sábado, 12 de diciembre de 2015

SEMANA III DE ADVIENTO
MIÉRCOLES

Lucas 7, 19-23
18Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Y Juan, llamando a dos de sus discípulos, 19los envió al Señor, diciendo: ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?20 Los hombres se presentaron ante él y le dijeron: Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte:"¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?".
21En aquella hora curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista. 22Y respondiendo, les dijo: Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. 23Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!

COMENTARIO
En la cárcel, Juan recibe noticias de la salvación de los paganos y de la resurrección del pueblo, por obra de Jesús. Ante un Jesús que no juzga ni castiga, Juan duda. A la pregunta de los enviados de Juan, Jesús responde primero con obras: restituye la integridad y libertad al hombre.
Respuesta verbal: cita pasajes proféticos (Is 29, 18; 35,5s; 42,18; 26,19; 61,1; para los leprosos, 2 Re 5) que son metáforas de liberación. Todo culmina en la buena noticia a los pobres.

A la pregunta fundamental, Jesús responde con el testimonio de su vida. La prueba de su mesianidad es estar de parte de los pobres, aliviando su dolor y transformando su modo de pensar: a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Los pobres están relacionados con el Evangelio de tal forma que sin ellos el Evangelio no se cumple.
Al poderoso, frente a la Buena Noticia, no le queda otro camino que el de la conversión o renuncia a su poder explotador, ya que toda pobreza, toda opresión, tiene detrás un poder que la alimenta.

Son los pobres los únicos que pueden acreditar a Jesús como el verdadero Mesías. No es nadie que pertenezca a la institución religiosa, o política, o militar, o económica, quien puede certificar si Jesús es el Mesías verdadero. Este privilegio ha sido dado por el Padre exclusivamente a los pobres. Esto se constituye en un gran signo a nuestra iglesia. Su identificación de iglesia genuina, de iglesia seguidora de Jesús, o de iglesia camino o mediación del Reino, también se lo deben dar los pobres. Y se lo darán en la medida en que la vean cercana al sufrimiento de las víctimas de los poderes de este mundo.


Muchas veces tratamos de probar la genuinidad de la Iglesia sobre la base de argumentos teológicos, y se nos olvida el argumento más evangélico: su cercanía a las víctimas del poder.

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