SEMANA XXXIV
33Entró otra vez Pilato en el
pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos?
La escena sucede en el pretorio,
residencia del gobernador romano. Allí Pilato se refugia de la presión de las
autoridades. Llama a Jesús, que está afuera, con los dirigentes. Ha sido
detenido como el Nazareno, el
pretendiente al trono de David. Pilato quiere información de primera mano.
Como pagano, Pilato no dice rey de
Israel, sino de los judíos, de la
nación. Sin pretenderlo le llama a Jesús rey,
haciendo que su pregunta tenga una intención mesiánica. La cuestión de si Jesús
es el Mesías, que se identifica con la de su realeza, se propone ahora de manera
oficial y pública.
34Jesús le contestó: ¿Dices eso
por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
En su respuesta, Jesús quiere saber si Pilato tiene indicios para
sospechar que es rey de los judíos o repite lo que otros le han dicho. ¿Actúa
como político responsable o por lo que otros le han dicho, por influencias? Se
trata de aclarar el punto de partida del juicio.
Pilato en toda la escena aparece como una marioneta que sale y entra.
Históricamente no es creíble que le despertaran al amanecer y que
estuviera como un pelele que entra y sale… Pero es la manera que tiene el
evangelista de expresar todos los movimientos que sugieren el conflicto en los
poderosos, en los que tienen que decidir sobre la vida de los desdichados,
sobre los “daños colaterales”. Pilato no quiere condenar a un inocente, pero
tampoco quiere indisponerse con sus colegas del poder. Es un hombre de política,
de pactos.
El evangelista sitúa al lector por donde se va a declarar Pilato. Intentará
salvar al inocente, pero en caso de conflicto está claro hacia donde se
inclinará. Pilato sabe quién es Jesús, una parte de su ejército ha participado
en la detención de Jesús, pero como juez pide una acusación formal.
35Pilato
replicó: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado
a mí; ¿qué has hecho?
Pilato no quiere reconocer que está presionado por las autoridades. Por
eso, primero, niega que la cuestión le afecte personalmente; y segundo, rechaza
toda responsabilidad. Son otros los que le acusan. Jesús ha sido entregado por
las máximas autoridades de su nación. Él no ha originado la situación.
En realidad, los responsables de la condena y del apresamiento de Jesús
son las autoridades… y el pueblo que, en el momento decisivo, no supo optar por
el Mesías liberador y ha seguido sumisamente a las autoridades hasta hacerse
cómplices de ellos.
El evangelista pone de relieve la responsabilidad de los jefes. Subraya
la traición que han cometido entregando al poder extranjero a uno de su propia
raza y pueblo. Pero, además, Jesús no es solo uno de los nuestros, sino que se presenta como Mesías. Este es
precisamente el motivo por el que entregan a Jesús, como se desprende del
apelativo Nazareno. Se proponen
eliminar al que puede ser Mesías prometido. Corren el peligro de enfrentarse a
Dios mismo.
Pilato pretende rebajar la cuestión de la realeza de Jesús a un asunto
interno de los judíos. Prescinde de títulos y se interesa solo por sus actos: ¿Qué has hecho? “¿Son tus obras una
amenaza para el poder que yo represento?”.
36Jesús le contestó: Mi reino no
es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado
para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Jesús no responde directamente a la última pregunta de Pilato, sino a la
anterior ¿eres tú rey de los judíos? Afirma,
con claridad, su calidad de Rey, pero
niega todo parecido con los reyes que Pilato conoce. No pretende ocupar el
trono de Israel. Su realeza no se apoya en el poder, en la fuerza. No es un
rival de Pilato ni del César de Roma.
La expresión no es de este mundo
no quiere decir que no tenga nada que ver con "este mundo”, sino que no es como los de este mundo, de este orden, en
el que impera la injusticia y la violencia. Los reyes del mundo se apoyan en la
fuerza del poder y en las armas, imponen su dominio sobre los demás creando
súbditos. Para Jesús, la violencia pertenece a la esfera de la injusticia. Su
reino no es así. No es un rey como los demás. Su realeza no tiene su origen en
ninguna legitimidad de este mundo, es completamente distinto: pertenece a lo de
arriba, a la esfera de lo divino, a la
esfera del Padre. En vez de producir muerte con violencia/opresión, comunica
vida.
37Pilato le dijo: Entonces, ¿tú
eres rey?
Jesús le contestó: Tú lo dices: soy rey. Yo
para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la
verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.
La respuesta de Jesús produce extrañeza en Pilato: ¿Cómo va existir un
rey que se declare como tal y renuncie al uso de la fuerza para defender su
derecho? Pilato pregunta de nuevo.
En su respuesta, Jesús vuelve a firmar claramente que es Rey, pero no dice “de los judíos”. Su
misión es mesiánica, universal, no se limita a Israel. Y aunque no es como la
de este mundo/orden injusto, se ejerce dentro de la historia humana. No se
trata de un asunto judío, sino de un asunto humano. Más aún, viene a impulsar
esa historia en la dirección que debe ser la suya, porque su misión se inserta
en la historia de la creación: llevar a la plenitud al ser humano.
En las palabras dar testimonio de
la verdad, Jesús condensa su actividad y su mensaje, su función como rey. Habla
de la verdad sobre Dios. Con sus obras, Jesús manifiesta el amor de Dios a la
humanidad y la verdad sobre el hombre. Él mismo es la realización del proyecto
de Dios sobre el ser humano.

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