jueves, 19 de noviembre de 2015

SEMANA XXXIII
SÁBADO

Lucas 20, 27-40
27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano". 29Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. 30El segundo 31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. 32Por último, también murió la mujer. 33 Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer. 34Jesús les dijo: En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, 35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. 37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". 38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos. 39Intervinieron unos escribas: Bien dicho, Maestro. 40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

COMENTARIO
Una vez que Jesús ha llegado a la meta de su camino, a Jerusalén/Templo, Lucas nos describe diversas disputas con las autoridades judías. Jesús ha venido a enfrentarse con el templo, con el judaísmo, con la concepción de Dios que se tiene a través de la legislación antigua, contra una institución orientada hacia el enriquecimiento.
La última de estas disputas es con los saduceos, los “hijos de Sadoc”, familia que a la vuelta del destierro de Babilonia habían obtenido el privilegio de oficiar como sacerdotes en el templo de Jerusalén.  Formaban un círculo exclusivo y cerrado de Sumos Sacerdotes, la aristocracia sacerdotal y laica. Decir “saduceos” es lo mismo que decir Sumos Sacerdotes, Ancianos, sabios, notables del pueblo.
Su intención es poner a Jesús aprueba en lo que a interpretación de la Sagrada Escritura se refería.  

27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano". 29 Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. 30El segundo 31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. 32 Por último, también murió la mujer. 33Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer.
El tema de la disputa era el de la resurrección. La clase dirigente no cree en la resurrección. Los fundamentos de esta postura era una interpretación estricta de la Ley escrita. Como en la ley no hay ninguna referencia escrita, no había que creer en ella. Por esto a Jesús le ponen, y para reírse del tema, un sorprendente caso de matrimonio según el Levítico, que probablemente ya no estaba en boga en la época de Jesús. Posiblemente se trata de un simple juego intelectual.

Quieren poner a prueba a Jesús: o resurrección de los muertos o ley de Moisés (no descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano, Lev 18,16. Como el hermano había muerto, que la mujer se casara con el cuñado no violaba la ley). Según su planteamiento, ambas cosas no podían darse a la vez. Si hay resurrección de muertos estarían incumpliendo la ley de Moisés. El problema entre Jesús y los saduceos es: si uno muere ¿puede volver a vivir? Jesús no dice que sí, sino que añade esa resurrección es a una vida inmortal, todo está vivos para Dios.


34Jesús les dijo: En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, 35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
La respuesta de Jesús la dividimos en dos partes. La primera: Jesús no trata el tema de la Sagrada Escritura, sino del concepto equivocado que tiene sobre la resurrección y de la otra vida. En ciertos aspectos esta vida no tiene nada que ver con la llamada “otra vida”. Creer que la vida futura es una continuación de la presente es un error. En esta vida nacemos a través de un proceso biológico: somos hijos de seres humanos; en la otra, nacemos a través de la resurrección, somos hijos de Dios de vivos. Por eso, en esta vida hay matrimonio, porque hay muerte y, en consecuencia, volver a engendrar; en la otra no hay matrimonio, porque a la resurrección le sigue la inmortalidad y, en consecuencia, no hay necesidad de engendrar, no hay necesidad de exclusivismos de amor que tampoco son plenos.

La argumentación de los saduceos es un poco irrisoria, propia de gente que da por supuesto que la vida futura es una continuación calcada de la de aquí. Quedan claros algunos conceptos: en la vida presente, llegamos a ella por generación biológica y somos mortales; vida futura, llegamos por medio de la resurrección y somos inmortales.

Los saduceos le habían puesto a Jesús el dilema de la Resurrección. Jesús contesta que no solo resucitamos, sino que esa resurrección implica la inmortalidad. No hay continuidad entre esta vida y la otra. Es otra vida.

37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". 38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos.
En la segunda parte de su respuesta, Jesús aduce pruebas tomadas del Pentateuco/Ley/Torah. Del mismo modo que los saduceos han citado a Moisés, Jesús, también les cita el pasaje de la zarza ardiente (Éx 3): Yahvé se presenta como el Dios de los patriarcas, que aunque hacia mucho tiempo que habían muerto físicamente, debían estar vivos de algún modo. Jesús habla de ellos como una continuidad en el presente. Esto nos indica que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos y para él todos están vivos.

El argumento es: solo los vivos pueden tener un Dios, por tanto, la promesa de Yahvé a los patriarcas de que él es y será su Dios, exige que los mantenga vivos. Luego, en Dios, ellos y todos, estamos vivos. La necesidad de la resurrección se deduce que Dios es el Dios de la vida, su naturaleza es la vida, y por eso ha establecido una Alianza con Abraham. 

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