CREO EN JESUCRISTO
1.
Creo en
Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor.
Es la parte central del Credo de los cristianos. El
centro de la fe cristiana es una persona: Jesucristo. A partir de él surgen y
giran todo el lenguaje de la fe. Si hablamos de Dios, de Iglesia, de la fe, de los
sacramentos, de la muerte, de la vida… y lo desligamos de Jesús nada tendrá
sentido.
COMENTARIO.
Jesucristo: La palabra Jesucristo está compuesta de
"Jesús" y de "Cristo".
-
Jesús es
un personaje histórico que nació en Palestina hace 2.000 años y su nombre
significa "Dios salva, libera" (Mt 1, 21).
-
Cristo significa "Mesías, Ungido, Consagrado". Es un título
que los primeros cristianos dieron a Jesús después de su resurrección, para
indicar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado, el Señor, el Hijo del
Padre.
En el Antiguo Testamento se ungía a
reyes, profetas y sacerdotes con aceite, símbolo de que la fuerza de Dios
habitaba en ellos defender la justicia a favor de los excluidos y marginados.
Ahora, Jesús es el Cristo, el Ungido por Dios para continuar con esa misión de
proponer al ser humano la alternativa del perdón, de la justicia, del amor.
Y esto mismo es lo que significa la
palabra “cristianos”. Son los que siguen a Cristo. Son los “ungidos” para hacer
el bien.
Su único Hijo: Jesús es el Hijo de Dios y esta calidad
de Hijo se extiende a todos los que lo sigan y como Él hagan de su vida una
entrega total. El acercamiento a este artículo de la fe lo podemos hacer de dos
maneras:
-
Desde arriba: Jesucristo es hijo del Padre, como se nos manifiesta en
el relato del Bautismo, Y vino una voz
del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto" (Mt
3,17), o en la Transfiguración, Y dijo
una voz desde la nube: Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor.
Escuchadlo (Mt 17,5).
-
Desde abajo: Jesús es Mesías, es Cristo, pero su reinado lo es por la
entrega total; Jesús es el Siervo de
Dios, cuyo camino no es el triunfo, el honor y la gloria, sino lo contrario.
Jesús es Hijo de Dios no sólo porque venga una voz del cielo y así lo declare,
sino porque es obediente al proyecto de Dios que es la plenitud del ser humano.
Plenitud que consiste en la entrega y en el servicio hasta el final.
La expresión "Hijo de Dios" designa a Jesús como el que
posee la plenitud del Espíritu, expresando la relación plena que Jesús tiene
con el Padre. Como acabamos de ver, esta expresión aparece en los relatos del
Bautismo de Jesús, donde aparece la presencia del Espíritu que lo
"consagra" como Hijo de Dios. Y, al mismo tiempo, nos abre a los humanos
la posibilidad de convertirnos en "hijos de Dios" por la gracia, por
la participación en la vida de Dios a través de la entrega y el servicio, al
estilo de Jesucristo.
Nuestro Señor: es el título o nombre que expresa la
realidad e identidad de Jesús tras el acontecimiento de la Resurrección: Sepa entonces con seguridad toda la gente de
Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quién vosotros
crucificasteis (Hch 2, 36).
Por la Resurrección, Cristo ha sido constituido como el único Señor
del mundo. "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28) confesará Tomás ante el
Resucitado, como expresión de reconocimiento y aceptación de que la forma y el
estilo de vida de Jesús es lo que libera a la humanidad de su pecado/esclavitud
y le hace Señor de la vida y de la historia.

Si queremos saber o conocer algo de Jesús, la
referencia fundamental es ir a los evangelios. En ellos encontramos algunos
datos de Jesús: nació pobre, en Belén. Sus padres se llamaban María y José.
Paso la mayor parte de su vida en un pequeño pueblo de Galilea, llamado
Nazaret. Después, más o menos durante tres años, dedicó su vida a anunciar la Buena
Noticia del Reinado de Dios con palabras –parábolas- y con gestos –milagros-. Su opción fue clara a favor de sanar todo tipo
de enfermedad que sometía y esclavizaba a las personas, denunció la injusticia,
comía con los excluidos por la sociedad, la política y la religión…
Fue un profeta itinerante, rodeado de unos cuantos
hombres y mujeres con los que convivía haciendo posible otra forma de
relacionarse basándose en el perdón y la misericordia.
Terminó enfrentándose a la gente poderosa que
decidió matarlo de la forma más cruel en aquellos tiempos: la cruz. Así murió
solo, abandonado por todos, en el mayor de los fracasos. Pero…
Lo que parecía fracaso se convirtió, poco tiempo
después, en que sus seguidores comenzaron a predicar que el Crucificado había
Resucitado. Aquella experiencia dio origen a una nueva forma de entender e
interpretar la realidad, a la persona humana y al mismo Dios.
· De entre todos
los textos del evangelio, para este apartado del Credo, escogemos el texto en
el que Jesús iba andando con sus
discípulos, por aquellos caminos de Galilea, les pregunta: ¿Quien decís
vosotros que soy yo? Pedro, en un principio, contestó acertadamente
diciendo: Tú eres el Mesías. 30Y les conminó a que no hablaran a nadie
acerca de esto. Aquello que parecía
un acierto, sin embargo, en la concepción de Pedro suponía un Mesías poderoso,
político, espectacular. Cosa que Jesús rechazó: 31Y empezó a instruirlos: El Hijo del hombre tiene que
padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser
ejecutado y resucitar a los tres días. 32Se lo explicaba con toda
claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se
puso a increparlo. 33Pero él se volvió y, mirando a los discípulos,
increpó a Pedro: ¡Aléjate de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como
Dios! (Mt 8, 27—33).
Aquella pregunta de Jesús,
nos las vuelve a hacer a cada uno de los que decidimos seguirle por los caminos
de la vida. Desde luego, que ya no valen las respuestas hechas, doctrinales,
con grandes fórmulas. Ahora, se trata de responder a esa pregunta de manera
experiencial.
"Diálogo entre un recién convertido a
Cristo y un amigo no creyente:
¿De modo que te has convertido a Cristo?
Sí.
Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?
Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?
No lo sé.
¿A qué edad murió? Tampoco lo sé.
¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció?
Pues no... No lo sé.
La verdad es que sabes muy poco, para ser un
hombre que afirma haberse convertido a Cristo....
Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy
avergonzado de lo poco que sé acerca de Él. Pero sí que sé algo: Hace tres
años, yo era un borracho... Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en
pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada
noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un
hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada' noche.
Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y
esto es lo que sé de Cristo!". "[1]
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR.
-
¿Cuál tu
respuesta a Jesús, hoy, en la situación concreta de tu vida?
-
¿Puedes
descubrir cómo ha ido evolucionando tu imagen de Jesús o es la misma que cuando
eras niño?
-
“No se ama lo que no se conoce”. Si lo aplicamos a Cristo podríamos
decir que…
PARA
ORAR. ¿Qué diría Jesús de ti?
JESÚS
NO DIJO: Esta mujer es una cualquiera, frívola, necia, con la cabeza llena de
pájaros. Está totalmente condicionada por la mentalidad moral y religiosa de su
pueblo
Él
dijo: ¡Es una mujer! Él le pidió un vaso de agua e inició con ella una
conversación (Jn. 4,1-42)
JESÚS
NO DIJO: Aquí tenéis una pecadora pública, una prostituta enfangada para
siempre en el vicio.
Él
dijo: Tiene más oportunidades de entrar en el Reino de Dios que aquellos que
confían en sus riquezas o se amparan en su virtud y en su saber (Lc. 7,36-49)
JESÚS
NO DIJO: Es una adultera.
Él
dijo: Yo no te condeno. Vete y no peques
más (Jn 8,36)
JESÚS
NO DIJO: Ésta que quiere tocar mi túnica es una histérica, con una religiosidad
mágica e inmadura.
Él
la escuchó, le habló y la curó (Lc. 8,43-48).
JESÚS
NO DIJO: Esta vieja que echa unos céntimos en el cepillo del templo es una
supersticiosa, o una tacaña.
Él
dijo que aquella viejecilla era formidable, más generosa que muchos, y que su
desinterés merecía ser imitado (Mc 12, 41-44)
JESÚS
NO DIJO: Este centurión pertenece a las fuerzas de ocupación.
Él
dijo: No he visto tanta fe en Israel
(Lc 7,1-10)
JESÚS
NO DIJO: Este fanfarrón orgulloso me ha negado.
Él
le dijo: Pedro, ¿me amas? (Jn
21,15-17)
JESÚS
NO DIJO: Los sumos sacerdotes son unos jueces injustos, este rey es un títere,
el procurador romano es un cobarde, esta multitud que vocifera contra mí es el
populacho, estos soldados que me maltratan son una podredumbre.
Él
dijo: Padre, perdónales porque no saben
lo que hacen. (Lc 23, 34)

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