores de Jesús no provocan ahora sólo una crítica,
sino una discordia entre sus adversarios. La mención de su carne los ha desorientado y les ha quitado la seguridad.
Mientras Jesús se mantuvo en la metáfora del pan, podían interpretar que se
presentaba como un maestro de sabiduría enviado por Dios. Pero Jesús ha
precisado que ese pan es su misma realidad humana, su carne, no una
doctrina. Ya no entienden qué puede significar comer su carne.
Entonces, Jesús hace una nueva declaración, que explica la anterior: comer
y beber significan asimilarse a él, aceptar y hacer propio el amor
expresado en su vida, su carne, y en su muerte, su sangre.
En el éxodo de Egipto, la carne del cordero fue alimento para la salida
de la esclavitud, y su sangre liberó a los israelitas de la muerte por mano del
exterminador (Éx 12,1-14). En el nuevo éxodo:
-
la carne de Jesús es alimento
permanente. Es la realidad histórica de Jesús, el hombre que muere.
-
y su sangre da vida
definitiva. Es la entrega hasta el final.
De aquí proviene la identificación del discípulo con Jesús, el Hombre
pleno. Es la aspiración a alcanzar la plenitud mediante una actividad como la
suya en favor de los hombres.
La frase de Jesús: no tenéis vida en vosotros, es decisiva. No
hay realización del hombre si no nos alimentamos de Jesús. Es la obra del
Espíritu que de él se recibe, lleva a una entrega como la suya.
Es evidente la alusión a la eucaristía, que queda así puesta bajo el
signo del Hijo del hombre. El pan y el
vino eucarísticos son símbolos de Jesús en cuanto modelo de Hombre, de su ser y
actividad, de su entrega hasta el fin. El compromiso cristiano renovado en la
eucaristía consiste, por tanto, en la mayor asimilación a este modelo.
Se expone al mismo tiempo el doble aspecto de la eucaristía:
·
Es el nuevo maná, el alimento, vehículo del Espíritu, que da fuerza y
vida.
·
Y la nueva norma de vida, no por un código externo (la Ley), sino por la
identificación con Jesús, que lleva a una entrega como la suya.
Inmediatamente expone Jesús con otras palabras el don de la vida
definitiva: él va a resucitarlo el último
día, el de su muerte, cuando comunicará su Espíritu.
Cuando afirma Jesús que su carne
es verdadera comida y su sangre
verdadera bebida quiere decir que la asimilación a su estilo de vida y a su
entrega, el desarrollo y plenitud expresados por la denominación el Hijo del hombre, son realmente
posibles.
Asimilar la carne y la sangre
de Jesús, es decir, hacer propio el ideal de Hombre que él propone, con una
actividad y entrega como la suya, implica una compenetración con él que hace
compartir su misma vida.
En Jesús, el Padre adquiere rostro humano y presencia en el tiempo,
mientras Jesús, en comunión con el Padre, adquiere rostro divino. El que se
adhiere a Jesús reproduce en sí mismo ese proceso, entrando en la unidad del
Padre y del Hijo.
La vida que Jesús posee procede del Padre (Jn 1,32: el Espíritu que
bajaba como paloma desde el cielo y se quedó sobre él) y él vive en total
dedicación a la tarea de Dios de dar vida al mundo. Jesús comunica esa vida a
los suyos: la actitud de estos ha de ser dedicarse a cumplir el mismo designio.
2. ORACIÓN
¿Cómo puede este
darnos a comer su carne?
¿Cómo puede
ser que nos hayamos acostumbrado a la celebración de la Eucaristía,
o no hayamos
descubierto su sentido,
sus
lenguajes, sus símbolos?
¿Cómo es que
nos hemos acostumbrado
a no
comulgar,
o a comulgar?
¿Cómo es que
la misa no nos dice nada,
o casi nada,
o la utilizamos para cualquier situación,
con cualquier
excusa,
la sometemos,
la pagamos,
no la
entendemos ni la comprendemos,
la
manipulamos?
Si no
coméis la carne del Hijo del hombre
y no
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
¿Qué
es comulgar
sino
comulgar con un estilo de vida,
con
una forma de vida,
con
unos valores de vida,
con
una persona, conTigo?
No
es que "yo me acerque a comulgar",
no
es que yo me ponga en una fila,
no
es solo una parte más,
una
costumbre más,
un
rito más...
Porque
sin ti no hay vida.
¿Qué
vida hay en las tinieblas?
¿En
la hambruna?
¿En
la oscuridad?
¿En
la muerte?
Eres
tú quien quiere estar conmigo,
con
nosotros,
porque
tu Padre
nos
atrae hacia Ti.
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