jueves, 13 de agosto de 2015

SEMANA XX DEL TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO
Juan 6,52-59
52Disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
53Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

1.    COMENTARIO
Las palabras anteriores de Jesús no provocan ahora sólo una crítica, sino una discordia entre sus adversarios. La mención de su carne los ha desorientado y les ha quitado la seguridad. Mientras Jesús se mantuvo en la metáfora del pan, podían interpretar que se presentaba como un maestro de sabiduría enviado por Dios. Pero Jesús ha precisado que ese pan es su misma realidad humana, su carne, no una doctrina. Ya no entienden qué puede significar comer su carne.

Entonces, Jesús hace una nueva declaración, que explica la anterior: comer y beber significan asimilarse a él, aceptar y hacer propio el amor expresado en su vida, su carne, y en su muerte, su sangre.
En el éxodo de Egipto, la carne del cordero fue alimento para la salida de la esclavitud, y su sangre liberó a los israelitas de la muerte por mano del exterminador (Éx 12,1-14). En el nuevo éxodo:
-          la carne de Jesús es alimento permanente. Es la realidad histórica de Jesús, el hombre que muere.
-          y su sangre da vida definitiva. Es la entrega hasta el final.

De aquí proviene la identificación del discípulo con Jesús, el Hombre pleno. Es la aspiración a alcanzar la plenitud mediante una actividad como la suya en favor de los hombres.
La frase de Jesús: no tenéis vida en vosotros, es decisiva. No hay realización del hombre si no nos alimentamos de Jesús. Es la obra del Espíritu que de él se recibe, lleva a una entrega como la suya.
Es evidente la alusión a la eucaristía, que queda así puesta bajo el signo del Hijo del hombre.  El pan y el vino eucarísticos son símbolos de Jesús en cuanto modelo de Hombre, de su ser y actividad, de su entrega hasta el fin. El compromiso cristiano renovado en la eucaristía consiste, por tanto, en la mayor asimilación a este modelo.
Se expone al mismo tiempo el doble aspecto de la eucaristía:
·         Es el nuevo maná, el alimento, vehículo del Espíritu, que da fuerza y vida. 
·         Y la nueva norma de vida, no por un código externo (la Ley), sino por la identificación con Jesús, que lleva a una entrega como la suya. 
Inmediatamente expone Jesús con otras palabras el don de la vida definitiva: él va a resucitarlo el último día, el de su muerte, cuando comunicará su Espíritu.
Cuando afirma Jesús que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida quiere decir que la asimilación a su estilo de vida y a su entrega, el desarrollo y plenitud expresados por la denominación el Hijo del hombre, son realmente posibles.

Asimilar la carne y la sangre de Jesús, es decir, hacer propio el ideal de Hombre que él propone, con una actividad y entrega como la suya, implica una compenetración con él que hace compartir su misma vida.

En Jesús, el Padre adquiere rostro humano y presencia en el tiempo, mientras Jesús, en comunión con el Padre, adquiere rostro divino. El que se adhiere a Jesús reproduce en sí mismo ese proceso, entrando en la unidad del Padre y del Hijo.

La vida que Jesús posee procede del Padre (Jn 1,32: el Espíritu que bajaba como paloma desde el cielo y se quedó sobre él) y él vive en total dedicación a la tarea de Dios de dar vida al mundo. Jesús comunica esa vida a los suyos: la actitud de estos ha de ser dedicarse a cumplir el mismo designio.

2.    ORACIÓN
¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
¿Cómo puede ser que nos hayamos acostumbrado a la celebración de la Eucaristía,
o no hayamos descubierto su sentido,
sus lenguajes, sus símbolos?
¿Cómo es que nos hemos acostumbrado
a no comulgar,
o a comulgar?
¿Cómo es que la misa no nos dice nada,
o casi nada, o la utilizamos para cualquier situación,
con cualquier excusa,
la sometemos,
la pagamos,
no la entendemos ni la comprendemos,
la manipulamos?

Si no coméis la carne del Hijo del hombre
y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
¿Qué es comulgar
sino comulgar con un estilo de vida,
con una forma de vida,
con unos valores de vida,
con una persona, conTigo?

No es que "yo me acerque a comulgar",
no es que yo me ponga en una fila,
no es solo una parte más,
una costumbre más,
un rito más...
Porque sin ti no hay vida.
¿Qué vida hay en las tinieblas?
¿En la hambruna?
¿En la oscuridad?
¿En la muerte?
Eres tú quien quiere estar conmigo,
con nosotros,
porque tu Padre
nos atrae hacia Ti.  

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