domingo, 3 de diciembre de 2017

SEMANA I DE ADVEINTO

JUEVES

7 DE DICIEMBRE

Mateo 7, 21. 24-27

21No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
24El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. 25Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
26El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. 27Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande.

COMENTARIO
Jesús continúa con el primado de las obras sobre las palabras. Recuerda cuales son los frutos buenos: cumplir la voluntad de Dios, de mi Padre.
El verdadero discípulo no es solo el que dice ¡Señor, Señor! y hace cosas buenas en nombre del Señor, sino el que las hace con recta intención, sin disfraz. El que realmente es manso y dócil oveja, y no el lobo que hace cosas de oveja, pero en realidad sus principios de lobo siguen intactos.

El criterio que decide sobre la validez y la autenticidad son las obras, aunque sobre la validez de esas obras solo decide Dios, no el hombre o la comunidad.
Hay que mirar sobre qué cimentamos nuestra vida, nuestra existencia, nuestra casa. Se habla de dos tipos de hombres, prudentes y necios, que han oído el discurso precedente del Sermón del Monte. La diferencia está en llevar o no llevar a la práctica las palabras de Jesús.

La casa representa al ser humano. El éxito de su vida y la capacidad de mantenerse firme depende de que su vida tenga como cimiento unas obras acordes con su mensaje.  
No se trata de una situación intramundana, sino del éxito o fracaso final. La supervivencia del constructor que ha edificado sobre la roca (es la roca del calvario y la roca del sepulcro, símbolos de la entrega total) o ha edificado sobre arena, que en el contrapunto con la roca, significa lo inestable, o diminuto, lo que casi ni cuenta ni se ve.


Las palabras de Jesús no están dirigidas solo a los discípulos, sino a la muchedumbre. El Sermón del Monte va dirigido a todo ser humano que deberá elegir entre los escribas de cada tiempo: la cultura, el ambiente, la mentalidad... y la enseñanza de Jesús que unas veces interpreta, otras corrige y otras anula la cultura y la mentalidad en la que vivimos.

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