viernes, 28 de febrero de 2020


Resultado de imagen de CREDOARTÍCULO 3 DEL CREDO.

CREO EN JESUCRISTO

1.    Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor.
Es la parte central del Credo de los cristianos. El centro de la fe cristiana es una persona: Jesucristo. A partir de él surgen y giran todo el lenguaje de la fe. Si hablamos de Dios, de Iglesia, de la fe, de los sacramentos, de la muerte, de la vida… y lo desligamos de Jesús nada tendrá sentido.

COMENTARIO.
Jesucristo: La palabra Jesucristo está compuesta de "Jesús" y de "Cristo".
-        Jesús es un personaje histórico que nació en Palestina hace 2.000 años y su nombre significa "Dios salva, libera" (Mt 1, 21).
-        Cristo significa "Mesías, Ungido, Consagrado". Es un título que los primeros cristianos dieron a Jesús después de su resurrección, para indicar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado, el Señor, el Hijo del Padre.
En el Antiguo Testamento se ungía a reyes, profetas y sacerdotes con aceite, símbolo de que la fuerza de Dios habitaba en ellos defender la justicia a favor de los excluidos y marginados. Ahora, Jesús es el Cristo, el Ungido por Dios para continuar con esa misión de proponer al ser humano la alternativa del perdón, de la justicia, del amor.
Y esto mismo es lo que significa la palabra “cristianos”. Son los que siguen a Cristo. Son los “ungidos” para hacer el bien.

Su único Hijo: Jesús es el Hijo de Dios y esta calidad de Hijo se extiende a todos los que lo sigan y como Él hagan de su vida una entrega total. El acercamiento a este artículo de la fe lo podemos hacer de dos maneras: 
-        Desde arriba: Jesucristo es hijo del Padre, como se nos manifiesta en el relato del Bautismo, Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto" (Mt 3,17), o en la Transfiguración, Y dijo una voz desde la nube: Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor. Escuchadlo (Mt 17,5).

-        Desde abajo: Jesús es Mesías, es Cristo, pero su reinado lo es por la entrega total;  Jesús es el Siervo de Dios, cuyo camino no es el triunfo, el honor y la gloria, sino lo contrario. Jesús es Hijo de Dios no sólo porque venga una voz del cielo y así lo declare, sino porque es obediente al proyecto de Dios que es la plenitud del ser humano. Plenitud que consiste en la entrega y en el servicio hasta el final.
La expresión "Hijo de Dios" designa a Jesús como el que posee la plenitud del Espíritu, expresando la relación plena que Jesús tiene con el Padre. Como acabamos de ver, esta expresión aparece en los relatos del Bautismo de Jesús, donde aparece la presencia del Espíritu que lo "consagra" como Hijo de Dios. Y, al mismo tiempo, nos abre a los humanos la posibilidad de convertirnos en "hijos de Dios" por la gracia, por la participación en la vida de Dios a través de la entrega y el servicio, al estilo de Jesucristo.

Nuestro Señor: es el título o nombre que expresa la realidad e identidad de Jesús tras el acontecimiento de la Resurrección: Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quién vosotros crucificasteis (Hch 2, 36).
Por la Resurrección, Cristo ha sido constituido como el único Señor del mundo.  "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28) confesará Tomás ante el Resucitado, como expresión de reconocimiento y aceptación de que la forma y el estilo de vida de Jesús es lo que libera a la humanidad de su pecado/esclavitud y le hace Señor de la vida y de la historia. Resultado de imagen de fano quien decis que soy yo Resultado de imagen de fano quien decis que soy yo Resultado de imagen de fano quien decis que soy yo

Si queremos saber o conocer algo de Jesús, la referencia fundamental es ir a los evangelios. En ellos encontramos algunos datos de Jesús: nació pobre, en Belén. Sus padres se llamaban María y José. Paso la mayor parte de su vida en un pequeño pueblo de Galilea, llamado Nazaret. Después, más o menos durante tres años, dedicó su vida a anunciar la Buena Noticia del Reinado de Dios con palabras –parábolas- y con gestos –milagros-.  Su opción fue clara a favor de sanar todo tipo de enfermedad que sometía y esclavizaba a las personas, denunció la injusticia, comía con los excluidos por la sociedad, la política y la religión…
Fue un profeta itinerante, rodeado de unos cuantos hombres y mujeres con los que convivía haciendo posible otra forma de relacionarse basándose en el perdón y la misericordia.
Terminó enfrentándose a la gente poderosa que decidió matarlo de la forma más cruel en aquellos tiempos: la cruz. Así murió solo, abandonado por todos, en el mayor de los fracasos. Pero…
Lo que parecía fracaso se convirtió, poco tiempo después, en que sus seguidores comenzaron a predicar que el Crucificado había Resucitado. Aquella experiencia dio origen a una nueva forma de entender e interpretar la realidad, a la persona humana y al mismo Dios.

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·       De entre todos los textos del evangelio, para este apartado del Credo, escogemos el texto en el que Jesús iba andando con  sus discípulos, por aquellos caminos de Galilea, les pregunta: ¿Quien decís vosotros que soy yo? Pedro, en un principio, contestó acertadamente diciendo: Tú eres el Mesías. 30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Aquello que parecía un acierto, sin embargo, en la concepción de Pedro suponía un Mesías poderoso, político, espectacular. Cosa que Jesús rechazó: 31Y empezó a instruirlos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días. 32Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. 33Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: ¡Aléjate de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! (Mt 8, 27—33).
Aquella pregunta de Jesús, nos las vuelve a hacer a cada uno de los que decidimos seguirle por los caminos de la vida. Desde luego, que ya no valen las respuestas hechas, doctrinales, con grandes fórmulas. Ahora, se trata de responder a esa pregunta de manera experiencial.

"Diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente:
¿De modo que te has convertido a Cristo?
Sí.
Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?
No lo sé.
¿A qué edad murió? Tampoco lo sé.
¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció?
Pues no... No lo sé.
La verdad es que sabes muy poco, para ser un hombre que afirma haberse convertido a Cristo....
Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca de Él. Pero sí que sé algo: Hace tres años, yo era un borracho... Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada' noche.
Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!". "[1]

PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR.
-        ¿Cuál tu respuesta a Jesús, hoy, en la situación concreta de tu vida?
-        ¿Puedes descubrir cómo ha ido evolucionando tu imagen de Jesús o es la misma que cuando eras niño?  
-        “No se ama lo que no se conoce”. Si lo aplicamos a Cristo podríamos decir que…

PARA ORAR. ¿Qué diría Jesús de ti?
JESÚS NO DIJO: Esta mujer es una cualquiera, frívola, necia, con la cabeza llena de pájaros. Está totalmente condicionada por la mentalidad moral y religiosa de su pueblo
Él dijo: ¡Es una mujer! Él le pidió un vaso de agua e inició con ella una conversación (Jn. 4,1-42)

JESÚS NO DIJO: Aquí tenéis una pecadora pública, una prostituta enfangada para siempre en el vicio.
Él dijo: Tiene más oportunidades de entrar en el Reino de Dios que aquellos que confían en sus riquezas o se amparan en su virtud y en su saber (Lc. 7,36-49)

JESÚS NO DIJO: Es una adultera.
Él dijo: Yo no te condeno. Vete y no peques más (Jn 8,36)

JESÚS NO DIJO: Ésta que quiere tocar mi túnica es una histérica, con una religiosidad mágica e inmadura.
Él la escuchó, le habló y la curó (Lc. 8,43-48).

JESÚS NO DIJO: Esta vieja que echa unos céntimos en el cepillo del templo es una supersticiosa, o una tacaña.
Él dijo que aquella viejecilla era formidable, más generosa que muchos, y que su desinterés merecía ser imitado (Mc 12, 41-44)

JESÚS NO DIJO: Este centurión pertenece a las fuerzas de ocupación.
Él dijo: No he visto tanta fe en Israel (Lc 7,1-10)


JESÚS NO DIJO: Este fanfarrón orgulloso me ha negado.
Él le dijo: Pedro, ¿me amas? (Jn 21,15-17)

JESÚS NO DIJO: Los sumos sacerdotes son unos jueces injustos, este rey es un títere, el procurador romano es un cobarde, esta multitud que vocifera contra mí es el populacho, estos soldados que me maltratan son una podredumbre.
Él dijo: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. (Lc 23, 34)



[1] De Mello, A., El canto del pájaro, Sal Terrae, p. 48.

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