SEMANA I DE ADVIENTOLUNES
SAN ANDRÉS APÓSTOL
Mateo 4,18-22
Caminando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, el
llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando una red de mano en
el mar, pues eran pescadores.
La llamada de estas dos parejas de hermanos será el paradigma de
toda llamada en Mt. Jesús camina junto al lago/mar de Galilea, en la frontera
marítima con los pueblos paganos. Esta localización ilumina la escena: los
hombres que habrá que pescar serán lo mismo judíos que paganos. Ve a dos
hermanos, y Mt insiste en este vínculo de hermandad. Se tiene aquí una alusión
a Ez 47,13s, donde se anuncia el futuro reparto de la tierra a partes iguales;
la expresión original para indicar la igualdad está muy próxima de la usada por
Mt: «cada uno como su hermano». La insistencia, pues, en el vínculo de
hermandad (más acusado aún que en Mc 1,16-21a) indica que la nueva tierra
prometida, «el reinado de Dios» anunciado por Jesús inmediatamente antes
(4,17), será herencia o patrimonio común de todos sus seguidores, sin
privilegio alguno. Los hermanos son designados por sus nombres, Simón y Andrés,
pero el primero lleva ya una adición: «al que llaman 'Piedra' (Pedro)». No se
indica que haya sido Jesús quien le ha dado tal sobrenombre (cf. 16,18).
Les dijo: -Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
La invitación de Jesús a los dos hermanos se expresa con la frase
«Veníos detrás de mí» (cf. Mc 1,17.20); la expresión se encuentra en boca de
Eliseo en 2 Re 6,19; por otra parte, la fórmula «irse» o «seguir tras él»
aparece repetidamente en la escena de la llamada de Eliseo por el profeta Elías
(1 Re 19,19-21). Jesús se presenta, por tanto, como profeta y su llamada
promete la comunicación a sus seguidores del Espíritu profético. Por otra
parte, el oficio de los hermanos (pescadores) y la metáfora de Jesús
«pescadores de hombres» aluden a Ez 47,10, donde se utiliza también la metáfora
de los pescadores que recogerán una pesca abundante. El texto griego de los LXX
pone a este pasaje en relación con Galilea (Ez 47,8). La mención anterior del
mar/lago, la del oficio de pescadores y la metáfora usada por Jesús esclarecen
el significado de la frase: Jesús llama a una misión profética, que pretenderá
atraer a los hombres, tanto judíos como paganos (el mar como frontera), y cuyo
éxito está asegurado. La respuesta de los dos hermanos es inmediata. Aparece
por primera vez el verbo «seguir», que, referido a discípulos, indicará la
adhesión a la persona de Jesús y la colaboración en su misión. A los que lo
siguen, Jesús no pide «la enmienda» (4,17); la adhesión a su persona y programa
supera con mucho las exigencias de aquélla; comporta una ruptura con la vida
anterior, un cambio radical, para entregarse a procurar el bien del hombre.
Pasando adelante vio a otros dos hermanos: a Santiago y a Juan,
hijos de Zebedeo, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, con
Zebedeo, su padre. Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su
padre y lo siguieron.
La segunda escena se describe más escuetamente que la primera,
pero tiene el mismo significado. Estos dos hermanos están unidos no sólo por su
vínculo de hermandad, sino también por la presencia de un padre común. En el
evangelio, «el padre» representa la autoridad que transmite una tradición.
Jesús no ha tenido padre humano, no está condicionado por una tradición
anterior; sus discípulos abandonan al padre humano; en lo sucesivo, como Jesús
mismo, no deberán reconocer más que al Padre del cielo (23,9).
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