domingo, 1 de marzo de 2020

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DOMINGO

Mateo 17,1-9
Transformación radical

17 1Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 2Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
3De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 4Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 5Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo.
6Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. 7Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: Levantaos, no temáis. 8Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. 9Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. 10Los discípulos le preguntaron: ¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? 11El les contestó: Elías vendrá y lo renovará todo. 12Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos. 13Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

3.     COMENTARIO
17 1Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 2Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.3De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Jesús escoge a los tres discípulos más representativos y que mayor resistencia ofrecen ante su mensaje (le acompañaran en la resurrección de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga, en el huerto de Getsemaní…). Lo que van a presenciar podría servirles para entender la realidad que se oculta bajo la angustia de la muerte. A estos tres, lo primero que hizo Jesús fue cambiarles el nombre. Para la mentalidad semita, en el nombre está la esencia, misión e identidad de la persona. Según Marcos (3,16)  Jesús les ha puesto un sobre-nombre:
·       Pedro. Antes llamado Simón, “el que escucha”. Lo primero en las relaciones es escuchar. Jesús siempre le llamaba Simón, excepto en Mt 16,17 que le cambia el nombre como expresión de su cambio de misión. Le llama Pedro: piedra, duro, obstinado a la escucha. 
·       Santiago. Significa “engañar”. Proveniente del engaño a su hermano Esaú (Gén 27,30-46). Hermano de Juan.
·       Juan. Quiere decir “misericordia de Dios”. A estos dos hermanos los puso el sobrenombre de Boanerges, “hijos del trueno”, “autoritarios”; el trueno simboliza la voz tremenda de Dios. Son herederos de la tradición. En la primera llamada de Jesús están con su padre, símbolo de la tradición (Mt 4,20-22) 
Jesús elige a tres, que representan a todos. Se los lleva aparte representando la incomprensión de los discípulos. Han reconocido a Jesús como el Mesías, lo interpretan erróneamente según la mentalidad judía, no al estilo de Cristo. No acaban de comprender la radical novedad que supone Jesús. La manifestación de la que van a ser testigos les hará ver una condición nueva de Jesús, “su condición gloriosa” después de su victoria sobre la muerte.
No se determina el lugar. El monte alto simboliza la esfera de lo divino, la presencia de Dios en contacto con la historia humana. Lo que va a suceder es algo trascendental para el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios.

2Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Y allí Jesús se transfiguró. Jesús cambia de aspecto. La descripción es muy escueta. Resaltamos los siguientes elementos:
·       El rostro como el sol, vestidos blancos. La transfiguración/transformación queda descrita en el rostro y en los vestidos. Estas descripciones son expresión de la persona y equivalen a la humanidad de Jesús; y, al mismo tiempo, se trata de una representación del esplendor de la Resurrección: resplandecían, sol,  blancos, luz. Se manifiesta la condición divina de Jesús,  el que va a dar su vida por los hombres. 
La transfiguración producida no es efecto del esfuerzo humano, sino de la intervención divina en respuesta al compromiso de Jesús a favor de la humanidad. Se expresa así el triunfo de la vida, de la Resurrección, sobre la muerte, y, al mismo tiempo, manifiesta el estado definitivo del ser humano. La plenitud de la persona es la vida en Dios.
Si los discípulos lo interpretan bien, ¡de momento no lo harán!, perderán el miedo a la muerte, serán plenamente libres, y si fuera necesario, como el Maestro, entregarán su vida. Ya saben que esa entrega no es un fracaso, sino que desemboca en la plenitud del ser humano: condición divina de la persona.
·       Se les aparecieron… ¿A quién? A los discípulos. Se hace en su beneficio.
·       Moisés y Elías conversando con él. Conversandocon Jesús, no con los discípulos. Es momento de percibir la relación del Antiguo Testamento con el hombre-Dios. Moisés representa la Ley; Elías, a los profetas. Uno y otro habían anunciado el reinado de Dios, estaban orientados hacia la figura del Mesías. Estos personajes se dedicaron a hablar con Dios en el monte Sinaí. Ahora hablan con Jesús. Por tanto, todo lo que en el Antiguo Testamento se oponga o contradiga a la actividad/palabra de Jesús carece de valor, está trasnochado o es pura invención humana. Jesús es la referencia para el pasado, el presente y el futuro.  Queda así claro la superioridad de Jesús. Lo que diga Jesús está por encima de lo que hayan dicho Moisés y los profetas. Los discípulos ya no pueden basarse en la ideología del judaísmo ni pueden encajar a Jesús en las antiguas categorías. Solo vale retener de la Antigua Alianza lo que es anticipo, anuncio o concuerda con el Mesías.
El evangelista no va desde lo Antiguo a Jesús, sino al revés: desde Jesús reinterpreta el Antiguo Testamento.

4Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Pedro se dirige a Jesús y ¡sorprendido! propone construir tres tiendas. Es una manera de enlazar con la fiesta de las Chozas o Tabernáculos que tenía un fuerte acento mesiánico y nacionalista. Era una fiesta centrada en la restauración política, militar, poderosa y económica de Israel. Aparentemente reconoce a Jesús como el Mesías, pero… propone una síntesis entre Jesús y el Antiguo Testamento.

Una para ti, otra para Moisés, otra para Elías. Pedro coloca a los tres en el mismo plano. No quiere que haya ruptura, sino continuidad con el pasado. Al igual que Moisés y Elías actuaron con violencia contra los enemigos de Dios, ahora Pedro quiere asegurarse que Jesús va a realizar su mesianismo al estilo de Antiguo Testamento: con poder, fuerza, dominio y gloria. Pedro sigue en la vieja mentalidad judaica, diabólica. 

5Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo.
La nube, como el monte, es símbolo de la presencia divina. Es paradójico que diga una nube luminosa los cubrió con su sombra. ¿Cómo va a ser una nube luminosa? Es una referencia a la presencia de Dios que, al mismo tiempo, se revela y oculta, solo es apreciable por su palabra.

La voz de la nube repite las palabras que resonaron en el Bautismo(Mt 3,17). Ningún personaje del Antiguo Testamento puede compararse a él.
·       Este es mi Hijo. Define el ser de Jesús. Es el Ungido por el Espíritu. Procede de Dios, no solo por origen, sino que su actuar es como el de Dios. Sus palabras son las de Dios.
·       El amado, en quien me complazco. La voz manifiesta la relación entre Dios y Jesús. El Dios/Padre acepta el compromiso de Jesús que lo llevará a la muerte. Es una manera de reafirmar el mensaje y la actuación de Jesús.
·       Escuchadlo. La única voz que hay que escuchar es la de Jesús. El AT queda relativizado. Los discípulos solo tienen que escuchar a Jesús, no a Moisés ni a Elías, que no hablaban con ellos. Jesús es el único legislador, maestro y profeta.
Lo que salva es la palabra de Jesús. El evangelio habla de cosas que me suceden a mí, seguidor de Jesús y que solo he de escuchar a Jesús. Solo él cura con su palabra. La religión no es manipular a Dios, como el tentador, sino escuchar la Palabra que ilumina la vida.

6Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. 7Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: Levantaos, no temáis. 8Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Ante todo esto, los discípulos caen de bruces, llenos de espanto. Hay un miedo profundo. Tienen miedo a morir por haber recibido un oráculo divino según la creencia judía (Is 6,5). Siguen pensando según la ideología religiosa que han recibido y no reconocen ni a Jesús como el Mesías ni a Dios como el que le ha enviado.

Jesús se acerca, les toca, les habla… Sigue en su estilo humano-divino. No hay reproche por la incomprensión. Al contrario, que se pongan en pie, levantaos, propio de los que viven, de los resucitados, no temáis. El miedo es lo contrario de la fe. Jesús está con ellos como siempre lo ha estado. La gloria manifestada no aleja, no separa a Jesús de los suyos. Los discípulos levantan la mirada y se encuentran con Jesús en su apariencia acostumbrada, sin Moisés ni Elías. Su misión ha desaparecido, se ha acabado. La visión ha terminado.

9Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
Se produce la vuelta de la esfera divina a la historia, siempre en continuo contacto. Jesús toma la iniciativa, los discípulos no han reaccionado. Jesús les recomienda no decir nada. Comunicar la visión a otros podría despertar expectativas mesiánicas falsas, como si la muerte de Jesús se hiciera innecesaria después de lo que habían visto, “visionado”.

Después de la muerte y Resurrección de Jesús, este acontecimiento podrá iluminar a los demás sobre la experiencia de la Resurrección de Jesús, hasta que el Hijo del Hombre resucite. El destino de los discípulos es el mismo que el suyo. La entrega a favor de los hombres implica oposición que puede llegar incluso hasta la muerte. Pero eso no es el final, no será un fracaso. También ellos están destinados al estado de gloria y de plenitud que se ha manifestado en Él.

Añadido
10Los discípulos le preguntaron: ¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? 11El les contestó: Elias vendrá y lo renovará todo. 12Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.
13Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.
En su actuación exterior, Jesús tiene cierta semejanza con los escribas. Pero le falta una condición fundamental: el estudio teológico que se extendía a lo largo de varios años. Jesús no es un profeta más en el eslabón dentro de los profetas. Es un profeta carismático en el sentido pleno de la palabra. Jesús posee la plenitud del Espíritu. Poseer el Espíritu de Dios significa ser profeta.
Los judíos esperaban que antes de la venida del Mesías viniera Elías. Pero Elías ya ha venido. Y aquí, ahora, hay uno más grande que Elías: en quien reside la plenitud del Espíritu. Como Elías, Juan Bautista va a seguir el mismo destino y como lo seguirá Jesús: padecer a manos de ellos.


La presencia del Espíritu es señal de que está amaneciendo el tiempo de salvación. Su retorno significa el final de juicio y el comienzo del tiempo de la misericordia, del perdón. Dios vuelve a su pueblo. Como portador del Espíritu, Jesús no solo está en la serie de profetas, sino que es el último y definitivo mensajero de Dios. Su predicación es acontecimiento definitivo. Dios ha dicho su última palabra. 

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