sábado, 12 de diciembre de 2015

SEMANA III DE ADVIENTO
MARTES

Mateo 21,28 32
28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". 29Él le contestó: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. 30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue. 31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre? Contestaron: El primero. Jesús les dijo: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. 32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.

COMENTARIO
¿Os parece? ¿A quién? A las autoridades judías.
El hombre de esta parábola representa a Dios y los dos hijos representan a las dos partes que componían el pueblo judío:
-       los pecadores (publicanos y prostitutas), desobedientes a los mandatos de Dios, ven a trabajar a mi viña... No quiero;  
-       y a los justos, a los fieles observantes y cumplidores, Ahora mismo voy. Pero no fue.
Los dos son llamados hijos y a los dos se dirige la llamada. Esta es la situación, pero ¿qué ha sucedido en el hoy de la salvación? Que los pecadores desobedientes reconocen a Juan y creen en él y lo siguen; y los considerados justos y obedientes, sí reconocen pero sus hechos no se ajustan a las palabras.

Preguntados por Jesús, las autoridades se dan su propia sentencia que Jesús explicita en los versículos finales: “por debajo de vuestras buenas palabras y apariencias externas, no hay trabajo alguno. No habéis reconocido a Juan. Bajo apariencias de fidelidad sois infieles porque no reconocéis a mi enviado, el precursor”. Cuando se trata de la voluntad del Padre importa más lo que se hace que lo que se dice. Los justos, aunque en un principio y en teoría llevaban la delantera, se han visto superados por los que en principio eran desobedientes y pecadores. No están las cosas en cómo empiezan, sino en cómo acaban.

La parábola denuncia la actuación de los representantes de la Ley de Dios, pero a la vez es una llamada a la conversión. Si el primer hijo pudo cambiar, con más razón y facilidad podían hacerlo ellos.
Tanto sumos sacerdotes y senadores (hijo segundo) como los recaudadores (hijo primero) son colaboracionistas del invasor romano. Unos de guante blanco, de alto nivel, sin riesgo y bien mirados, y los otros no. Ambos robaban, pero seguro que los recaudadores menos que los terratenientes a la hora de pagar los salarios a sus jornaleros.
Y que las prostitutas se venden por unas monedas es evidente, pero por menos que las obtenidas por los sacerdotes en el Templo. ¿Quién es más prostituta: la que se vende por cuatro euros porque no tiene para comer y se entrega así o el que convierte la religión en un negocio? La religión/relación con Dios siempre se ha expresado en términos de alianza, matrimonio, amor, gratitud… ¿no es la máxima prostitución convertirla en un negocio?

¿Por qué las prostitutas y recaudadores van por delante? Porque unas y otros sí están dispuestos a cambiar. Despreciados por todos, saben que su modo de vivir no es el mejor. Llevan su pecado como una esclavitud que la sociedad hipócrita les impone. Ese peso no les permite levantar cabeza, ni reivindicar dignidad. Tienen necesidad de salir de esa opresión. Apenas escuchan que hay Alguien que les anuncia la posibilidad de vivir como personas, recuperar la dignidad y restablecer la amistad con Dios, acogen la esperanza con alegría.

Los otros, en cambio, como se tienen por fieles y honorables y los demás les ven así, acaban creyéndose su propia mentira. 

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