sábado, 15 de agosto de 2015

SEMANA XX
MARTES

Mateo 19,23-30
23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos. 25Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? 26Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo.
27Entonces dijo Pedro a Jesús: Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? 28Jesús les dijo: En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. 30Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.
                                   

COMENTARIO
23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos.
Entrar en el reino equivale a seguir a Jesús (v. 21). El reino designa la comunidad mesiánica (16,18s: mi iglesia, la comunidad del Mesías, el reino de Dios), que ya desde esta tierra tiene a Dios por rey. Con la exageración del camello y la aguja Jesús afirma categóricamente la práctica imposibilidad de que los ricos renuncien a la riqueza para hacerse discípulos.

25Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse?
Salvarse sería mejor traducirlo por "Subsistir", salir / escapar / salvarse de un peligro (9,21s), en el sentido de 16,22: poner la vida física a salvo, aquí escapando del peligro de la miseria. Al anunciar Jesús que no habrá ricos en el grupo, los discípulos temen por el sustento. La seguridad del grupo no está en los recursos materiales, sino en Dios, como ya se ha dicho al rico (v. 21).

La traducción salvarse suscitaría inmediatamente la idea de salvación final, creando una contradicción en el texto. Para conseguir la vida eterna (= salvación final) bastaba el código ético del AT (vv. 17-19). Lo que ofrece Jesús al joven no es el modo de alcanzar la vida eterna, sino cómo entrar en su grupo, donde, además de conseguir la, participará en la construcción de la nueva comunidad humana llamada el reino de Dios; para esta tarea, las condiciones son diferentes (v. 21).

26Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo..
Jesús resuelve la dificultad de los discípulos: del lado de los hombres, la única manera de subsistir es la riqueza, que crea en otros las condiciones de miseria; del lado de Dios, al contrario, que provee con su solicitud a los que han hecho la opción por la pobreza nunca se pasará necesidad. Los discípulos no han asimilado la instrucción de Jesús; tampoco recuerdan las señales de los panes, donde precisamente el compartir, que se opone al reservarse los bienes para sí (riqueza), fue el origen de la abundancia.

27Entonces dijo Pedro a Jesús: Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? 28Jesús les dijo: En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. 30Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.
Pedro no se deja convencer. Su pregunta es casi un desafío a Jesús. Espera que éste concrete la seguridad que ha dado. Puesto que los discípulos han cumplido las condiciones puestas al rico, quiere saber qué porvenir les espera.
La respuesta de Jesús es solemne, en verdad os digo. La renovación/El mundo nuevo significa la nueva edad del mundo, la definitiva.
Puede preguntarse si la expresión de Jesús se refiere al fin de la historia o a la época que comienza con su muerte y resurrección. Sentarse en su trono de gloria está en paralelo con 25,31, pero alude más bien a 26,64, pues aquí no se habla de venida previa, como en 25,31. Se trata, pues, de la época histórica que sigue a su muerte-resurrección, a partir de la cual el mundo nuevo es una realidad en medio del mundo viejo. Desde entonces, el Israel mesiánico (los Doce discípulos) juzgará al antiguo Israel; es decir, la realidad del seguimiento de Jesús y la existencia del pueblo definitivo serán la norma por la que el antiguo Israel, que rechaza al Mesías, quedará juzgado y condenado. Durante ese período, la renuncia a las propias posesiones no desembocará en la miseria, sino en una abundancia centuplicada.
Sin embargo, esta última promesa no se refiere a los Doce (al Israel mesiánico) como grupo; Jesús pasa a la tercera persona, al terreno individual: su realización depende para cada uno de la realidad de su renuncia. El término será también la vida eterna, que no será obtenida (v.16), sino heredada, como corresponde a los que son hijos del Padre y tienen derecho a ella.
Mateo confirma con su promesa la supresión de los efectos negativos (miseria) que amenazan a quien opta por la pobreza. Pero esto no se hará, como en el AT (Sal 37,11), por tener cada uno su patrimonio individual, sino teniendo todos uno común (cien veces más) del que todos participan. Corresponde esta promesa a la de 5,5: porque ésos poseerán la tierra.


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