domingo, 23 de febrero de 2020

Resultado de imagen de DESIERTO TENTACIONES1 DOMINGO DE CUARESMA

CICLO A


4 1Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3El tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. 4Pero él le contestó: Está escrito: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
5Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del Templo 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras". 7Jesús le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios".
8De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9y le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras. 10Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto". 11Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

1.     COMENTARIO
4 1Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El relato está situado a continuación del Bautismo de Jesús en el Jordán. Después de haber vivido la experiencia de Hijo, lleno del Espíritu, es llevado/empujado, impulsado por el Espíritu a someterse al discernimiento de cómo y cuál es su misión. Es el momento de elegir, de las opciones y de las decisiones… con todas sus consecuencias.
·       El desierto. Es presentado como figura. No solo se refiere al desierto físico, natural, sino a lo que expresa la realidad de un desierto. Jesús entra en el desierto y ya no sale. Simboliza la travesía de la vida. Jesús está solo, en ruptura con un mundo cuyos valores son los del diablo, los de Satanás. El desierto es una actitud interior, es una manera de vivir. Recuerda al éxodo de Israel, donde el pueblo fue infiel a Dios (Éx 17,1-17). Ahora, Jesús es el nuevo Moisés. Ha de recorrer el camino del éxodo. El desierto representa el lugar que Jesús ha de recorrer hacia la tierra prometida.
Toda la escena corresponde al plan de Dios sobre Jesús. El objetivo del Espíritu de Jesús es la confrontación entre Él y Satanás para demostrar la fuerza del Mesías. No vale cualquier tipo de mesianismo. Desde el comienzo se nos muestra que la victoria es de Jesús.
·       El número cuarenta. Se usa como un número redondo para indicar una totalidad limitada. Indica la vida.Jesús está en el desierto cuarenta días en paralelo a Israel que estuvo cuarenta años en el desierto antes de entrar en la tierra prometida.Cuarenta días con sus cuarenta noches. Se trata de un ayuno continuo. No se interrumpe en ningún momento. 
Ya sin fuerzas, Jesús vence al diablo/adversario. La fuerza de Jesús proviene del Espíritu. Jesús no ha entrado en el desierto a una aventura, sino que lleva al Espíritu. 
Vamos a ir situando los diversos lugares de este texto por su amplio y profundo significado.

EN EL DESIERTO
3El tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
En el v. 1 al tentador se le llama diablo (es una palabra griega[1]) y en el v. 10 se le llama Satanás (en hebreo). En ambos casos es el adversario, lo opuesto, que va a inducir continuamente a Jesús a traicionar el compromiso experimentado en el Bautismo. Es el enemigo del ser humano. Lo que desvía del camino hacia la plena realización de la persona que se siente habitada por el Espíritu de Dios. Es lo contrario a Jesús, el Salvador.
El tentador aparece cuando el ser humano se siente débil, al fin sintió hambre. La persona es un ser insaciable, siempre tiene hambre. Esta palabra aparece en el Nuevo Testamento (Mt 16,23; Sant 1,13) para referirse a personas que quieren apartar a Jesús del estilo de Mesías que ha elegido: la humildad, el servicio y la entrega.

El diablo da por supuesto que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, no solamente por su origen, sino por cómo actúa: al estilo de Dios. Le invita a dar una orden: dique estas piedras se conviertan en panes. Su intención es que remedie la propia hambre con un “milagro”. Será efecto de su poder no del compartir, de la generosidad de Jesús. El propósito es inducir a Jesús a actuar en su propio beneficio sin contar con el plan de Dios. Es dejar de hacer la voluntad de Dios. Se trata de un ateísmo práctico. Es el egoísmo como norma de vida, olvidarse de la entrega como opción fundamental. Por eso, cuando aparece la palabra en-demoniado en el evangelio se ha de interpretar como aquel que está ideologizado o es fanático en ideas contrarias al evangelio.

4Pero él le contestó: Está escrito: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Dt 8,3).
Jesús responde con el texto del libro del Deuteronomio. La vida natural, física, solo tiene sentido cuando Dios la comunica. En el libro del Deuteronomio, la palabra de Dios se relaciona con el maná, con el alimento. Dios no abandona nunca a su pueblo ni lo deja perecer en la necesidad. Jesús sabe que Dios no le va abandonar, no teme por su vida. Su certeza está en la fidelidad de Dios.
La palabra  de Dios, que sale de su boca, está en nosotros para sanarnos de nuestras ideologías/fanatismos, para que seamos libres, vivamos en plenitud como seres humanos.  

DEL DESIERTO A LA CIUDAD SANTA, A  JERUSALÉN
5Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del Templo 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".
La ciudad santa eraJerusalén, sede del Templo, lugar de la presencia divina.
El diablo coloca a Jesús en el alero del Templo, lugar donde debía manifestarse el Mesías e inaugurar la liberación poderosa de Israel.
La tentación es una invitación a acomodarse a las doctrinas mesiánicas aun vigentes en aquellos tiempos. No solo le invita a encarnar la figura del Mesías triunfador, sino que la propuesta diabólica que separa a Jesús de su opción mesiánica, es tirarse desde aquella altura para realizar un hecho prodigioso, espectacular. Así, el pueblo pude comprobar comprobar que Dios está con Él.

Esta escrito. Es referencia a un texto de la Escritura: Sal 91. En él se habla de la protección de Dios sobre aquellos que le temen, que le reconocen como Dios. El tentador propone a Jesús que provoque la situación de peligro forzando la acción de Dios. Lo cual supone someter a Dios a los caprichos irresponsables de la persona.

7Jesús le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios" (Dt 6,16).
Mateo pone en boca de Jesús otro relato del Deuteronomio, en el cual los israelitas habían desafiado a Dios para probar que realmente estaba con ellos. Aceptar la propuesta del diablo supone forzar la acción de Dios sin motivo. Dios colabora con el hombre, pero no le quita libertad ni responsabilidad. Jesús va reduciendo en cada respuesta, como luego hará en su actuación, el poder e influencia del maligno. Este es el sí de Jesús a la misión del Padre.

DE LA CIUDAD SANTA A UN MONTE ALTÍSIMO
8De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9y le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras. 10Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"  (Dt 6,13).
El tentador propone la definitiva y última tentación. Le lleva a un monte altísimo, indicando la suprema condición divina. El monte es el lugar de la manifestación o revelación de Dios (Monte Sinaí, Monte Carmelo, Monte Sión…) Es el monte el lugar de la manifestación de Dios a través de la gloria de todos los reinos de este mundo. (Puede compararse este momento con el monte del segundo domingo de cuaresma).   Desde allí se dominan todos los reinos del mundo.
De la estrechez del Templo judío, símbolo de la nación judía, ahora la propuesta es universal todos los reinos del mundo y su gloria. El tentador ofrece a Jesús el poder y el esplendor del poder: la gloria, el prestigio y el dominio.
Todo esto te daré. Y puede darlo porque le pertenece. El poder y la ambición es lo que genera injusticia y marginación. Es la gloria del mundo. Solo hay una condición: si te postras y me adoras. Si Jesús reconoce al diablo como dios. Pero, ¡Jesús solo adora a Dios! El tentador pretende que Jesús renuncie al plan de Dios, a la voluntad de salvar a la humanidad. El poder convierte al hombre en ambicioso y lo hace precisamente enemigo del ser humano. El poder o se pone bajo la ética del servicio o se pone al servicio del poderoso para dominar al otro. 

10Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"  (Dt 6,13).
El único verdadero salvador/ liberador no es el que domina, sino el que sirve, el que entrega su vida por la humanidad. La ambición de poder hace al hombre enemigo del propio hombre, pues se convierte en un idolatra, sustituye al verdadero Dios por otro dios que esclaviza. El poder, con sus esplendor de riqueza, dominio y prestigio, no es válido para hacer posible el Reino de Dios.
Jesús ordena a Satanás que se vaya, se retire. Vuelve Jesús a argumentar desde el libro del Deuteronomio. Dios es único y, por tanto, exclusivo. No se pude servir a dos señores. Esta fidelidad a Dios produce la derrota del adversario. “No se pude poner una vela a Dios y otra al diablo”. Al menos, no es evangélico.

11Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
El diablo obedece, es decir, ha sido derrotado, vencido. No tiene poder sobre Jesús.
Los ángeles le servían. Esta expresión tiene que ver con el principio del relato, al fin sintió hambre. Jesús después de cuarenta días con sus noches de ayuno tenía hambre. Desaparece el tentador; al final, en la victoria, los ángeles le servían. Es símbolo de que se ha restaurado la comunión entre Dios y el hombre.

No olvidemos que todo el relato es una figura/símbolo de la situación en la que Jesús va a realizar su misión, en la que va a vivir. Por eso, a lo largo del relato evangélico, no van a faltar diablos: personas, grupos, que intentan separar a Jesús de su opción mesiánica con el consiguiente rechazo por no entrar en su mentalidad… Pero tampoco van a faltar ángeles: personas que reflejan la misericordia de Dios, que sirven, ayudan, están a favor de Jesús.  
La escena termina sin mencionar que Jesús salga del desierto. Solo saldrá con su muerte.



[1]Diablo proviene del griego. Significa “lo que separa, desune, lo absurdo, el sin-sentido”. Lo contrario es lo simbólico: “lo que da sentido, lo que une”. 









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