ARTÍCULO 4.
FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL
ESPÍRITU SANTO Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN
Comentario.
Fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Esta afirmación no se
refiere tanto al "cómo" fue la concepción de Cristo, sino al
"origen" de Cristo, a su identidad y misión. El protagonista es el Espíritu Santo,
fuerza vital de Dios, que por ser amor, comunica amor y produce vida (Hablaremos
más de ello al tratar el artículo
"Creo en el Espíritu Santo").
La contenido de este artículo del Credo, lo
encontramos principalmente en el evangelista Lucas (1,31-35):
El ángel dijo a María: "Mira, vas a concebir en tu seno y a dar
a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Éste será grande, lo llamarán Hijo
del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará
para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin.
María dijo al ángel: ¿Cómo sucederá eso, si no vivo
con un hombre?
El ángel le contestó: El Espíritu Santo bajará sobre
ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso al que va a nacer
lo llamarán “Consagrado”, “Hijo de Dios”.
Se trata de un
relato cuyo mensaje se centra en que allí donde está el Espíritu hay vida, y vida
en plenitud. Es la manera evangélica transmitirnos
de que Jesús proviene de Dios y proviene de María. Jesús es de Dios y es de María.
Es Dios y es humano.
El tema es delicado, por eso hay que hablar
con sumo cuidado tratando de evitar:
-
Un simplismo infantil: “esto es un milagro de Dios y punto”.
-
Una desconfianza total: “como no se puede decir nada, no lo creo”.
Es mejor, hacerlo desde la postura que
estamos ante un misterio (¿Cómo tantos que hay en la vida!). Un misterio no
quiere decir que sea falso, o mentira. Misterio quiere decir que la fe y la
razón aún no han llegado a descubrir la totalidad de sentidos de algo. Pero eso
no quiere decir que el misterio sea un sinsentido. Un ejemplo: sabemos muchas
cosas del sol, pero no sabemos todo del sol. ¿Alguien ha estado en el sol? Y
además, al misterio le pasa como el sol: cuanto más te acercas, mas te atrae.
Otro: ¿Alguien sabe todo sobre el cerebro humano? Pues no. Se avanza, se
profundiza… Parecido, pasa con el misterio de la fe.
A este capítulo del credo, lo conocemos
como el misterio de la Encarnación.
(Repito no es algo absurdo). En pocas palabras quiere decir, que Dios, el hijo
de Dios se hizo carne, se hizo ser humano. Otra cosa es como se explica esto.
Esta Encarnación se realizó en María,
mujer, humana, por obra y gracia del
Espíritu Santo. Es decir hubo una intervención de Dios, que no sabemos
todavía explicar. Si podemos decir, que “para Dios nada hay imposible” lo cual
no es una afirmación de que Dios sea un caprichoso y se vaya saltando las leyes
de la naturaleza, que El mismo ha dado.
Seguimos acercándonos a este misterio diciendo
que cada vez que se engendra vida humana, que se “crea”, que hay vida, allí
está el Espíritu de Dios. ¿Cómo? No lo sabemos. Es un riesgo, como lo es la fe.
Confiamos, creemos, que donde hay Espíritu Santo hay vida. Como en la
encarnación de Jesús, también en la nuestra, de nuestros padres, está el
Espíritu de Jesús.
La Encarnación, no es solo algo que
pasó, sino que está pasando continuamente. LA Encarnación es un hecho y es un
misterio. Y también es un “principio de interpretación”. Esto quiere decir que
para hablar de Dios, para “entenderlo”, y comprender al ser humano hemos de interpretarlos
desde Jesucristo. Nos acercamos a la realidad de Dios desde Jesucristo, sino es
una falsedad. Y lo mismo del ser humano: nos acercamos al realidad de la persona
desde Jesucristo. Jesús de Nazaret es la clave para descifrar el misterio de Dios
y del ser humano.
Y nació de Santa María Virgen: Nos cuenta san
Lucas: Estando allí (en Belén) le
llego el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito (Lc 2, 7).
El evangelista no da más datos, por lo que hemos de interpretar
que el nacimiento de Jesús fue de lo más normal. María dio a luz por donde lo hacen
todas las más del mundo, y Jesús nació como todos los niños del mundo.
En el
nacimiento de Jesús, el Espíritu actúa de una forma sorprendente y misteriosa,
como en todos los nacimientos.
-
El nacimiento de Jesús es un
nacimiento humano. En el nacimiento de Jesús aparece no sólo el poder
del Espíritu, sino la radical novedad de la encarnación: Jesús es hijo de
María, pertenece a la raza humana, pero al mismo tiempo es Hijo de Dios, es el
Dios con nosotros para siempre (Mt 1, 18-25; 28, 20).
-
En el
mismo nacimiento de Jesús aparece el estilo propio de Dios y del mismo Jesús:
desde la pobreza, desde los pobres va a venir la salvación. Es una salvación
que se anuncia a los pastores sencillos (Lc 2, 8-20) y que turba a los
poderosos, como Herodes (Mt 2).
Sobre la
virginidad de María hay que apuntar que en el relato de Lucas no se trata
de una narración física o sexual. (No hay nada en contra de una interpretación
literal, física, del texto. Aquí nos situamos a un nivel distinto). "Virgen", en la Biblia significa no
solo la ausencia de relaciones sexuales plenas, sino, sobre todo,
"fidelidad". María es símbolo de la fuerza del Espíritu y de su
novedad que va más allá de toda carne.
Todo lo radicalmente nuevo nace de forma virginal y
pobre, por obra del Espíritu Santo.
Es siempre bueno recordar algunas cosas de María. Lo
hacemos desde el Evangelio. Se nos ha perdido mucha fuerza evangélica por el
camino al hablar de María. Ahora es preciso recobrar la imagen que de María nos
trasmiten los evangelios.
Se requiere volver a los orígenes para encontrarnos
no con una especie de diosa, sino con una mujer de un pueblo desconocido de la
región de Galilea, Nazaret. Esta mujer y esposa de un obrero, José, comprendía
todo lo mejor de la fe y la esperanza en Dios del pueblo de Israel.
Ella se fía totalmente de Dios, de su misericordia
para con los pobres (Lc 1, 38) y proclama la grandeza del Dios que derriba del
trono a los poderosos y eleva a los humildes (Lc 1, 50-33). María personifica
una fe liberadora. María es madre de Jesús, pero también, es mujer de fe, es
discípula, condición o dimensión no siempre valorada suficientemente.
PARA REFLEXIONAR
-
El
Espíritu Santo es origen y causa de vida, ¿cómo se concreta esta afirmación en
tu vida personal o de comunidad?
-
Nuestra
devoción a María, ¿es liberadora?
-
¿Cómo
recuperar la figura de María como mujer de fe?
-
Lee este
artículo y reflexiona lo que supone la encarnación para una persona, para un creyente:
Pienso en aquellos momentos en los que nos golpea la muerte de un familiar
o conocido, especialmente si ésta ha sido trágica o inesperada.
O cuando se nos ponen delante las consecuencias de la maldad y el egoísmo
humanos por medio de la guerra, la violencia o la opresión de unos sobre otros.
O cuando tenemos noticia de catástrofes naturales impredecibles, en las que
mueren montones de personas sin que haya un culpable directo...
En todas esas ocasiones, o al menos en alguna de ellas, no decimos «¿Dónde estás,
Dios?», «¿Es que no podías haber hecho algo para evitar todo este
sufrimiento?».
En estas dudas y crispaciones que, por ser humanas y parte de la fe acaban
golpeando en una u otra ocasión, hubiéramos preferido que el Dios en el
que creemos fuera un “solucionador de problemas”. Alguien que hiciera
desaparecer la violencia por arte de magia y que acabara con el mal y el
sufrimiento que, de una manera u otra, sacude a toda persona humana.
En el fondo, le estamos diciendo a Dios que su regalo no era quizá́ el que más
necesitábamos y que podía habernos dado otra cosa que nos hubiera aprovechado más
al solucionarnos todos nuestros problemas.
Sin embargo, con estas preguntas y enmiendas a Dios, estamos olvidando que la
Encarnación de Jesús no siguió́ el molde triunfante y solucionador de problemas
que los judíos se habían imaginado, sino que prefirió́ hacerlo por medio del
respeto de nuestra libertad, sin gozar de los privilegios y facilidades que
como Dios podía haber tenido.
Jesús entró en nuestra historia 'por la puerta de atrás', pidiendo
permiso a una mujer, nació́ pobre entre los pobres, tuvo que huir como un
emigrante, trabajó para poder mantenerse humildemente, predicó de modo
itinerante, y murió́ de un modo brutal y doloroso.
Gracias a todo ello, no hay realidad de sufrimiento, no hay problema o
dificultad en la que Dios no esté́ presente para ayudarnos, o nos comprenda,
porque él ha pasado por todo ello. Y lo que es más importante, habiendo sufrido,
Jesús ha triunfado sobre ello y nos demuestra que el sufrimiento, el mal y la
injusticia, no tienen la última palabra en nuestra vida.
Con todo, quizá́ haya algo de razón en esa decepción que sentimos cuando le
decimos a Dios que el regalo de la Encarnación, el tipo de Mesías de Jesús, no
era lo que queríamos o lo que más falta nos hacía.
Pero, al igual que el niño que pasados los años descubre que aquel regalo
que en su día no le hizo mucha ilusión, era en realidad una cosa que le sería útil
y practica, creo que la experiencia de la vida, la profundización en las
realidades y misterios que nos envuelven, la oración y tantas otras cosas, nos
van haciendo intuir que, aunque no lo entendamos, el mejor regalo que Dios pudo
hacernos fue el encarnarse en Jesucristo de la manera humilde y pobre en la que
lo hizo.
-
Ora con
esta canción de María que aparece en el evangelio (Lucas 1, 46-55):
"Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo,
y Su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a su pueblo
acordándose de la misericordia
―como lo había prometido a nuestros padres―
en favor de Abraham y su descendencia por siempre".
-
J.A. Pagola, comentando el evangelio de la Solemnidad de la Asunción de
María, extrae las siguientes consecuencias tomadas de la vida evangélica de María
y aplicadas a la Iglesia:
"De ella (de María) podemos
aprender a ser más fieles a Jesús y su evangelio. ¿Cuáles podrían ser los
rasgos de una Iglesia más mariana en nuestros días? Una Iglesia que fomenta la
«ternura maternal» hacia todos sus hijos cuidando el calor humano en sus
relaciones con ellos.
Una Iglesia de brazos abiertos, que no rechaza ni condena, sino que acoge
y encuentra un lugar adecuado para cada uno.
Una Iglesia que, como María, proclama con alegría la grandeza de Dios y
su misericordia también con las generaciones actuales y futuras.
Una Iglesia que se convierte en signo de esperanza por su capacidad de
dar y transmitir vida.
Una Iglesia que sabe decir «sí» a Dios sin saber muy bien a dónde le
llevará su obediencia.
Una Iglesia que no tiene respuestas para todo, pero busca con confianza,
abierta al diálogo con los que no se cierran al bien, la verdad y el amor.
Una Iglesia humilde como María, siempre a la escucha de su Señor.
Una Iglesia más preocupada por comunicar el Evangelio de Jesús que por
tenerlo todo definido.
Una Iglesia del «Magníficat», que no se complace en los soberbios,
potentados y ricos de este mundo, sino que busca pan y dignidad para los pobres
y hambrientos de la Tierra, sabiendo que Dios está de su parte.
Una Iglesia atenta al sufrimiento de todo ser humano, que sabe, como
María, olvidarse de sí misma y «marchar de prisa» para estar cerca de quien
necesita ser ayudado.
Una Iglesia preocupada por la felicidad de todos los que «no tienen vino»
para celebrar la vida.
Una Iglesia que anuncia la hora de la mujer y promueve con gozo su
dignidad, responsabilidad y creatividad femenina.
Una Iglesia contemplativa que sabe «guardar y meditar en su corazón» el
misterio de Dios encarnado en Jesús para transmitirlo como experiencia viva.
Una Iglesia que cree, ora, sufre y espera la salvación de Dios anunciando con
humildad la victoria final del amor".

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