domingo, 29 de noviembre de 2015

SEMANA I DE ADVIENTO
MARTES

Lucas  10,21-24

21En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. 22Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

COMENTARIO

21En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
A pesar de ser Jesús un hombre alegre y feliz, que comía y bebía con todos, y no un asceta al estilo de Juan Bautista, solamente aquí se transparenta su alegría. Se trata de uno de los procedimientos literarios más bellos e intencionados: el autor quiere dar el máximo relieve posible a los hechos que han ocurrido por primera vez. Finalmente, hay un grupo de discípulos que ha sido capaz de expulsar las falsas ideologías que encadenaban a la gente. Jesús está en sintonía con los Setenta. A través de la misión bien hecha, llevada a cabo por estos personajes anónimos, y de la reacción exultante de Jesús.

Lucas anticipa cómo será la misión ideal: abierta, universal, liberadora.
-          Jesús deja transparentar su experiencia de Dios, Padre.
-          Prorrumpe en un canto de alabanza porque ya no hay dicotomía entre el plan de Dios cielo y su realización concreta tierra.
-          Este plan se ha ocultado a los sabios y entendidos, los letrados o maestros de la Ley y a los que se tienen por justos, pues sus intereses mezquinos hacen que sus conocimientos científicos no sean útiles a la comunidad -su influencia se deja sentir incluso en los discípulos israelitas, los Doce, seguros de sí mismos y de sus instituciones religiosas-, y se ha revelado a los pequeños, a los Setenta, despreciados por su origen étnico y religioso, pero con capacidad para comprender las líneas maestras del designio de Dios. Son hombres sin fachada.

Jesús cierra la acción de gracias como la había iniciado: Sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien. Estamos cansados de repetir que los planes de Dios no van parejos con los nuestros, pero lo decimos en otro sentido. Los «nuestros» son los planes de la sociedad en la que nos encontramos inmersos: pretendemos eficacia, salud, quisiéramos figurar como la única religión verdadera, ser respetados por los poderosos, aparecer en los medios de comunicación... Jesús tiene otros valores, valores que han comprendido los sencillos, los pequeños, los que ya están al servicio de los demás, los que no tienen aspiraciones y están abiertos a todos.

22Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
De la acción de gracias Jesús pasa a una revelación que habría firmado el propio evangelista Juan. Jesús tiene conciencia de conocer a fondo el plan de Dios. Ha tomado conciencia de ello en el Jordán, cuando se abrió el cielo de par en par, bajó el Espíritu Santo sobre Él y la voz del Padre lo manifestó como su Hijo amado: Hijo mío eres tú, yo hoy te he engendrado 3,21-22.
La comunidad de Espíritu entre el Padre y el Hijo explica esta relación de intimidad, que, por primera vez, Jesús revela a sus íntimos. Sólo conoce al Padre aquel que recibe el Espíritu de Jesús y experimenta así el amor del Padre. El conocimiento que el estudio de la Ley, la Escritura, procuraba a los sabios y entendidos no es verdadero conocimiento. 

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