SÁBADO
(Fin del año litúrgico, Acaba El ciclo B. Comienza el Ciclo C)
Lucas 21,34-36
34Tened
cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas,
borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel
día; 35porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la
tierra. 36Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que
podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo
del hombre.
COMENTARIO
En nosotros existe la angustia, el miedo y el
espanto, no causados por las señales en
el sol, la luna y las estrellas. Nuestras angustias e inseguridades están
causadas más bien por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por
el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración... de
tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del
amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.
El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la
inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. El discípulo de Jesús tiene las
mismas causas de angustia que el no creyente; pero ser cristiano consiste en
una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene
nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el
paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos
lleva el Adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las
situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación
total que pasa por la cruz.
Por eso el Evangelio nos llama a estar alerta, a tener el corazón libre
de los vicios y de los ídolos de la vida (la conversión), para hacernos dóciles
al Espíritu de Cristo que habita las situaciones que vivimos en nuestro
entorno.
Nos llama a estar
despiertos y orando, porque este Espíritu se descubre con una Esperanza
viva, punto de encuentro entre las promesas de la fe y los signos precarios que
hoy envuelven esas promesas. La esperanza es una memoria que tiende a
olvidarse, se nutre con la oración, nos adhiere a las promesas de la fe y nos inspira,
cada día, la búsqueda de sus huellas en las señales del tiempo. La Esperanza cristiana se
hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en
nuestras vidas.
(Fin del año litúrgico. Acaba El ciclo B. Comienza el Ciclo C)
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